Damián Prat C.: Que en paz descanse

“Esta no es la hora de las diferencias, sino la hora de la paz”, dice el comunicado de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) leído anoche por Henrique Capriles Radonski. Sabias palabras que hago mías. De hecho, quien revise esta columna en entregas pasadas a lo largo de más de un año, las veces que nos referimos a la situación de enfermedad del presidente Chávez, reiteramos una y otra vez que deseábamos que recuperara su salud porque una cosa son las diferencias políticas y el juicio político que de su acción política y de gobierno tuvimos y tenemos, y otra es lo humano.

La historia hará su juicio, especialmente cuando pase el tiempo. Sus contemporáneos tenemos juicios y opiniones. En todas las gamas del claro oscuro que van desde quienes lo apoyaron con fervor, hasta los que le adversaban. Y muchos matices intermedios. Hoy no es el momento para esos juicios ni opiniones. Es el tiempo de respetar el sentimiento de sus familiares, amigos, compañeros de ruta y simpatizantes. Quizás sea posible también que el momento sea de encuentro, aunque el discurso “preparatorio” hecho por Maduro horas antes de la “cadena” cuando se anunció el fallecimiento, no sea muy auspicioso.

Es la hora de la Constitución. Aplicarla es ayudar a una transición en paz. Procedimientos claros remarcados por el propio Chávez la última vez que se dirigió al país el 8 de diciembre pasado. Se deberán convocar elecciones y entre tanto, el presidente de la AN asume provisionalmente la presidencia de la República.

El gobierno y sus factores políticos tienen una principalísima responsabilidad en generar respeto y paz que no es pretender sumisión ni renuncia a las convicciones de cada quien. La oposición democrática también tiene responsabilidades a ese respecto. Estar a la altura del compromiso será importante. La declaración de anoche es buena señal. La forma de hacer política del oficialismo estos años y sobre todo en las semanas previas no es el que más ayuda por su carga de retaliación, división y negación de la mitad del país que piensa diferente. El pueblo no es una mitad que electoralmente se expresó un poquito más grande que la otra. El pueblo somos todos en la diversidad que es propia del ser humano.

Aspirar a cambios democráticos y de progreso social, como lo desean millones que luchan y han votado por esa alternativa de Unidad, es totalmente legítimo. Tanto como quienes apoyan las propuestas políticas del actual gobierno. Esa diatriba se reanudará más adelante como es lógico y hasta deseable porque solo en las diferencias toleradas hay avance.

Todos debemos respetar el luto de los familiares y amigos de Chávez. Hacerlo sin importar lo que hagan otros. Por convicción propia. Ojalá ese luto no sea objeto de uso político como pareció mostrar el señor Maduro en su alocución de primeras horas de la tarde de ayer. Fue muy feo anunciar represión contra los trabajadores del sector eléctrico. O inventar cosas tan bochornosas como las del “cáncer inoculado”. O fabricar disputas internacionales artificiales para manipular. En todo caso, si Maduro y ese cogollo gobernante no reflexionaran, tocará reaccionar con serenidad, prudencia, firmeza sin caer en situaciones conflictivas. Tarea de todos. Si cada venezolano se acerca al que piensa diferente con la mano tendida, estaremos ganando mucho como nación.

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