Christian Burgazzi: Callejón rojo

Sigue el espectáculo rojo. De no tener consecuencias potencialmente trágicas para Venezuela, sería un excelente guión para un peliculón cargado de sátira e ironía como los de Woody Allen, o quizás podría inspirar una genial realización de Pedro Almodóvar, o algún otro film con la actuación estelar de Mario Moreno “Cantinflas” desde el más allá.

Escoja o proponga usted el título que mejor le cuadre: “Banda Bananera ataca de nuevo”, “Todo lo que siempre quiso saber acerca del líder y no se atrevía a preguntar”, “Como aferrarse al poder y fallar en el intento”, “Rojos al borde de un ataque de nervios”

También valen las analogías con famosas películas de intriga como “Atrapados sin salida”, de terror como “El fantasma de la opereta”, de escalofriante suspenso como el de Hitchcock en “El hombre que sabía demasiado”, de misterio futurista como “Cuando el destino los alcance”, de espionaje como “Agente 007 contra el Dr. No”, o de acción como “El año que vivimos peligrosamente”.

Pero lamentablemente esto no es una película que después de unas dos horas con cotufas y refrescos termina y cada quien regresa a su realidad, buena, regular o mala. Todo lo contrario. Esta es una terrible realidad, tan real como una mala pesadilla, que dura ya 14 años y de la que nos cuesta despertar, aunque ya muchos se han arrepentido y han pedido que le devuelvan sus entradas para ver una mejor película, mientras otros se han levantado de sus butacas y se han salido del cine, para ir a vivir y a disfrutar de mejores guiones en salas cinematográficas ajenas, lejanas, a veces tristes por no tener el placer de compartir la experiencia con amigos y familiares.

Las más recientes puestas en escena de estas co-producciones castro+rojitas son realmente piratas, con actores mediocres, fallas de guión y de dirección, edición chapucera, iluminación pésima y sonido nulo. Quizás más bien la analogía deba ser entre una película del cine mudo y una barata de ciencia ficción, donde el actor principal secuestrado no habla ni aparece y los guionistas lo sacan de la isla de la felicidad, a hurtadillas, oculto bajo el manto oscuro de una noche sin luna, para que el final no ocurra allá y dejé aún más en evidencia lo que son, las sanguijuelas, los malos de la película.

Al menos este insoportable y lamentable montaje como todo show malo tiene un final predecible, que no podrán evitar: el encontronazo de frente con la dura realidad. Al final, más temprano que tarde, los malos son abandonados para siempre por el líder silente, el público se termina de desencantar, los actuales protagonistas usurpadores, en su desenfreno, se estrellan en un callejón rojo sin salida; y gana los buenos.