El misterio de los seis amigos de Facebook

Un algoritmo maligno debe determinar esas seis caras que aparecen una y otra vez en el cuadro de los TOP FRIENDS de Facebook.

El País

Ah no, que los algoritmos “nunca son malignos”, me corrige la mente cartesiana que todos los viernes escribe en este consultorio: “los algoritmos son matemática, álgebra pura”.

“Si salen en el cuadro de los TOP FRIENDS es porque alguna relación te traes con ellos, o te traías, y Facebook solo te recuerda que igual deberías reconectar con ese con quien solías compartir hace un año fotos y “Me gustas”. Los algoritmos no saben de moral y ética y el negocio de Facebook es que pases la mayor parte del tiempo posible en sus brazos (en los de Facebook). Así que te saca caras conocidas para que te sientas como en casa”.

Muchas veces el algoritmo se equivoca. A mi me suele aparecerme un amigo que murió hace un par de años. “No se equivoca” -vuelve a corregirme la mente cartesiana-, “simplemente sus criterios son matemáticos. Si hace seis meses no os perdiais ni pie ni pisada y ahora no habláis, su manera exacta de ver el mundo solo le alcanza para entender que igual deberías reanudar el contacto”.

A pesar de que Facebook es para “mayores” (según los adolescentes), que sus acciones en bolsa han caído estrepitosamente, y de que se dice que le quedan dos telediarios, cientos de leyendas urbanas se tejen cada día en Internet sobre el significado de esas caras conocidas que aparecen una y otra vez en la parte superior del perfil de cada quien. Algunos creen que Mark Zuckerberg tiene poder para alinear los planetas y que un careto que se te ponga delante es una señal del destino. Me temo que no. Aunque ni el propio Facebook pueda o quiera explicar cómo funciona exactamente su algoritmo.

Una persona de mi entera confianza que ha llamado dos veces a la sede de Palo Alto ha conseguido hablar con el portavoz de Facebook, y esto es lo que ha podido sacar en claro. Veamos:

Facebook selecciona las caras que aparecerán cuando abras tu perfil de entre tus mejores amigos.

Facebook asegura que determina quiénes son tus mejores amigos por las interacciones públicas, y solo públicas, que ha habido entre los usuarios, en el presente o en el pasado.

¿Qué aparece en el cuadro alguien con quien no has hablado en los últimos seis meses? El portavoz afirma que el algoritmo usa “una variedad de datos -todos públicos- y que es un algoritmo muy complejo que puede tener en cuenta otro tipo de información”.

¿Qué tipo de información? Pues, por ejemplo, el número de fotos donde dos personas han aparecido etiquetadas juntas, las interacciones públicas que ya hemos mencionado (la frecuencia con que escribimos en un muro, cuántos enlaces compartes con alguien, cuántos “Me gusta”, cuántos comentarios), el número de amigos en común, y cuánto tiempo lleváis siendo amigos en la Red Social (esto podría explicar algunos expedientes X).

La portavoz cuenta que Facebook funciona como un conector, si tienes 60 amigos en común con alguien y no os habéis hablado en mucho tiempo, intenta recordarte que esa persona existe.

Y lo que es más importante:

¿Qué asegura Facebook que nunca contará sobre tu vida?

Nuestra fuente cuenta que la portavoz de Mark Zuckerberg puede prometer y promete que los algoritmos solo toman en cuenta la información que ya es pública.

Esto quiere decir, que el algoritmo no considera la frecuencia con que chateas con alguien, o cuántos mensajes en privado intercambias. Tampoco -y aquí he de decir que tengo mis dudas-, cuántas veces miras el perfil de un contacto.

Según la versión de Facebook, esas personas no deberían salir en tu TOP, a no ser que también hayas hecho vida pública con ellos.

En resumen, que espiar un muro ajeno sigue siendo una actividad anónima y segura.

No hay que sentirse culpable si siempre aparece ESA cara al abrir el perfil. Èl o ella no lo van a notar, son los algoritmos malignos.

Y ahora os dejo con la mente cartesiana, el ingeniero Juan Pablo Puerta, que asegura que no existen algoritmos malignos, y explicará todo esto de un modo verdaderamente serio.

El Misterio del Algoritmo Maligno

Facebook, Twitter y compañía no solo acumulan datos de nuestras borracheras y opiniones políticas. Sus redes también se nutren de nuestros descuidos y patrones de navegación. Por ejemplo, en este enlace se puede comprobar cuánta gente está poniéndose hasta arriba de cualquier cosa de modo público y notorio, y en este otro quién es la persona que lee ahora este post.

El uso diario de sus servicios -aún de manera inconsciente- genera un rastro de información de nuestras ideas y hábitos, que varios algoritmos recorren como si fueran las feromonas de una colonia de hormigas. A saber, a qué hora nos levantamos (o a qué hora miramos Facebook por la mañana, que en muchos casos es lo mismo); cuándo y cuánto dormimos; qué fotos curioseamos; con quién coincidimos en Política; quién recibe nuestros “Me gusta” en mayor proporción; y quiénes son esos amigos que comentan de manera inmediata todo lo que hacemos.

Acumular y analizar información de los usuarios es una ciencia casi tan antigua como la propia Internet, pero Facebook y otras redes se benefician de la centralización y estandarización de la información. Nuestros “likes”, fotos, comentarios, canciones de Spotify y actividades varias tienen un formato que se puede reconocer y comparar con el del resto de usuarios, y permite hacernos una idea bastante clara de quiénes somos. Una idea que a veces nos sorprende.

El proyecto Gaydar (para identificar usuarios gays en las redes sociales) desarrollado por el MIT demostró cómo era posible reconocer con bastante precisión a usuarios homosexuales en las redes sociales sin necesidad de que hubieran salido del armario de modo público o virtual.

Estas trazas de información se usan en varios de los productos estrella de Facebook. Por ejemplo, el reclamo “Gente que podrías conocer”, donde nos sugieren amigos supuestamente sacados de la nada y donde Facebook acierta algunos resultados y falla estrepitosamente en otros.

El sistema por el que se encuentran amigos es una variación de lo que se conoce como “filtrado colaborativo”, que busca mínimos comunes en una montaña de análisis de patrones entre los usuarios. Es fácil acumular comportamientos, analizarlos y ordenarlos y ver con quién compartes ciudad de nacimiento, de residencia y amigos en común. Con quién compartes ‘check-ins’ en bares, teatros y restaurantes a la misma hora. Quién escucha la misma música que tú y juega a los mismos juegos.

No es raro (hagan la prueba) que un amigo nos presente a alguien, colguemos una foto juntos y a los pocos días, cuando los datos se hayan digerido, Facebook nos pregunte cómo quien no quiere la cosa, si queremos agregar a esa persona como amigo. Ya ni siquiera es necesario que las fotos sean etiquetadas, pues la compañía californiana ha comprado algoritmos de reconocimiento facial.

Estos datos no solo se usan para sugerir amigos, sino para priorizar los estados que vemos. Hay mucha gente a la que no hacemos ni caso que terminan por no aparecer nunca en nuestro muro, y otros que se quedan durante horas porque el algoritmo entiende que son personas cercanas.

Esto se llama “el filtro burbuja” y es lo que hace que muchas veces nos quedemos sin palabras cuando alguien -que poco sospecha el poco interés que nos suscita- nos pregunta si no hemos visto en Facebook lo que le ha pasado. Pues no, ni siquiera nos ha aparecido en el muro.

Son esos algoritmos los que seleccionan a las personas que nos miran desde arriba en la página de Facebook, a los amigos que aparecen en el chat y, también, la publicidad que aparece en nuestro muro. El misterio se llama Filtro Burbuja.