Rafael Muci-Mendoza: Elogio del aprovechado…

Desde la primera vez que pisé tierra cubana en la década noventa me percaté que era una isla de aprovechados. Se las echaban, pero no tenían nada que enseñar como no fueran las consecuencias de la falta de libertad, el hambre galopante, la mentira continuada para poder sostenerse y el fraude. Lo de la medicina cubana era puro cuento, lo vi y lo sé; grandes edificios con mueblería de acero inoxidable y muy poca sofisticación clínica. Rapaces, se apoderaban de todo cuanto los médicos de una misión humanitaria habíamos llevado, mis diapositivas fueron “fusiladas” sin mi consentimiento. Eran pedigüeños, los niños querían chicles, las jóvenes una cerveza a cambio de favores y los médicos la información -cualquiera que fuera- que el Estado no les proveía. Desvalidos ante su ignorancia, nada podían hacer.

Se necesitó un estado de enamoramiento agudo para que Chávez se prendara de la medicina cubiche. No le sirvió de escarmiento tanto equívoco, tanta charlatanería sin máscara, un dolor referido a una rodilla y un taimado tumor pelviano, es decir, un dolor que no estaba en la rodilla, el drenaje de un “absceso” que no era absceso con biopsias sin tino, tomadas en sitios no aptos, y a cuatro cirugías fallidas conducidas por mamelucos, siguieron sufrimiento, infección e insuficiencia respiratoria aguda, ventilación artificial,traqueostomía… todo arrastrándose en una pesada cadena de actosiatrogénicos -inducidos por los médicos- durante más de 2 meses y el sujeto embarbascado que no cambia de médico…

Los demócratas deberíamos decretar cero tolerancia cubana; váyanse a Varadero, si es que les permiten pasar; váyanse con su prepotencia y su medicina primitiva donde no se privilegia el examen ni la historia clínica, aprendan algo de la medicina venezolana forjada en libertad. 

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