Emilio Nouel: El candidato del bostezo

Como perro sin amo anda el candidato del gobierno. Se cobijaba bajo la sombra de su líder, mientras éste vivió. No brillaba, ni aún brilla, con luz propia, pero ido aquel, su ídolo, ha quedado desamparado, desprovisto de todo lo que le podía salpicar de su mentor en materia de liderazgo.

Su orfandad política es dramática, sin mencionar la intelectual. Sus enormes esfuerzos para transmutarse en el finado han sido en vano; no da pie con bola, a lo sumo llega a una caricatura. Los dirigentes chavistas de la primera hora lo desprecian en voz baja y a los arreados, apenas lo ven y oyen, les da un ataque incontrolable de bostezo.

Visto lo visto y el desastre administrativo y económico que está perpetrando el presidente cooptado, hasta los antichavistas de más uña en el rabo comienzan a añorar al original, y esto es ya decir mucho.

Los cubanos ya no hayan qué hacer con esta candidatura desabrida y anodina. Lo disfrazan de militar cuban style y le inventan una épica revolucionaria de cuadro entrenado por “los gloriosos revolucionarios cubanos”; pero nada, el hombre no responde, ni levanta el ánimo a los chavistas.

Las pocas veces que uno aguanta más de tres minutos oír hablar a Nicolás, nos topamos con una performance como orador, en contenido y forma, de una precariedad  que  nos sobrecoge.

Es un personaje de retórica descafeinada y ayuna de ideas que pudieran mover a la gente al entusiasmo.

Sus discursos son una ristra de eslóganes panfletarios, repetida sin cesar, sacados del baúl de una izquierda vetusta y desconectada de la realidad. Las soluciones concretas a los problemas que su corta administración ha agudizado, están ausentes. Al oírlo, queda claro al observador que las desconoce, que no tiene la más mínima idea seria para enfrentarlos. El pueblo ya está comparándolo con uno de esos discos “quemaitos” que venden en las calles, y que se quedan pegado en todas las canciones.

No tiene nada qué decir de su propia cosecha. Todo su discurso se le va en que si el “comandante supremo” me dijo esto, que si me ordenó aquello; que “como decía mi adorado comandante”,  que si esto era lo que él quería, que si sigo por su mismo camino, etc, etc, etc. Y así lo vemos, presentándose como una suerte de remedo del líder ido para siempre, que a medida que pasan los días se vuelve una parodia patética y mal ejecutada.

De modo que si nos atenemos a lo que muestra el candidato del bostezo, de llegar a ser electo, lo que nos esperaría sería la bancarrota del país.

La oposición democrática tiene en el evento electoral que se avecina una gran oportunidad de crecer numéricamente y de consolidar su fuerza de cara a la grave situación que se dibuja en el horizonte.

El candidato del gobierno no cuenta con las herramientas políticas y técnicas, ni con los equipos de gobierno, para superar esos retos.

La oposición y su candidato Henrique Capriles lo superan con creces, de allí que tal competencia signifique la ocasión de reiterar nuestras soluciones y de ampliar nuestra audiencia y apoyo electoral.

En esta larga y compleja lucha, tenemos todas las de ganar. El triunfo definitivo lo garantiza nuestra voluntad decidida de lograrlo y nuestra convicción de que en efecto llegaremos a la meta más temprano que tarde.

El candidato del bostezo es garantía de violencia, escasez, mayor inflación y destrucción de nuestra economía y del empleo. Es la continuidad de la mediocridad y la corrupción en funciones de gobierno. Es el camino seguro al caos y la pobreza. Es el candidato de la entrega del país a los tiranos de Cuba.

A votar y a defender nuestros votos llaman. Es la vía que seguimos los partidarios de la democracia, la libertad y la paz.

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV