Miguel Sogbi: Boxing

Eran las cinco de la tarde del domingo. Una reunión social. El tema de conversación era el hecho sobrevenido. En la privacidad de una casa, nos olvidábamos de la ley seca. “Que Capriles se lance es un suicidio”, decía uno de los asistentes. Guardé silencio. Les dije que es una decisión que va más allá de lo personal. Además siempre puede ganar. “¿En serio?” respondió una mujer que estaba en la mesa. Si, les respondí. “Osea que tu aún tienes esperanza”. Si, pero no por crédulo, sino porque en política todo puede pasar.

Esa era la matriz de opinión. Mucha gente creía que Capriles no tenía vida. Era el comentario general.

Eso nunca lo entendí. Primero porque el suicidio aunque es una situación no deseada, es una decisión personalísima. Pero aún habiéndose quitado la vida, políticamente hablando, la historia ha demostrado que después de los gatos, los políticos son la especie que tiene más vidas. Siempre pueden volver a nacer.

Capriles va a hablar a las 7:30 escribía Tomás Guanipa en su cuenta de tuiter. Llegada la hora, me llevé el vaso corto a la sala donde está el televisor. Las otras personas quedaron en la mesa. Siempre tomo en vaso corto.

Comenzó a hablar Capriles. Ya no se llama Maduro. Ahora se llama Nicolás. Lo pegó contra las cuerdas en el primer round. Apareció un Henrique desconocido hasta ahora por sus electores. “Tu no eres Chávez Nicolás”. Confrontador. Agresivo. Hay estrategias que lo requieren.

El gran asesor estadounidense Dick Morris, lo dice claramente en su libro El Nuevo Principe. “La decisión más básica que un político moderno debe tomar, es ser agresivo o conciliador”. En la campaña del 7 de octubre fue conciliador. Agredir a Chávez, era sinónimo de agredir a sus seguidores. Tenía que aglutinar gradualmente. Lo logró. 6.5 millones de votos, equivalentes al mejor resultado de la oposición en estos 14 años.

Ser agresivo con Nicolás, es otra cosa.

Faltan segundos para que termine el primer round. Nicolás tenía la alternativa de aguantar y taparse la cara con los guantes. Total, ya iba a sonar la campana. Pero no. Desde su esquina el entrenador le gritó: “pega Nicolás. Pega. No te dejes…”.

Salió entonces a hacer lo que Hugo nunca hubiese hecho. Salió a demostrar que no es Chávez. Que Nicolás, es simplemente Nicolás.

Agresivo. Pero sin gracia. Insultante pero sin tino. No nos engañemos. Chávez sabía insultar. Su insulto aglutinaba. Mr Danger; Majunche; Pitiyanqui; la nada. Era un insulto diferente, cautivaba no solo por la palabra sino por el personaje, el tono, el momento.

Se enredaba con el apuntador electrónico. Leía. Pecado capital en la política venezolana. Se le siente un pequeño acento cubano. Franela roja de guarda camisa. Camisa azul arriba. Los insultos de siempre. Burguesitos, la derecha, los agentes del imperio, ahora le agregaba lo de los apelliditos. Guión ampliamente conocido. Foto de Chávez atrás sustituyendo a Bolívar. Un ángel de la guarda.

Lo que nadie esperaba, ni en la oposición ni en el oficialismo. Capriles había ganado el primer round. La tesis del suicidio se derrumbaba. En Tuiter #MaduroNOesChávez se convertía en trending topic. 

Rápidamente la maquina propagandística posiciona algo que nunca ocurrió. Que Capriles insultó a la familia. Lo dijeron mil veces. Máxima Goebbeliana. Dicho mil veces, que carajo importa si ocurrió o no. Capriles asomó una suerte de disculpa para dejar el tema atrás. Nicolás salió mejor en el segundo round.

Así va a ser esta campaña. 30 rounds. Día a día. Desgaste total. Toma y dame, desde los dos comandos. Yo digo. Tu respondes. Nicolás a ti no te eligió nadie. Tu, burguesito, con tu apellidito crees que vas gobernar este país.

Desmovilizar el voto oficialista. Estimular al opositor.Esa es la clave. Es una realidad. Capriles puede ganar, pero se enfrentará a toda la fuerza del estado.

Suena la campana. Los dejo. Se viene el tercer round.

@miguelsogbi