Pablo Aure: El regreso del fantasma

En la madrugada del lunes pasado hicieron una fiesta con el supuesto regreso de Hugo Rafael. No sabemos qué llegó, o qué mandaron de Cuba. Lo cierto del caso es que insistentemente hablan de agravamiento de las dificultades respiratorias.

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Estoy convencido de que ese paciente dejó de ser paciente allá en Cuba. Los cubanos quedarían muy mal si ocurría lo mismo que con el ex Contralor Clodosvaldo Russian, que lo enviaron en un cajón de madera.

Si fuera cierto -que estoy seguro no lo es- que Chávez está padeciendo todo lo que dice el ministro de Información, como ser humano lamento ese vía crusis, porque está sufriendo. La gran pregunta: ¿estará conectado a un respirador artificial o a una máquina que lo mantiene con vida? Si eso es así, estamos en presencia de lo que se conoce con el nombre de encarnizamiento o ensañamiento terapéutico, entendiendo que quienes lo aplican no tienen en cuenta el sufrimiento del paciente terminal. Pues, recurren “al empleo de todos los medios posibles para retrasar el advenimiento de la muerte, a pesar de que no haya esperanza alguna de curación”.

Esta situación es extraña, no entendemos por qué razón le están dando largas a la noticia. Pareciera que no hay unidad en los cuadros del alto poder entorno a Maduro a pesar del legado de Chávez de haberlo designado como su sucesor. Probablemente están esperando imponer el resto del “paquetazo rojo” en nombre de Hugo Rafael o, macabramente están corriendo la arruga hasta las cercanías de Semana Santa para que la noticia no cause tanto alboroto disimulándola entre el nombramiento del nuevo Sumo Pontífice y con el consabido disfrute vacacional de playa, campo y alcohol. Desgraciadamente ese es el país que hoy tenemos.

Da órdenes sin retratarse
El pasado viernes Nicolás Maduro supuestamente mantuvo por un tiempo aproximado de 5 horas y media una reunión de trabajo con el presidente en el Hospital Militar. Nos dijo que Chávez gobierna por escrito y por otras señas, ya que la cánula traqueal le impide hablar.

Indiscutiblemente estos farsantes que usurpan el poder tienen una manera de expresarse que no se ruborizan ni se turban cuando mienten. ¡Quién puede creer semejante mentira, por Dios! Un hombre que aparentemente se debate entre la vida y la muerte va a estar planificando medidas económicas y que a decir de Maduro alegrarán al pueblo. ¡Si Luis! Recordemos: una semana antes nos habían mostrado un montaje fotográfico en el que aparece Chávez leyendo el Gramma muerto de la risa junto a dos de sus hijas, que reían y también se veían alegres. ¿Pero con Maduro “trabajando” ni una foto? Cómo creerles que Chávez está gobernando o que llegó vivo, si ni siquiera hay un video o una fotografía de Chávez bajándose (o bajándolo) del avión.

Un régimen que encadena la radio y la televisión para hablar hasta de una gorra (la de Capriles, que pretenden expropiar) ha sido incapaz de mostrar una foto o un video de Chávez “hablando” con Maduro o saludando desde el Hospital Militar.

El páramo en escarpines

Lo siento amigos chavistas, pero a muchos de ustedes los están engañando, y mientras ustedes sufren por la salud del presidente, los capitostes del régimen siguen exprimiendo el nombre y la memoria de Hugo Rafael hasta más no poder. De ustedes se burlan. De este lado estamos claros. No se molesten conmigo, ya les he dicho que hasta que no me desmienta una junta médica seguiré pensando que el hombre pasó el páramo en escarpines.

¿A ustedes no les llama la atención que existiendo tantos médicos en el país, ninguno conozca al que está tratando al comandante en jefe? Tampoco se extrañan por qué razón no le han mostrado una foto en el Hospital Militar. Les pregunto: ¿Algunos de ustedes ha hablado con la mamá del presidente, para ver qué dice de todo esto?

La noche del viernes pasado transcurrió llena de bolas y rumores. Supuestamente hubo un altercado entre Nicolás Maduro y el Ministro de la Defensa; dizque se produjo un acuartelamiento de los militares. Lo dudé desde un principio. ¿Militares enojados un viernes? Nada de eso. Para los jerarcas, los fines de semana son de dominó, truco, finca, ternera, bolas criollas y Whisky del bueno. Pues bien, amaneció el sábado y, como si nada. Esta es Venezuela. Al caer el sol comienzan los rumores luego se olvidan los comentarios nocturnos.

Pasarán un susto

No tengo dudas de que hay descontento dentro de la fuerza castrense así como en el ala civil de buena voluntad que creen en esto llamado proceso, pero por ahora nada que ver. Aunque sabemos que el factor primordial de cualquier asonada son los militares; también debemos tener claro que jamás se atreverían a dar un paso al frente sin tener respaldo popular. En la Venezuela de hoy, el respaldo que se puede encontrar es a través de las redes sociales y eso no “tumba” gobierno. Por ahora, pocos serían los que pongan el pecho exigiendo la verdad. Allí el temor que los milicos le tienen a los estudiantes porque “…son aves que no se asustan de animal ni policía. Y no le asustan las balas, ni el ladrar de la jauría…” como dice la canción de Violeta Parra.

Poco a poco se oye el descontento popular. Sospechan que algo raro está ocurriendo, pero todavía no se atreven a exigir con fuerza que le muestren a su comandante presidente.

Cuánta falta hace Lina Ron. Ella ya hubiese liderado a los chavistas radicales hasta escudriñar la verdad. Insisto, quienes ocultan la verdad son los que no quieren despegarse de la teta para seguir llenándose los bolsillos. Me refiero a civiles y militares del cogollo rojo rojito.

Si acaso hay descontento entre militares y civiles en altos cargos es por el reparto del botín. El pueblo seguirá siendo utilizado solo en las arengas, pero jamás para darle participación.

Sin junta médica no debe haber juramentación

La verdad todos la sabemos. El desespero es porque no les conviene reconocerla públicamente.

Al Tribunal Supremo de Justicia se le enredó el papagayo debido a que en la inefable sentencia dictada el 9 de enero de este año que de manera insólita le dio continuidad administrativa al régimen fenecido, en el literal v) de la decisión, expresamente ordena que la juramentación será fijada por el Tribunal Supremo de Justicia una vez que exista constancia del cese de los motivos sobrevenidos que la han impedido. Siendo así, es imposible que juramenten a Chávez, ni siquiera de manera privada, si antes una junta médica no certifica sus condiciones físicas y mentales.

Trinchera constitucional
Por lo que respecta a quien escribe esta columna, seguiré acudiendo al Tribunal Supremo de Justicia, las veces que sean necesarias, aunque no me escuchen o engaveten nuestras peticiones. También seguiremos echando mano del artículo 68 de la Constitución que consagra el derecho a protestar pacíficamente y sin armas. La semana pasada nos amenazaron con abrirnos un juicio por desestabilizadores, por hacer lo que hemos hecho dentro del marco constitucional. Si eso es desestabilizar al régimen, pues, vamos a continuar haciéndolo hasta que se sepa la verdad.

Régimen inhumano
Farsantes aquellos que se ufanan de hablar de amor hacia la humanidad, cuando sus procederes están llenos de crueldades. Amor al pueblo, revolución bonita, amor, amor. ¡Mentirosos! Mientras más hablan de amor más odio transpiran.

La semana pasada en un acto de extrema violencia contra un ser humano se le negó una medida humanitaria al comisario Iván Simonovis quien está gravemente enfermo. Nos da la impresión de que utilizan a Simonovis como para desquitarse del sufrimiento que padeció Chávez.

También he visto con preocupación, que Nicolás Maduro y otros voceros de este régimen de facto pretenderán hacer ver, cuando digan la verdad, que los culpables de la muerte de Chávez son los “escualidos, apartidas, terroristas, parásitos y miserables”. O sea, todos los epítetos que les cuadran perfectamente a quienes han usufructuado el poder y se han aprovechado de esta locura que quisieron calificar de revolución.

Señores, si de culpables hablamos, yo los tengo claritos: fueron ellos mismos, Maduro y compañía, que empujaron a Chávez a una campaña electoral a sabiendas de la gravedad del cáncer que lo aquejaba.