Brian Fincheltub: ¿Quién gobierna Venezuela?

La pregunta que lanzó Diosdado Cabello esta semana ante seguidores del oficialismo tiene una respuesta sencilla: En Venezuela gobierna el hampa. Algo que saben ellos desde hace mucho tiempo, pero que a pesar de anunciar más de una treintena de planes contra la inseguridad y juramentar un montón de ministros de Interior y Justicia, la situación no ha variado o en todo caso lo ha hecho, pero para peor. La guerra silenciosa que vive el país no parece importarle a nadie, solo a las víctimas, que en silencio sufren el dolor de perder a un ser querido. Nadie pide justicia, porque nadie cree en las instituciones, todo se lo dejan a Dios, esperando que la justicia divina pueda lograr lo que los hombres no han podido.

La vida de todos los venezolanos debería tener igual valor, los esfuerzos que se hacen para salvar una vida, deberían orientarse de igual forma para el resguardo de la integridad de los de 29 millones de venezolanos. Todos merecemos vivir en paz, tranquilidad, sabiendo que al salir de nuestras casas en las mañanas vamos a regresar sanos y salvos en la noche. Que jamás nos volvamos a despedir de nuestras familias pensando que cualquier cosa nos puede pasar y estamos frente al último abrazo. Que la calle deje de ser hostil y no sigamos en esta lucha donde sobrevive el más fuerte.

No es una mera percepción lo que digo, la prueba más clara de que estamos gobernados por el hampa es la cifra de homicidios en el año 2012, más de 21 mil muertes violentas según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). Lo que equivale a una tasa de 73 homicidios por cada 100 mil habitantes ¿Es esta la patria nueva? Que seamos reconocidos en el mundo como uno de los países más violentos y donde el delito se ha incrementado exponencialmente, contra la tendencia a la baja en Latinoamérica.

El panorama es más desconsolador cuando nos vamos a los detalles. Lo que se observa es una descomposición social en su máxima expresión, donde la vida vale menos que un celular, donde entrar a una cárcel equivale a graduarse de Licenciado para delinquir o ser condenado a pena de muerte, donde los policías son otro blanco más del hampa, hoy tan desprotegidos como el ciudadano de a pie. Estamos solos y lo peor es que nadie está dispuesto a escucharnos, porque son otras las prioridades, porque el discurso oficial en lugar de ayudar, empeora la situación actual.

Yo me niego a que la inseguridad se internalice en nuestras mentes como algo natural, que hasta nos aburra el tema por lo común que se ha hecho en nuestro entorno. Me niego a pensar que naturalicemos el problema y no seamos capaces de exigir soluciones. Sin importar cuantas veces nos cierren las puertas, nuestro deber es persistir, no pensemos que las rejas nos salvarán, está en nosotros elevar la voz de protesta frente a un gobierno que no ha sido capaz de construir patria y solo nos ha traído la muerte.

 

Brian Fincheltub

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