Papa Francisco ofrece esperanzas a monjas en EEUU


La elección de un papa jesuita dedicado a los pobres, que antepone un mensaje de compasión al de condena, ha traído un rayo de esperanza a las monjas estadounidenses que han sido objeto de restricciones por parte del Vaticano, según entrevistas con diferentes grupos. Las religiosas fueron acusadas de centrarse demasiado en la justicia social a expensas de otras cuestiones de interés de la Iglesia católica como la oposición al aborto. AP

Las medidas del Vaticano en el 2012 contra la Conferencia de Mujeres Religiosas, el grupo general más abarcador para las monjas estadounidenses, provocó una ola de apoyo popular para las hermanas, incluso vigilias en parroquias, protestas frente a la embajada del Vaticano en Washington y una resolución del Congreso que encomia a las religiosas por su servicio a la nación.

La Congregación para la Doctrina de la Fe ordenó una evaluación doctrinal de la Conferencia en el 2009, mientras otra dependencia del Vaticano lanzaba una investigación sobre las 340 órdenes religiosas de mujeres en Estados Unidos, en un intento por tratar de detener la declinación en su número. Los resultados de esa revisión no han sido difundidos.

Pero la investigación doctrinaria llevó al Vaticano a imponer una reforma en gran escala de la conferencia después de concluir que las hermanas habían asumido posiciones que socavaban las enseñanzas católicas sobre el sacerdocio y la homosexualidad, promoviendo a la vez “temas feministas radicales incompatibles con la fe católica”. Los investigadores elogiaron la obra humanitaria de las monjas, pero las acusaron de ignorar asuntos críticos, incluso la lucha contra el aborto.

En una entrevista con The Associated Press esta semana, el cardenal Timothy Dolan, titular de la conferencia de obispos católicos estadounidenses, dijo que esperaba que el papa Francisco aportara “frescura” y comprensión al debate sobre la Conferencia, dada la experiencia de Francisco como jesuita familiarizado con los problemas en las órdenes religiosas. Francisco también fue provincial de los jesuitas en su Argentina natal durante los primeros años de la dictadura militar de 1976-1983, que secuestró y mató a millares de personas —incluso algunos sacerdotes— en una “guerra sucia” para eliminar a los oponentes izquierdistas.