Gustavo Tovar Arroyo: Kardashian, Hilton y las Chávez

Pocos venezolanos escriben desde el abatimiento; yo lo hago. Es tan desconsoladora la humillación que estamos sobrellevando en Venezuela, tan irritante y despiadada, que, ante la el bochorno y la incapacidad de respuesta, nos estremecemos de angustia, sufrimos.

Lo humano, lo demasiado humano, es desgarrar nuestro dolor por nuestra nación, y sí: sufrir; y sí: enfurecernos; y sí: mentar madres de la impotencia.

Me sorprende como algunos sobrellevan este desmadre con moderación y hasta equilibrio. ¿Cómo carajo hacen ante esta agonía? ¿Estarán percatándose del mismo absurdo que yo?

Pese a la confusión y al agobio, siempre, no sé cómo, nos reponemos y postulamos nuevo retos, no nos rendimos, seguimos bregando en esta lucha sin cuartel que es la despelotada autocracia chavista.

Un Venezuela cívica, imperfecta, pero digna y decente, sigue luchando. No descansa, lucha, siempre lucha, no ha dejado de hacerlo ni un instante, mantiene viva su fe, no se doblega: resiste. Ha resistido de manera humanista y no violenta durante casi 15 años. Cada vez que observo tanta convicción y optimismo entiendo que es imposible que la podredumbre del chavismo la derrote.

La Venezuela de la dignidad prevalecerá. Su juventud es su principal fortaleza. Juventud que ha cumplido un rol fundamental de centinela rebelde y ha obligado a toda la sociedad a permanecer despierta, alerta, viva. Son la reserva moral y espiritual de una nación que ha sido violada salvajemente por la manada de hienas chavistas.

Uno se pregunta: ¿por qué nos es tan desconsolador y humillante este drama? ¿Por qué nos abate? Obviamente, tenemos amigos asesinados, presos, perseguidos, enfermos, exiliados, nosotros mismos hemos sido víctimas de los disparos, las confiscaciones, los insultos, los golpes, las amenazas de muerte, en fin, toda esa barbarie chavista instalada en nuestro país desde el 4 de febrero de 1992 cuando Chávez inició su criminal delirio asesinando por la espalda a sus “compañeros” (lo escribo cada vez que puedo, no quiero que nadie olvide cómo comenzó esta farsa).

Pero no sólo nos estremecen y afligen las formas dictatoriales que se han usado para conservar el poder y sus abusos, hay algo que probablemente nos altera tanto o más que la autocracia, algo que nos desarma de la impotencia y, hay que reconocerlo, nos arruina moralmente: la vergonzosa, inaudita y mentirosa comedia que llaman “revolución”.

En Venezuela, en el sentido histórico de la palabra, no ha ocurrido ninguna revolución, si acaso, una revuelta: vuelta al pasado, despelote, anarquía. Nadie en su sano juicio podría observar un cambio social relevante en nuestro país, ni para bien ni para mal. Lo que hay es un frenético caos.

Lo que hemos presenciado -y padecido- es un enredo colosal, donde un Mesías tropical ha saqueado al país para complacer su delirio criminal y su rebuzne comunista.

Suele ocurrir que la vulgaridad y el mal gusto florecen cuando se tiene un poder sin límites. Ghadafi, Kim Jong-un, Mugabe, Idi Amin, Chávez y sus familias son dignos ejemplos de ello. De la pobreza casi lastimera, una vez que llegan al poder, saltan a la más perversa y cursi opulencia. Embebidos en el poder y el lujo, son incapaces de percatarse de la ridiculez con que exponen su riqueza.

No se me mal entienda, no soy enemigo del placer ni de la prosperidad hedonista. La disfruto y celebro cuando es producto del esfuerzo personal y del trabajo. ¿Podríamos asumir que la superabundancia nueva rica de Chávez fue producto de su esfuerzo empresarial o del trabajo?

En Venezuela -quién lo duda-, el sátrapa Hugo Chávez Frías es el hombre más ricachón y corrupto que hemos conocido desde nuestra Independencia. Ni Falcón, ni Guzmán Blanco, ni Gómez, mucho menos Carlos Andrés Pérez, se le comparan. Nadie lo supera. Su nuevo riquismo estridente, el despilfarro obsceno de nuestros recursos, el peculado, la malversación y el robo descarado han signado esta farsa que cómicamente quieren llamar “revolución”.

El cinismo ha alcanzado niveles estratosféricos cuando de lujo y riqueza mal habida se trata. Lo inaudito es que no tienen ningún reparo en ocultarlo. El descaro es absoluto y nos muestra un desprecio al pueblo venezolano no sólo vergonzoso, sino traidor.

Dicen que el dinero no se puede ocultar, mucho menos el mal habido. En el caso del chavismo no es que no se puede ocultar, salpica su pestilencia y podredumbre. Los chavistas llegaron muy humildes al poder, escualiditos, desaliñados y sudorosos, hoy son una competencia de regordetes -y regordetas- multimillonarios, travestidos y emperifollados.

El Ché Guevara vomitaría del asco y, con la vehemencia asesina que lo caracterizaba, los habría fusilado a todos por hipócritas.

Esta semana circularon unas escandalosas fotos de las hijas de Chávez por Internet. Es obvio que fue Maduro o Cabello -cualquiera que tenga ascendencia en el Sebin, incuestionablemente los facilitadores de esta infamia-, quien puso en circulación estas estampas con el maquiavélico fin de destruir la imagen de la familia Chávez frente a la opinión pública y desterrarlos del poder. Ante la caída final del “líder máximo” su familia es un estorbo, así ha funcionado siempre.

Pero al margen de esta previsible traición (son una hambrienta manada de hienas, no lo olviden), uno quedó estupefacto con las imágenes. Lo que era un secreto a voces: el cinismo pseudo revolucionario y comunista del chavismo, las hipócritas consignas en contra de los ricos y la burguesía, y el descaro torpe de su escandalosa corrupción, fueron presentados de manera desgarradora e inobjetable.

Hay un afán casi patológico en los círculos más frívolos de la burguesía, una extravagante tara por liberarse de la pesada vulgaridad que corrompe sus almas: mostrar su regordeta o flácida desnudez.

Las hermanas Kardashian y las Hilton son el símbolo universal de esto, aunque no tan regordetas ni flácidas cabe acotar. Admiradas mundialmente por desafiar los límites de la superficialidad consumista y el desenfreno, dueñas del mundo, signatarias de una brutalidad intelectual mas no comercial, las reinas pop de la vagancia y el escándalo encontraron en Venezuela su versión tropical y comunista: las Chávez.

¿Hay alguna diferencia entre los escándalos mediáticos causados por las Kardashian y las Hilton con lo que ahora nos presentó el Sebin sobre las Chávez?

Claro que la hay. Las Kardashian y las Hilton son capitalistas multimillonarias que causan sus escándalos con sus propios recursos (o los de su familia) y las Chávez causan el suyo con el capital (dinero) de todos los venezolanos, producto de la corrupción y el peculado de apropiación o de uso.

¿Cómo carajo no derrumbarnos, afligirnos, abatirnos ante semejante vergüenza? Es imposible. Sin embargo, debemos reponernos y seguir, nuestra Venezuela lo amerita.

Cierro con una postdata aclaratoria. Chávez y sus hienas han amenazado con asesinarme. No tengo balas para defenderme, ni sabría hacerlo (no soy pistolero como él o sus secuaces). Uso la palabra y la crítica como mis únicos trabucos, sin embargo en este caso no es necesario. Si Chávez despertase de su enigmático letargo, no habría sido yo quien desnudase la vulgaridad de su alma ni su farsa revolucionaria: habría sido la opulencia cínica y capitalista de su propia familia.

En todo caso, disparen, la dignidad ni sangra ni muere, la Venezuela de la resistencia espiritual lo ha probado de sobra.

Aquí estamos, seguimos…

 

@tovarr