Empresas estatales de acero, hierro y aluminio, al borde del colapso

Sidor (Foto archivo)

La industria venezolana de metales, en el pasado uno de los pilares de la economía, está al borde de colapsar mientras todas las miradas están puestas sobre una jugosa inyección de dinero chino que debe firmar el presidente Hugo Chávez, inmerso en un duro tratamiento contra el cáncer, reseña Reuters.

Años de tímidas inversiones, precios artificialmente bajos para alimentar un programa estatal de vivienda y frecuentes conflictos laborales se conjugaron con un atraso tecnológico que mermó el desempeño de las empresas estatales de acero, hierro y aluminio, sostén de 1,7 millones de venezolanos y motor económico del sur del país.

Los números del 2012 muestran que la minería retrocedió al nivel que tenía 30 años atrás.

Con las cifras en rojo, los trabajadores reclaman un salvavidas del Estado, pero la administración comandada por Chávez ha priorizado el mercado interno para alimentar un gigantesco plan habitacional de enormes réditos electorales.

Hace dos años el Gobierno anunció que giraría parte de un préstamo de 32.000 millones de dólares otorgado por China para sacar a flote a las industrias de metales.

Analistas calculan que para que la inversión tenga efecto, el desembolso debería ser de, al menos, un cuarto de ese monto. Pero la larga convalecencia de Chávez ha paralizado las múltiples transferencias que estaban programadas.

Y el tiempo apremia.

“La industria ha sido obligada a producir sin inversión en equipos ni refacciones. Uno puede manejar un carro sin hacerle mantenimiento hasta que se descompone. Lo mismo sucede con las empresas de metales de Venezuela: hemos llegado al punto de ruptura”, dijo un comerciante de aluminio en Estados Unidos.

Los compradores internacionales del acero, hierro y aluminio venezolanos han empezado a buscar nuevos proveedores que les aseguren la entrega puntual de despachos y el sector lleva, además, el peso de vender al mercado local a precios subsidiados para contribuir al programa habitacional.

El año pasado, esa iniciativa oficial levantó 200.000 viviendas y fue parte central de la campaña presidencial de Chávez, que terminó consagrando una nueva reelección en las presidenciales de octubre.

La vieja perla del Caribe: Sidor

Sidor, la mayor siderúrgica de Venezuela y el Caribe con una capacidad instalada de 5 millones de toneladas de acero líquido, despachaba seis años atrás al tope de su capacidad, pero tras su renacionalización en el 2008, la producción cayó en picada.

El Gobierno culpó del bajón productivo a una severa crisis energética entre 2009 y 2011 que lo obligó a racionar electricidad en las industrias de metales.

Pero con las lluvias de vuelta y con el agua al tope de la Represa de Guri -la tercera más grande del mundo y principal proveedor de energía de Venezuela-, el Gobierno aseguró el año pasado que las empresas retomarían la senda del crecimiento.

La realidad fue otra y días atrás una comisión que reporta directamente a Chávez llegó a Sidor buscando una explicación a la merma de producción, que el 2012 apenas alcanzó 1,7 millones de toneladas de acero líquido, su menor nivel en 26 años.

Los trabajadores señalan a su presidente, Rafael Gil, por la debacle y exigen su destitución. Pero en el último lustro han desfilado cinco jefes en Sidor y la producción siguió cayendo.

Gil, militar y también presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) -holding que agrupa 18 empresas estatales de metales-, espera que este año Sidor produzca 4,45 millones de toneladas de acero líquido, un volumen que según muchos trabajadores es una quimera que no ha sido alcanzada ni en su mejor momento.

La enfermedad holandesa

Muchos economistas han aplicado el concepto de “enfermedad holandesa” a Venezuela, un país sentado sobre las mayores reservas de petróleo del mundo, pero que se ha convertido en un monoproductor altamente dependiente del precio internacional.

El término define cómo el aumento agudo de la riqueza de un sector puede dañar al resto de la economía de un país.

A pesar de tener en el sur de su territorio una de las principales reservas de hierro de Latinoamérica, la industria no ha podido alzar vuelo y sigue siendo un jugador menor.

“En Venezuela hay un montón de mineral de hierro, suficiente para producir lo que sea necesario, pero las plantas no están produciendo bien”, dijo otro operador que comercializa briquetas y que pidió no ser identificado.

La estatal Ferrominera Orinoco es la mayor productora de mineral de hierro en Venezuela y a pesar de tener una capacidad instalada de 25 millones de toneladas anuales, hace casi una década que produce por debajo de esa cifra.

Trabajadores de la estatal explicaron a Reuters que durante los últimos meses se han producido demoras en el ingreso y salida de barcos por huelgas de los trabajadores encargados de dragar el río Orinoco.

Ello ha afectado notablemente los despachos y actualmente aseguran que hay una veintena de buques de gran calado fondeados a la espera de que el nivel del agua pueda permitirles moverse.

“Los costos de estadía y los gastos por daños tras encallar están en millones (de dólares). Está demostrando ser un dolor de cabeza el recoger material desde Venezuela. Muchos han decidido cargar en mayo, cuando la profundidad habitual del río se normaliza”, dijo un operador de hierro en el Reino Unido.

Aluminio: De exportadores e importadores

Con dos reductoras de aluminio y una capacidad instalada de 600.000 toneladas métricas al año, Venezuela fue uno de los 10 principales productores del mundo. Pero desde el 2008 empezó a declinar y ya ni siquiera aparece en las estadísticas globales.

“Solíamos comprar mucho aluminio proveniente de Venezuela, pero ya no. Desde el año pasado no hemos movido una tonelada desde Venezuela, principalmente porque no hay materia prima. No hay operación en la mina (de bauxita)”, dijo a Reuters un comerciante de aluminio de una empresa estadounidense.

Venezuela cuenta con grandes reservas de bauxita -materia prima para elaborar aluminio- pero las operaciones mineras retrocedieron a niveles alarmantes por los conflictos laborales.

Además, la falta de adecuación tecnológica en las reductoras Alcasa y Venalum ha hecho que la producción caiga a más de la mitad y se corten las exportaciones.

Venalum es propiedad en un 20 por ciento de un grupo japonés que negocia desde hace más de tres años con el Gobierno para vender su participación.

Las firmas japonesas que ya no están interesadas en seguir en Venezuela son: Showa Denko, Kobe Steel, Marubeni, Sumitomo Chemical, Mitsubishi Materials y Mitsubishi Aluminum.

El año pasado, el presidente de Alcasa, Ángel Marcano, aseguró a Reuters que una vez desembolsados los 403 millones de dólares provenientes del crédito chino, la empresa retomaría sus envíos al extranjero. Pero agentes internacionales confirmaron a Reuters que Venezuela importa aluminio por la baja producción.

“La cosa están tan mal que constantemente recibimos invitaciones de la CVG pidiéndonos que le vendamos aluminio primario”, agregó el comerciante de una firma estadounidense.

Durante la aguda crisis eléctrica que sufrió Venezuela hace tres años, el ministro de Energía Eléctrica de ese entonces, Ángel Rodríguez, dijo que si se agravaba habría que cerrar las empresas de metales.

Hoy, sin crisis eléctrica, esa posibilidad parece más cercana.

Reuters