En Tiempo Real: Para Capriles es difícil mas no imposible! por @carlosvalero08

El aparato comunicacional del gobierno, en coordinación con el poder de la figura de los presidentes aliados ideológicamente y sus medios de comunicación, han intentado, con bastante éxito, vender el fallecimiento del presidente como el evento de mayor relevancia en la humanidad después del triunfo de los aliados en la segunda guerra mundial, la conquista del espacio o la caída del muro de Berlín, por mencionar algunos acontecimientos relevantes. Para los medios oficiales la muerte del presidente se equipara con el fallecimiento de Cristo, Mao, Lenin o Bolívar.

La lógica del endiosamiento pretende encauzar la opinión pública y la decisión política del país hacia el objetivo de que la mejor forma de honrar la memoria de un personaje con esas características es darle continuidad a su proyecto político. En el caso de Venezuela, esto se traduciría en que el PSUV y sus dirigentes instauren una especie de “monarquía electoralmente validada” y a los partidos de los presidentes aliados, Correa, Cristina etc., un mito que justifique su permanencia en el poder más allá de las convenciones democráticas y constitucionales de sus países. Para la izquierda autoritaria del continente el proceso de mitificación del presidente es un proyecto político en sí mismo. Ahora bien, una cosa piensa el burro y otra el que lo arrea. Trataré en este artículo de analizar brevemente las consecuencias políticas del fallecimiento del presidente.

La primera consecuencia clara es que el anuncio de la muerte del presidente constituye formalmente el inicio del gobierno del chavismo sin Chávez. Hasta el 5 de marzo, Maduro expresaba que todas las medidas que su gobierno tomaba se debían a órdenes expresas del comandante con lo cual trasfería el costo político de las mismas a su jefe. Maduro y su gobierno llevaban casi un trimestre gobernando sin ser responsables políticamente de sus acciones y ya no podrán seguir evadiendo su responsabilidad.

Por otra parte, la desaparición física del presidente deja al PSUV sin liderazgo real. Todos los herederos tienen la misma estatura política, ninguno resalta por oratoria, visión estratégica o peso histórico. Sin Chávez, el PSUV pierde al manager del equipo, al cuarto bate y al novio de la madrina. Por definición estratégica del mismo presidente no existe en el partido personalidad capaz de hacerle sombra a su liderazgo, todos han sido purgados o expulsados y la consecuencia inmediata es que la lucha interna por el control del partido y del Estado será mucho más fuerte de lo que indican las apariencias. Una vez terminen los funerales comenzará la pelea por ver quiénes son los verdaderos herederos, con el agravante de que el principal escenario de esa batalla se dará en los cuarteles debido a la naturaleza militarista del gobierno. No les extrañe que dentro de poco tiempo el gobierno de Maduro comience a levantar expedientes contra militares que hasta ayer fueron auténticos hijos políticos del presidente o hechos por el estilo. Dentro de un par de meses la frase “todos somos Chávez” será sustituida por “yo sí soy hijo de Chávez”.

En el corto plazo, el país presenciará una contienda entre Capriles, quien tienen un proyecto de centro izquierda modernizador y nacionalista, y Maduro que básicamente dirá que es hijo de Chávez y por ello el país debe premiarlo con la presidencia de la república. Como ha sido característico en la forma revolucionaria de hacer política, las condiciones no son igualitarias para ambos contendientes. El llamado a elecciones de forma súbita, sin tiempo para actualizar el REP, lo que deja por fuera miles de nuevos electores, sólo 10 días de campaña, 2 días para inscribir candidaturas, sumado a las declaraciones del Ministro Molero sin duda inclinan la balanza una vez más a favor del candidato presidente de esta ocasión.

El triunfo de Capriles luce extremadamente difícil. El PSUV lleva al país arreado a la elección porque sabe que el tiempo es su principal enemigo, pero siempre que hay una elección existe la probabilidad de cualquiera de los candidatos resulte ganador. Recientemente tenemos los ejemplos de Miranda, Lara y Amazonas, donde contra todo pronóstico se impusieron candidatos distintos al PSUV. Sin embargo, vale la pena recordar que Capriles estuvo en ardua campaña durante tres meses en donde recorrió casi todo el país y conectó con millones de venezolanos que vieron en él una posibilidad de tener un futuro mejor. En la práctica la elección del 14 de abril es una segunda parte de la elección del 7 de octubre.

Creo que esta campaña debe servir para resaltar el problema ético y moral del PSUV. Hay que explicarle al pueblo que la corrupción es un problema de todos y que el hecho de que Venezuela se encuentre entre los países con mayor corrupción del globo terráqueo significa que hay menos recursos para hacer hospitales, escuelas, crear empleos y construir viviendas dignas. También debe recordársele al electorado que en 90 días del gobierno de Maduro el patrimonio de todos los venezolanos fue mutilado casi a la mitad por la devaluación, tenemos serios problemas de abastecimiento en alimentos, repuestos, medicinas etc., y que además la inseguridad se ha convertido en un verdugo implacable del pueblo que el gobierno no detiene por alguna extraña razón. Mientras Maduro repetirá todas las veces que pueda que él es Chávez, la oposición debe intentar sacar al presidente del discurso político y dejarlo descansar en paz, ya que la historia se encargará de juzgarlo.

El triunfo de @hcapriles es difícil más no imposible. El PSUV quiere provocar a la oposición para que se retire del camino electoral y de esa forma facilitarle la aplicación de medidas autoritarias y fascistas contra ella, pero se van a quedar con los crespos hechos. La reconstrucción ética y económica del país pasa por profundizar el discurso social, democrático y nacionalista. Mientras Maduro y su gobierno están entregados ideológica y políticamente al gobierno de los Castro, Capriles debe hablarle claro al país, desenmascarar la mentira y el entreguismo. Estoy absolutamente convencido que para Maduro será imposible repetir la votación del presidente Chávez el 7O, mientras que Henrique no debería tener mayores problemas en recuperar los 6.8 millones de votos que obtuvo en dicha elección y aumentarla. Nada está definido, lo que sí tengo claro es que trabajaré igual o más que el 7 de octubre para sacar a nuestro país del modelo del odio, el caos y el chantaje social.

Carlos Valero

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