Una casa de pujas saca a subasta un óleo adquirido en su día por Hitler

(foto archivo)

Una casa de pujas alemana sacará a subasta este sábado un óleo, obra del posimpresionista Karl Walther, adquirido en 1939 por Adolf Hitler para adornar la Cancillería del Reich, según informa hoy en su edición digital el “Süddeutsche Zeitung”.

El cuadro, con el número de lote 4629, muestra la Catedral de Naumburgo en un día soleado de otoño y presenta en su reverso una etiqueta de “Gran exposición de arte alemán”, alusiva a las ocho grandes muestras de la Alemania nazi en las que se presentaban tan sólo obras que respondían a los cánones ideológicos del nazismo.

Esta obra, que el diario califica de “mediocre” y que la casa de pujas Wendl saca a subasta por un precio de salida de 650 euros (850 dólares), fue comprada por Hitler en 1939 por la cantidad nada despreciable de 3.500 marcos del Reich, el equivalente a un salario medio anual de la época.

Walther (1905-1981) llegó a exponer y a poner a la venta entre 1937 y 1944 un total de 28 de sus cuadros en las diversas ediciones de la “Gran exposición de arte alemán”.

En 1945, los estadounidenses escondieron la obra junto a otras joyas artísticas en manos de los nazis en la mina de sal de Bad Aussee (Austria).

Posteriormente, la trasladaron al Central Collection Point (CCP) de Múnich (Baviera), lugar en el que se inventariaban los bienes artísticos confiscados por los nazis para restituirlos a sus propietarios originales o a sus herederos, donde fue catalogada con el número 11739.

Las obras adquiridas legalmente por los nazis entre 1933 y 1945, así como los varios miles de casos sin esclarecer de bienes confiscados, pasaron en 1952, cuando el comité alemán de restitución concluyó sus labores, a estar bajo custodia del Ministerio de Asuntos Exteriores.

La “Catedral de Naumburgo” adornó durante años diversos despachos y embajadas hasta que en 2001 el Ministerio de Asuntos Exteriores decidió que ya lucía anticuado y que se trataba de una obra “prescindible”, por lo que decidió venderla a un módico precio, pues “se podía descartar cualquier pretensión de restitución”.

Al respecto, el ministerio se limita a declarar que “el ingreso (por la venta del cuadro) paso a las arcas del Estado”.

En opinión de Stephan Klingen, del Instituto Central de Historia del Arte en Múnich, el Estado debería considerar una obligación confiscar y entregar el legado nazi al Museo Alemán de Historia (DHM), en vez de permitir su venta y contribuir a que se convierta en objeto de devoción de la ultraderecha neonazi. EFE