Thaelman Urgelles: Una reflexión de primera hora

La muerte del presidente de la República en ejercicio posee un impacto formidable sobre cualquier país. No importa si el deceso era esperado por motivos de una larga enfermedad, como en el caso que hoy vivimos los venezolanos. Si ese presidente ha ejercido una presencia tan preeminente en la vida nacional, como lo ha hecho Hugo Chávez en Venezuela, el impacto ha de ser mucho mayor. Porque, aunque nos pese decirlo a quienes lo hemos adversado desde que hizo su primera aparición pública, la influencia de Chávez en nuestro país ha ocupado un espacio inmenso, para bien y para mal.

Nos corresponde entonces a los venezolanos cumplir una difícil tarea en este dramático momento. En primer lugar, mantener nuestra tradición de paz y entendimiento para resolver las diferencias políticas e ideológicas, por más severas que ellas sean. En este sentido, es un logro que el discurso oficial haya variado, desde la pugnaz y amenazante comparecencia de Nicolás Maduro al mediodía al tono más institucional y convivente que han mostrado el propio Maduro y otros voceros oficiales. Aunque ello deben hacerlo realidad mediante el control de la bandas de motorizados que andan sembrando a esta hora (7:45 de la noche) la violencia en los alrededores del Hospital Militar, quienes agredieron salvajemente a una reportera extranjera. Esos grupos obedecen directamente a dirigentes del gobierno, así que es inaceptable que se diga que son acciones espontáneas e incontroladas.

En segundo lugar, que cada quien ejecute de la manera más exacta y responsable el rol que le corresponde en esta dura prueba que el destino le ha puesto a la Nación. No hay mucho que añadir, en este sentido, a lo que está claramente determinado por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Ya no hay espacios difusos, ya no caben interpretaciones del Tribunal Supremo de Justicia. La letra constitucional lo dicta con absoluta transparencia, a saber:

· Desde las 4:25 pm de hoy, el ciudadano Nicolás Maduro perdió su condición de Vicepresidente Ejecutivo de la República, al quedar vacante la posición de quien le confirió su nombramiento. Este cese es extensivo a todo el gabinete ejecutivo.

· De ningún modo esto significa un vacío de poder nacional. Desde esa misma hora, el ciudadano Diosdado Cabello Rondón debe ser considerado el presidente encargado de la República Bolivariana de Venezuela, en su condición de legítimo presidente de la Asamblea Nacional. Ello no requiere de ratificación alguna por parte de ningún poder establecido. Sólo se requiere un sencillo acto de juramentación, algo que nos sorprende no haber visto suceder a esta hora y que esperamos presenciar antes de mañana. Cualquier acción contraria a esta evidencia sería negarse a corregir el error constitucional iniciado el pasado 10 de enero. Estamos en el momento adecuado para arreglar aquel entuerto y sería una estupidez no hacerlo.
· Las elecciones están convocadas desde la misma hora del fallecimiento del presidente. Nadie tiene que convocarlas y al CNE sólo le queda fijar el día, dentro de los próximos 30 del calendario transcurrente.

· A la oposición le corresponde comportarse a la altura de su compromiso de labrar democráticamente un cambio que es soñado y aspirado por millones de venezolanos, quienes representaron en octubre del año pasado un 45% de los votantes para presidente. La forma y contenido de la breve alocución de Henrique Capriles Radonski, rodeado de los dirigentes partidistas de la MUD, parece confirmar que esa responsabilidad es plenamente entendida por los dirigentes políticos opositores. Y el hecho de que el vocero haya sido Capriles sugiere que el tema de la candidatura está ya resuelto y quesencillamente el anuncio no resulta elegante en esta hora.

· A los venezolanos todos nos corresponde ejercer la reflexión profunda y la convivencia pacífica por sobre cualquier diferencia. Las próximas horas serán de profundo dolor para millones de compatriotas que durante 20 años han acompañado el proyecto político del presidente. Quienes lo hemos adversado debemos respetar ese sentimiento y observar la debida discreción en los días de honras fúnebres que se aproximan. Y prepararnos para la inevitable contienda electoral de los próximos días, en la que ciertamente existe una real posibilidad de alcanzar el anhelado cambio democrático.