ABC: Miles de chavistas acosan a Capriles a la hora de inscribir su candidatura

Rodearon la Comisión Electoral y no dejaron pasar el automóvil de Henrique Capriles El líder opositor se marchó en otro coche y miembros de su equipo lo inscribieron, publicó ABC de España.

(foto AP)

El oficialismo sacó ayer todas sus armas a la calle. A las dos de la tarde hora local terminaba el plazo para las inscripciones de los candidatos a las próximas elecciones en Venezuela, que se celebrarán el 14 de abril. Pero la marea chavista bloqueó e hizo lo imposible para que el candidato opositor, Henrique Capriles, llegara tarde. Una hora y media después de vencido el plazo, Capriles tomó otro coche y dio media vuelta mientras algunos miembros de su equipo electoral llegaron a su destino y lo inscribieron. El Consejo Nacional Electoral, dadas las circunstancias y la dificultad del candidato para llegar a tiempo, prorrogó el plazo.

Alba Romero, una mujer discapacitada de 50 años, lo esperó toda la mañana a las puertas del Consejo Nacional Electoral. Rodeada de militares corpulentos, la mujer, agazapada y entre sollozos, decía que el actual gobernador del estado de Miranda «era su única esperanza». «Votaré por él toda la vida», añadió discretamente. A Romero le quemaron la casa en el pueblo Las brisas de Charallave, en Miranda, y su esposo pasó seis meses en el hospital tras un asalto de una banda de delincuentes. Capriles, según cuenta, le dio medicinas y le ha ayudado a rehacer su vida. Aseguró que «lo que viene ahora con Maduro es muy feo, Capriles tiene que ganar».

Nadie reparó en su presencia. Todos los que se congregaron durante la mañana de ayer en los alrededores del poder electoral eran chavistas. Desde primera hora, como en los actos de los días anteriores, la marea roja inundó Caracas hacia el punto de encuentro. Se animaron durante horas con bandas de música en directo que cantaban canciones revolucionarias. Ellos querían ver a Maduro, que llegó con pompa alrededor de las doce. Su inscripción fue un más bien un espectáulo. Uno más. Cuando se asomó al balcón de la plaza Diego Ibarra, la multitud vibró.

«Aquí vengo a entregar el mismo programa que me dejó él», dijo, en alusión al legado que le dejó su sucesor. «No soy Chávez, pero soy su hijo», gritó. Las frases hacia el comandante en jefe ya fallecido fueron innumerables. También durante el discurso posterior, que se alargó más de una hora. Se construyó una tarima para la ocasión. «Yo logré descifrar el alma de Chávez», fue otra de sus perlas mientras juraba lealtad varias veces.

En la tarima también presentó a toda su familia, a su mujer Cilia Flores, de quien dijo que no sería la primera dama, sino «la primera socialista de los barrios». Flores, como muchos familiares de los mandamases de la revolución, ocupa un cargo público, que dejará para tener otro en la campaña de su marido, como secretaria ejecutiva.