¿Qué tienen en común “Bastardos sin Gloria” y “Django desencadenado”?

La advertencia del cineasta de que sus filmes Bastardos y Django (ésta con 5 nominaciones a los premios Oscar) son las dos primeras partes de una “trilogía de la venganza” pone el foco en lo que es un eje argumental común: la fantasía de una revancha imposible sobre el pasado.

Infobae

“Veo en ambas películas un parecido, dijo a Infobae Hernán Schell, crítico de cine y colaborador de la revista El Amante: primero, la deformación histórica explícita y, en segundo lugar, las minorías vengándose de las mayorías (los judíos de los nazis en Bastardos) o los sometidos de sus opresores (los negros de los blancos en Django). Es obvio que Tarantino tiene una lectura de cambio histórico pero lo hace de modo explícito. Toda la mitología del western es una mitología falsa, con cosas que no correspondían a la historia pero a Hollywood le interesa el mito no la historia”.

En concreto, dice Schell, “la diferencia es que lo que el cine hace todo el tiempo, Tarantino lo hace de modo explícito porque lo original de estas dos películas no es tanto la modificación histórica sino el hecho de que esa modificación es explícita”.

“Hollywood se ha pasado toda la vida modificando la historia, agrega. No es menos falso el asesinato de Hitler en Bastardos que por ejemplo las modificaciones que le hace (Steven) Spielberg a la vida de Schindler o más aún a la de su esposa en La lista de Schindler. Lo que sucede es que Tarantino hace de frente lo que otros hacen de forma lateral o simulada para sostener una narración”.

Considera por lo tanto que es absurdo criticar ciertos anacronismos, como que Django use anteojos de sol, ya que no se trata de un descuido o un error, sino “de un anacronismo deliberado”. “En un Western clásico, los cowboys no dicen malas palabras, lo que sí es absurdo”, dice.

¿Está Tarantino haciendo historia contrafactual?

Consultados por Infobae, los peruanos José Ragas y Eduardo Dargent, compiladores y coeditores del libro Contra-Historia del Perú. Ensayos de historia política peruana (2012), respondieron que, “forzando el análisis, se podría decir que Tarantino busca volver atrás en el tiempo y corregir escenarios históricos por medio de la venganza, lo que implicaría, a su modo de ver, el otorgar justicia a quienes no la tuvieron”.

Este trámite, según ellos, “es evidente en Bastardos, donde un batallón judío es el responsable de detener la II Guerra Mundial al asesinar a Hitler y a los altos mandos alemanes”.

No sucede lo mismo, explicaron, con la otra película: “En el caso de Django, Tarantino se inclina por ofrecer aspectos poco tratados en el cine de género: un esclavo que no es oprimido sino que puede tomar la justicia en sus propias manos, que monta a caballo y elige su propia vestimenta, por ejemplo. Y ello ha provocado un acalorado debate sobre cuán exacta es la película a nivel histórico. Tarantino ha defendido su posición señalando que su visión de la esclavitud se basa en estudios documentados, lo cual los especialistas han mirado con escepticismo. Pero no se trata de historia contrafactual porque no genera una trayectoria alternativa a partir de un suceso que hubiese alterado el rumbo de la historia. Por ejemplo, si Lincoln no hubiese sido asesinado, ¿cómo hubiese afectado esto a los Estados Unidos post-Guerra Civil? O, si la Decimotercera Enmienda no hubiese sido aprobada, ¿en qué hubiese afectado el desarrollo de la Guerra Civil? En Django no hay nada de esto, pero sí una narrativa a nivel de microcosmos de un caso excepcional -un esclavo buscando recuperar a su esposa- que no cambió el curso de los acontecimientos”.

“Tanto Inglorious Bastards como la más reciente Django Unchained –dicen Ragas y Dargent- continúan con la preocupación central que Tarantino le otorga a otras películas como Kill Bill (vols. 1 y 2) y Jackie Brown: la venganza como motivación del personaje principal. Lo que ambos films tienen en común más bien es el estar históricamente situados en épocas concretas del pasado: uno en la Francia ocupada por los nazis en los días alrededor del desembarco en Normandía y el otro en los años previos al inicio de la Guerra Civil norteamericana. Tarantino ofrece una forma distinta de aproximarnos a dichos eventos históricos, pero sin que esto pueda considerarse necesariamente como historia alternativa o historia contrafactual”.

Un particular rigor histórico

En lo que hace al atractivo de estos argumentos, que proponen una revancha de los “buenos”, Hernán Schell dice: “No sé si el tema es que ganan los buenos o los malos. Bastardos, más que Django, nos introduce en una lógica de guerra, o sea, no hay nazis estereotipados, son tipos bastante humanos, incluso hay uno que muere por sus compañeros -a batazos-, una escena en la que juegan a adivinar personajes con las cartas pegadas en la frente; son tipos comunes. Del otro lado, incluso el héroe queda estereotipado como villano. El protagonista es de historieta, los demás de su grupo son tipos muy llenos de furia. Unos son judíos y otros nazis y por la lógica de guerra unos deben morir. Pero incluso el que habilita la venganza contra los jerarcas nazis es uno de ellos, el peor además, un sádico. Y con él se asocian para poder exterminar a un enemigo común. En ese sentido es una película maquiavélica que nos introduce en una lógica de guerra, en la cual el fin justifica los medios”.

También la esclavitud en Django está mostrada desde una lógica peculiar, dice Schell, la del dinero. Aunque en su opinión está bastante por debajo de Bastardos, porque “no juega tanto con el concepto histórico y estereotipa más al villano”, le parece bien “que aborde el tema de la esclavitud porque no hay muchas películas que lo hagan”. “Y lo hace –explica- desde la circulación de dinero. El esclavismo entra en esa lógica, todo se arregla o se deja de arreglar con dinero en la película. El personaje de Schultz siente culpa incluso porque su dinero no fue útil para ayudar al esclavo. Cuando se abolió la esclavitud, mucha gente del sur estaba más preocupada por el ahorro que perdía que por lo moral. Django es una película que muestra que el esclavismo fue antes que nada una cuestión de bienes materiales”.

Schell destaca un tratamiento de los personajes que presenta por ejemplo al Lanz en Bastardos como “un tipo que era común en esa época, un nazi que no tenía motivación ideológica sino que era un hedonista, siniestro, pero hedonista al fin, que hacía lo que hacía porque le gustaba vivir bien”. Del mismo modo, “el monólogo de Leonardo Di Caprio, encarnando al esclavista en Django, muestra que, más allá de su maldad, no tuvo otra opción, le inculcaron esa mentalidad, lo criaron así”.

Schell sostiene también que Tarantino pone otros elementos de rigor histórico en sus películas: “Son a veces muy precisas en ciertas cuestiones históricas, por ejemplo, los franceses hablan en francés, los alemanes en alemán, pero cuando viene el cambio histórico lo hace a la vista de todos”.

“No engaña; miente pero no engaña. Otros directores engañan”, concluye.

¿Qué hubiera pasado si…?

¿Tiene sentido la historia contrafáctica o conjetural? “Nadie duda, por ejemplo, que si Hitler no hubiese iniciado la Operación Barbarosa contra la URSS la historia sería hoy bastante distinta, más allá del resultado de la 2º Guerra Mundial, escribió Dargent en el peruano Diario 16. Pero en el mismo artículo advertía que este tipo de historia “es polémica porque es claro que también hay poderosas fuerzas que guían los acontecimientos, no todo es azar o elección; pensar que un evento puede modificar la historia sustancialmente es muchas veces exagerado, por lo que es fácil y tentador abusar del contrafáctico”.

“En el libro que co-editamos, explicaron Ragas y Dargent a Infobae, y en el que participaron destacados cientistas políticos, historiadores y periodistas, buscamos precisamente explicar la preocupación permanente por estos ejercicios contrafactuales, tanto desde el mundo académico como en la vida cotidiana. La razón principal es para corregir cosas que salieron mal en el camino y que podían haber salido mejor de haber cambiado ciertos factores”.

En Contra-historia del Perú, varios historiadores aceptaron el reto y se libraron por ejemplo al ejercicio de imaginar que Túpac Amaru tomó el Cuzco, que triunfó la rebelión de los hermanos Angulo y Mateo Pumacahua, o que hubiera pasado si tenía éxito el proyecto de San Martín de crear una monarquía constitucional.

En concreto, se trata, para estos autores, de un método de análisis válido. “Desde el mundo académico, dicen, hay decenas de estudios que buscan demostrar que los ejercicios contrafactuales son valiosos e inútiles a la vez. Nuestro propósito al editar el libro es afirmar que tienen una legitimidad académica, para repensar escenarios alternativos y desechar la idea de que las cosas ocurrieron o pudieron haber ocurrido de una sola forma. Así, nuestra propuesta se inclinaba por devolverle complejidad y densidad al análisis político del pasado, y alejar el fatalismo de que la historia ya está escrita y no podemos hacer nada por cambiarla”.

Tarantino debe saberlo. Pero eso no le impide fantasear con la idea de la venganza –o de la justicia- y a quienes ven sus películas disfrutar de ese juego que propone.