Emilio Nouel V.: Frente al usurpador, ¿qué haremos?

Nadie, por muy encumbrado que esté, puede estar por encima de la Constitución y las leyes de la República. En un Estado de derecho, eso no tiene cabida.

Mucho menos alguien que no cuente con la legitimidad democrática que otorga el ser electo de acuerdo con los mecanismos constitucionales establecidos.

En cualquier país del mundo democrático y civilizado, quien llegara a hacerse del poder violentando estos principios, sería calificado de usurpador del poder y repudiado sin contemplaciones, sin perjuicio de su enjuiciamiento posterior. Y ya sabemos que según nuestra Constitución (artículo 138), toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos. 

En Venezuela, estamos presenciando una evidente usurpación del gobierno, avalada por unas instituciones políticas envilecidas y sumisas a un poder que progresiva y calculadamente ha venido vaciando de contenido toda nuestra democracia y el Estado de Derecho.

Es la forma impune como nuestro particular neoautoritarismo militar está operando, bajo la mirada impasible de muchos en el mundo.

La conducta abyecta y repugnante de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela pasará a la historia igual que la de los juristas del horror nazis. Su mediocridad profesional e inmoralidad sin paralelos será siempre recordada en nuestro país, como la época más oscura del poder judicial.

Gracias a los desaguisados perversos de ese tribunal, somos testigos hoy de cómo el poder hace lo que le viene en gana irrespetando toda norma, pisoteando el Estado de Derecho a voluntad.

Así, tenemos que un candidato ganador de unas elecciones que no cumplió con su  juramento de ley por las razones que ya conocemos y, además, no alcanzó a nombrar a su tren de gobierno, por arte de birlibirloque, es sucedido por un “Presidente encargado”, que no fue electo democráticamente, pero que está ejerciendo con todas las atribuciones constitucionales de uno electo.

¿Cómo puede ocurrir esta aberración? ¿Cómo tal absurda y retorcida interpretación de la Constitución, tal desacatamiento flagrante a la Ley, pueden ser defendidos, sin sentir un mínimo de vergüenza?

La interpretación disparatada y acomodaticia de los que están al frente del TSJ, no puede ser calificada sino de obra de aprendices de brujo, que no de juristas serios comprometidos con la verdad y los principios del Derecho.

Estamos viviendo tiempos de degradación sin precedentes en nuestro país. En la larga historia de dictaduras que ha vivido Venezuela, nunca se llegó a ver un cuerpo de magistrados que llegaran a esos extremos de deshonor y piratería.

Venezuela tiene, en estos momentos, un “Presidente” usurpador, de eso no tengo la menor duda. No sé qué piensan hacer en los días venideros, una vez pase el duelo por el fallecimiento del presidente Chávez.

Lo cierto es que Nicolás Maduro está firmando decretos sin estar constitucionalmente facultado para ello. Maduro no goza de legitimidad democrática alguna.

La Constitución Nacional, como en toda la última década, sigue siendo un instrumento devaluado y decorativo, que es utilizado a su antojo por el poder autoritario militar establecido.

¿Qué harán al respecto las fuerzas democráticas?

 

Emilio Nouel V.

@ENouelV