En una pequeña iglesia de Roma, los latinos viven su fe alejados del bullicio del Vaticano

AFP

Como cada semana, un centenar de fieles latinoamericanos se reunieron este domingo en Santa María de la Luz, una pequeña iglesia en el corazón de Roma, lejos del bullicio que vive estos días el Vaticano pero seguros de que sea quien sea el próximo Papa sabrá guiar “con sabiduría” los destinos de la Iglesia católica.

“Que la visión del espíritu santo ilumine a los cardenales en la elección del Papa”. Es el mensaje del padre chileno Luis Olivos, al frente de esta comunidad que reúne a peruanos, colombianos, venezolanos pero también a brasileños y centroamericanos con misas en español y portugués.

“A muchos en Roma ya les gustaría tener una iglesia así de llena”, dice con una sonrisa mientras el centenar de fieles reunidos en este templo fundado en el siglo IV y reconstruido en el siglo XII se preparan para comer juntos en una sala anexa a la nave.

En la iglesia, las columnas de mármol blanco y los bancos de madera antigua conviven sin problemas con un póster del cardenal Oscar Romero, asesinado en 1980 en plena guerra civil en El Salvador, o con una imagen de Nuestra Señora de Luján, muy venerada en países como Argentina o Uruguay.

“Una vez fuimos evangelizados, ahora nos toca a nosotros evangelizar”, dice el chileno, recordando el proceso de secularización en los países occidentales, uno de los temas que sin duda estará sobre la mesa del próximo pontífice.

Un Papa con “sabiduría”

Desde 2003 esta misión latinoamericana en Roma no es sólo un punto de encuentro para la oración sino también un centro de ayuda para los emigrantes. Entre otros servicios, la comunidad, que cuenta con numerosas mujeres, muchas de ellas empleadas domésticas, ayuda a buscar trabajo y organiza cursos para cuidar a enfermos de Alzheimer.

Frente a problemas más acuciantes (“nuestra comunidad está sufriendo la crisis económica tanto como cualquier ciudadano”, lamenta el padre Luis) las hipótesis sobre quién será el próximo Papa no parecen despertar pasiones entre los fieles.

“Un Santo Papa, que sepa guiar a la Iglesia con sabiduría” resume Amparo, una colombiana de 50 años, que advierte sin embargo a los cardenales del principal peligro en su tarea: “Si el demonio tentó a Jesús, ¿cómo no va a tentar a los seres humanos?”.

“Hay que reflexionar” confirma Marta, una salvadoreña, empleada doméstica como Amparo, que está a punto de jubilarse y participa en las actividades de la comunidad, como el reparto de ropa a los presos latinoamericanos.

“Estamos a la expectativa, ojalá el próximo Papa siga el gran trabajo de Benedicto XVI de rescatar el Concilio Vaticano II”, dice el padre Luis. Sin embargo se muestra inflexible a las peticiones de asociaciones de todo el mundo para que algunos cardenales no participen en el cónclave, como el chileno Francisco Javier Errázuriz, acusado de haber encubierto abusos a menores.

“El reclamo social existe pero no tiene voz. El cardenal es cardenal y tiene derecho a voto”, dice tajante.

Casi a la misma hora, a pocos kilómetros de Santa María de la Luz, el cardenal brasileño Odilo Scherer, uno de los nombres que más suenan para suceder a Benedicto XVI, celebraba una misa muy distinta, seguida por un número igual de fieles y periodistas en la iglesia de San Andrés del Quirinal, bajo los fastuosos ángeles de Bernini. Un hombre que, según admite a media voz el padre Luis, es un hombre “muy capaz”.

Sea quien sea el Papa que salga del cónclave que empieza el martes, probablemente no afectará mucho la vida de esta comunidad pequeña pero solidaria, a la espera de que el Espíritu Santo “ilumine” a los cardenales encerrados en la Capilla Sixtina.

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