ABC: Un gran ego que se resistió a soltar el poder para curarse

(Foto archivo Reuters)

El gran ego de Hugo Chávez fue probablemente su principal enemigo en la lucha contra el cáncer. Pudiendo haber sido tratado convenientemente cuando a comienzos de 2011 le fue detectada la enfermedad, prefirió jugar con la apariencia de alguien al pleno mando de su revolución; sin una ausencia prolongada que le obligara a nombrar un número dos —como finalmente tuvo que hacer— y volcado en ganar unas elecciones presidenciales cuyo premio no ha podido recoger a causa del mortal sobreesfuerzo,

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Cuando hace un año, en enero de 2012, ABC publicó que los médicos le daban aproximadamente doce meses de vida si continuaba rechazando un adecuado tratamiento, Chávez aún tenía tiempo de reaccionar. En ese primer artículo con información confidencial sobre la salud del presidente se descubrían detalles relevantes.

Uno era que durante muchos meses Chávez había tenido en su agenda la posibilidad de un viaje a Moscú, primero secretamente, luego encubierto como una visita oficial para finales de noviembre de 2011. En el último momento se negó. Prefirió siempre soluciones parciales en Cuba, por la cercanía geográfica, que permitía ausencias más cortas de Caracas, y por el hermetismo que se esperaba del régimen hermano.

Lo normal habría sido una gestión transparente de la enfermedad, tratada si no en Venezuela al menos en Brasil, pero la opción de ser operado en el hospital del Kremlin también ofrecía altas garantías médicas, al tiempo que a Chávez le permitía cierto control de la información. Ese ponerse en manos de cubanos y rusos, en ocasiones espiándose unos a otros, con la vista en el petróleo venezolano que Cuba recibe «regalado» y que Rusia no desea que beneficie a los chinos, obedecía al trasfondo geopolítico en el que tan bien había sabido jugar Chávez.

Primero, pues, descartó una ausencia prolongada de su sillón en el Palacio de Miraflores. Después entró en una negación de la enfermedad, en la recta final para las elecciones del pasado octubre (adelantadas dos meses en previsión de su empeoramiento), en la que no quiso someterse a ningún examen médico serio. El descuido de su salud, el abuso de sustancias para reunir las fuerzas físicas necesarias y ocultar su verdadero estado a los venezolanos, y el imprudente desgaste físico, le acabaron pasando factura.

Primero, próstata

A Chávez se le diagnosticó primero un cáncer de próstata. Había estado año y medio notando síntomas propios de esa afección, como incontinencia urinaria, pero los ignoró y no acudió al servicio sanitario a su disposición en la sede de la Presidencia. Solo a raíz de otras molestias, como dolores en la rodilla, debido a la presión del tumor sobre el nervio ciático, le llevaron finalmente a aceptar una intervención.

Al primer médico al que acudió fue al español José Luis García Sabrido, que ya había atendido a Fidel Castro y fue recomendado por éste. García Sabrido acudió a Caracas en enero de 2011. En su examen de la próstata detectó el cáncer. Una segunda opinión fue reclamada al Hospital Sirio-Libanés de Sao Paolo, donde fue tratado de cáncer el presidente brasileño Lula. El diagnóstico fue el mismo, y al final Chávez decidió ser operado en Cuba.

A lo largo de junio resultó operado en dos ocasiones. La primera cirugía, llevada a cabo por un médico venezolano con asistencia de colegas cubanos, fue imperfecta y solo se le pudo extraer parte del tumor. Una segunda intervención fue necesaria, esta vez realizada por dos cirujanos llegados de Moscú. Personal ruso seguiría hasta el final llevando el tratamiento, a caballo entre La Habana y unas dependencias médicas habilitadas en el palacio presidencial de la isla venezolana de La Orchila, próxima a Caracas. También hubo constante intervención de médicos cubanos y la frecuente consulta de especialistas brasileños.

ABC ha publicado la versión más completa de la enfermedad

Pero la exclusiva volvía a poner el cáncer de Chávez en la agenda informativa, después de que él mismo dijera estar recuperado de las operaciones realizadas en Cuba en junio de 2011, algo que su actividad en los últimos meses de ese año parecía avalar. Durante esos meses, ABC comenzó a tener acceso material a informes manejados por canales de inteligencia elaborados a partir de dictámenes de los médicos.
Determinada con el tiempo la solidez de las fuentes, tras semanas examinando cómo ciertos hechos confirmaban informaciones previas facilitadas por el mismo canal, ABC publicó la más completa versión hasta entonces sobre la evolución de la enfermedad del presidente. A pesar de la operación por cáncer en la próstata, Chávez seguía sufriendo metástasis en colon, huesos y médula.

En octubre de 2011, los médicos pasaron a hablar de un tumor agresivo en la región pélvica, con metástasis en los huesos y la espina dorsal. Se catalogaría como un rabdomiosarcoma, un tipo de tumor canceroso de los músculos que van unidos a los huesos.

A pesar de las rondas de quimioterapia, cuyo calendario se tenía que acomodar a la agenda política del presidente —alguna de ellas fue retrasada porque Chávez quería programarlas en fechas en la que su ausencia pasara desapercibida—, la metástasis ósea siguió progresando y además en enero de 2012 se le detectó un nuevo cultivo cancerígeno en la parte superior del colon. Sería operado por tercera vez en marzo. Después de las tandas de radioterapia en Cuba, Chávez se declaró libre de la enfermedad —así lo había proclamado también tras las dos primeras operaciones— y se concentró en la campaña electoral.

Progresivo empeoramiento

Los informes médicos de todo ese tiempo de campaña mostraban la frustración de los facultativos, obligados a suministrar fuertes dosis de esteroides y calmantes, como el potente opiáceo Fentanilo, que le permitieran llevar cierta agenda pública, mientras se negaba a someterse a nuevos análisis exhaustivos. Siendo consciente de su progresivo empeoramiento, Chávez se esforzó por ocultar su situación en los actos de campaña en los que apareció —menos de los habituales, más cortos y frecuentemente agarrado—, aunque en más de una ocasión su deterioro físico fue patente para las cámaras.

Celebrada la victoria electoral, Chávez intentó recuperar el tiempo perdido con un absoluto reposo, pero entonces ya era tarde. Nuevas exploraciones indicaron que las células cancerígenas habían crecido. ABC publicó otra exclusiva el pasado 29 de noviembre al anunciar que a Chávez se le había reproducido el cáncer en la misma zona donde ya había sido operado previamente. Así fue confirmado días después por el propio Chávez, en su última aparición pública antes de ser intervenido por cuarta vez en Cuba, el 11 de diciembre.

Una infección respiratoria y otras complicaciones postoperatorias acabaron por definir un cuadro ya irreversible. El largo postoperatario consumió la corta revitalización que se esperaba de la intervención y que debía al menos permitirle jurar el cargo. Cuando la infección se superó, el cáncer ya había vuelto a crecer demasiado, esta vez con una rápida tumoración en el pulmón.

«Para el narcisista, morir es impensable»
E.J.B.

La personalidad de Hugo Chávez complicó el proceso de su enfermedad, según apuntan los especialistas. «Para el narcisista consumado, la muerte es impensable. Chávez no cederá fácilmente a la enfermedad», advertía un estudio elaborado hace unos meses por un especialista en psiquiatría que ha trabajado para agencias de seguridad estadounidenses. «Encarar la muerte puede en algunos casos acelebrar el calendario del líder narcisista sentado con su corona sobre la tumba», señalaba, apuntando que a Chávez le costaría «ponerse a un lado, pues no puede concebir Venezuela sin él como líder». Del presidente venezolano sorprendió la apariencia de fortaleza que en muchos momentos llegó a transmitir, lo que contribuía a sembrar dudas dentro y fuera de Venezuela sobre la gravedad de su cáncer. «Una persona con un componente paranoide clarísimo se crece ante las circunstancias», opinaba hace un año Joan Janáriz, oncólogo español, uno de los expertos consultados desde entonces por este diario. «Ya me gustaría ver lo que se pone antes o después de sus aparaciones públicas: es un quemar las naves», advertía.