Juan Carlos Sosa Azpúrua: Farsa recurrente

El siete de octubre no se deslegitimó la farsa y graves irregularidades hubo ese solo día que obligaban a desconocer el proceso, con un llamado a la paz, mientras se nutría la conciencia mundial para lograr los cambios. El CNE hubiera proclamado la victoria írrita del difunto, pero su “triunfo” hubiera quedado en entredicho ante gran parte del planeta, legitimándose una poderosa resistencia nacional con las fuerzas que nos oponemos radicalmente a esta trágica bufonada, autodenominada gobierno.   La excusa de “evitar sangre” es eso, una excusa. Un liderazgo genuino ha de tener la fuerza moral para reflejar el sentimiento de la nación, enmarcado en la dignidad y el honor.  Progresivamente, con coherencia, se organizarían concentraciones pacíficas, marchas simbólicas, actos de calle exigiendo la libertad civilizadamente, con el monitoreo constante de la prensa internacional.  Pero la MUD optó por hacer una política de colaboración con el régimen – los hechos son elocuentes – , convirtiéndose en su mejor arma para ocultar sus canalladas y silenciar el bochorno que produce la reiterada violación a los fundamentos constitucionales de la República.  Muchos seguidores de la MUD alegan que el “chavismo es mayoría” y así diseñan sus estrategias como si viviéramos una democracia genuina.  El secuestro de los poderes del Estado e inmoralidad de un régimen sustentado sobre la violación permanente de la Constitución y la esencia de la vida, parecieran elementos irrelevantes en sus análisis.  Si los valores humanos están comprometidos, hay sistemas que deben erradicarse, inclusive si gozan de simpatías.  Ignorar esta premisa es pulverizar el destino de los pueblos.  ¿Por qué no se exige la restitución del orden constitucional? Usen su voz y recursos para eso, no sigan en lo mismo.

@jcosazpurua / www.jcsosa.com