Alberto Franceschi: Patria, Patria, Patria Querida

Miércoles de ceniza, 27 de marzo de 2013

¿Se puede con seriedad y precisión caracterizar la naturaleza social y política del gobierno, del régimen y del Estado venezolano, bajo el chavismo heredado? ¿Cuál es su fortaleza, cual su espantosa debilidad?

Quisiera transmitir la convicción sobre que no existe una discusión que tenga mayor importancia para quienes se ocupan de querer superar este eterno ocaso de nuestra nación, que puede llevarnos aún muchos años de declive y demasiados en su recuperación, a no ser que pudiéramos ver esta película por adelantado, haciéndonos conscientes de todos sus costos inenarrables. Si así fuese sobrarían los voluntarios para torcer positivamente desde ya, este camino de maldiciones, comenzando por desconocer a quienes asumieron nuestra representación de la llamada oposición.

Un ejercicio didáctico supone que predeterminemos lo que se piensa para fundamentarlo con categorías de análisis compartidos y poder actuar también en común, por ejemplo sobre a quienes o a qué exactamente estamos haciendo frente.

Veríamos si en verdad se concuerda entonces sobre el cómo enfrentarlo, porque ya sobran las coincidencias sobre por qué los querríamos fuera de nuestras vidas y además es bien sabido que tampoco puede llevarnos muy lejos el re-insistir en los distintos balances de lo hecho hasta ahora para desalojarles, que como es sabido ha resultado no solo infructuoso cuando no contraproducente a partir de los errores que terminaron más bien atornillándolos al poder.

Se sabe que en política nada beneficia vivir de balances y amargas críticas sobre conductas pasadas, porque son fuente de divisiones, de no ser porque se insiste en recrear de forma permanente los mismos errores y se repiten las mismas sandeces desde nuestro campo ideológico si es que existe alguno.

Concentrémonos en la evidencia que por lo menos en apariencia el régimen, aun después de partir al más allá su creador, experimenta una especie de fortalecimiento post mortem.

Hemos leído con demasiada frecuencia y provenientes incluso de personas con alguna cultura política, confundir términos como dictadura, totalitarismo, comunismo, estatismo etc, para definir la ideología e instituciones diseñadas por el chavismo en el poder, mezcladas por sus ideólogos con miríadas de improperios, con contrasentidos evidentes para designar su propio gobierno, su socialismo y cual estado y régimen construyen: vale decir su propia confusión y melcocha institucional.

Ya perdí la cuenta de las veces que quise explicar la diferencia de fondo y forma entre el régimen chavista que padecemos y el comunismo cubano o soviético y mientras nuestro empresariado y grupos políticos sigan repitiendo la necedad que son iguales, nunca se encontrarán las claves para derrotarle, porque la esencia de este régimen no es su carácter expropiatorio masivo y completo de carácter comunista, ni que su naturaleza sea totalitaria policial y de estricto control de la vida personal de todos, ni siquiera tampoco es evidente que sus ejecutorias permitan concluir que es de esencia dictatorial, perseguidor y represivo a ultranza, al viejo estilo latinoamericano, que aquí conocimos hasta Pérez Jiménez.

Chávez y ahora sus sucesores han sido todo lo comunistas, totalitarios y dictadores que le hemos tolerado y esa aparente contradicción de la realidad, como gran lección histórica tiene un componente que nunca ha querido verse: ni Chávez ni sus sucesores querían ir más allá de lo que estimaron que les permitimos llegar, porque la naturaleza de su liderazgo solo es superficialmente totalitario comunista y dictatorial y aunque esto no los hace demócratas, tampoco es cierto que su régimen sea asimilable a la tiranía policial totalitaria y absolutamente estatista cubana.

El chavismo resultó ser un hibrido a medio camino de todo y de nada, porque esa cosa que montó Chávez es una autocracia caudillista, apuntalada con ladrones y cultores de su despotismo y el su casta lumpen militarista.

Teodoro, tratando de explicar esto pronunció en Chile la torpe frase: “Chávez es un demócrata” y esto tampoco es cierto, por cuanto sus ejecutorias fueron las de un mandón, que abusaba reiteradamente de sus poderes que hizo desmedidos, aunque también conocía de límites y estos eran como los de ladrón de tierras del llano, que iba extendiendo sus cercas a expensas del vecino, hasta que este le respondía con tiros.

Cada vez que se vio a la oposición retroceder o amilanarse, avanzaba impertérrito en su plan de concentrar y abusar del poder presidencial y logró tanto que llegó hasta el punto que su propia muerte le evitó la humillación de verse frente a un país alzado, no tanto contra su persona como contra la evidencia que teniendo el poder absoluto y TODOS los recursos en sus manos, resultaba ser el gobernante más incapaz que recuerde la historia nuestra.

Muchas son las confusiones que vienen por ejemplo de creer que Venezuela puede ser convertida en otra Cuba, desconociendo la elemental lección histórica que allá hubo, entre 1959 y 1962, una verdadera revolución que liquidó el viejo Estado, su ejército, todas las instituciones y su economía capitalista fue eliminada de raíz, con una expropiación del 100 % de todas las tierras, casas, industrias, bienes muebles e inmuebles, capitales, ahorros, dinero, bancos, comercios, cines, escuelas, clínicas, y hasta los burdeles.

La revolución allá construyó un NUEVO ESTADO TOTALITARIO, propietario de todo, administrador de todo, de la vida, estómagos, mentes, hábitos, e incluso creencias religiosas de la gente, hasta niveles casi absolutos etc. y bajo un mando único: el del Partido Comunista Cubano y su dueño Fidel. Eso era y es la copia tropical del ruinoso modelo soviético desde Lenin (1918-1923) Stalin (1924-1952) y del post estalinismo (1953-1989) que fue su sostén hasta que llegó Chávez que nos hizo costear ese experimento tenebroso del que ahora somos satrapía política y campo de extorsión económica.

En nuestro caso y concluida ya la fase más sólida de la experiencia “revolucionaria” chavista, por causas de fuerza mayor, el balance es que aquí NO HAY ni comunismo totalitario y ni siquiera una dictadura consolidada.

En Venezuela ha funcionado y aun se sustenta un régimen sui – generis, atípico, que combina elementos comunistoides y de nacionalismo tramposo, más bien con métodos comunes con sus hermanos del experimento fascista, que construyó su hegemonía sobre una estructura de poder de base social militar y lumpen delincuencial.

Esto no es un insulto es lo que releva de la caracterización social del fenómeno. Los elementos militares que participan en la burocracia estatal no lo hacen como delegación de autoridades militares, sino cumpliendo funciones civiles bajo comando civil político-partidista.

Ser burócrata y pertenecer al estamento militar confiable del jefe, que conlleva al acrecentamiento de una fortuna personal mal habida, constituían unas bases de sustentación del poder personal y de los feudos que se construyeron, en TODAS las instituciones del Estado. Su carácter lumpen delincuencial es innegable y cada vez más desembozado. El desafío de Maduro es poder mantener ese modelo. Si lo cambia esta tumbado en meses.

EL Estado, el régimen y el gobierno específicamente bajo control partidista, se convirtió en una sola amalgama y es por ello que resulta realmente irritativa la falta de fronteras, antes establecidas, y ahora diluidas entre el poder civil y el estamento militar y entre las funciones electas o las delegadas del poder de Estado que están ahora TODAS bajo tutela del poder partidista del PSUV, aunque este, al propio tiempo sea solo sea un conglomerado heterogéneo de facciones en pugna, de base clientelar de intereses antagónicos y bajo potestades personales, sin ningún apego a formas de participación, a dirección consensuada o a delegaciones de poder legitimas.

Chávez era el dueño y habiendo desaparecido él, todo queda al garete o sometido a confrontaciones de liderazgos sustitutos.

El poder que ha erigido el chavismo, utilizando a fondo el caudillismo de un mentor de ideas cargadas de demagogia y revanchismo social, es por definición fraudulenta y ventajista. Desde sus inicios utilizó a fondo la intimidación de la presencia militar en el control institucional, el fraude judicial y se adueñó de la calle con sus bandas fascistas de intimidación, que solo les falto, como acostumbraban las camisas negras mussolinianas, purgar con aceite de ricino a los opositores que le desafiaran en sus propósitos.

Siempre recuerdo con asombro ver retroceder 200.000 manifestantes nuestros, ante 100 malandros vestidos de rojo de la inefable “comandante Lina” lanzando lacrimógenas y tiros al aire. El pacifismo abyecto de nuestra oposición sifrina de naturaleza y fines muy enaltecidos, mas no por ello eficientes, optaron por aborrecer cualquier forma de autodefensa y por tanto fueron víctimas a la postre de esa indefensión. Otra cosa hubiera resultado de haberse defendido las manifestaciones, a tiro limpio de ser necesario, frente a las bandas fascistas del régimen.

La eterna cantaleta cobardona sobre los “trapos rojos” desestimó el método más bien propio del movimiento obrero, ausente de las movilizaciones opositoras, que defienden su despliegue a costa de riesgos de todo tipo.

Puedo también recordar que la única vez que los agavillados chavistas fueron tratados como se merecían, fue en aquella manifestación de AD dirigida por Rafael Marín, el 26 de noviembre de 2001, que impuso a palo limpio, a lo largo de la Avenida Universidad, su objetivo de llegar al congreso.

Si el chavismo basa su poder en la supuesta legitimidad de origen y sustento electoral electrónicamente controlado, el ABC dice que a esa farsa no puede prestarse una oposición digna de tal nombre, pero pocos descubren que tras la participación apenas se esconde el interés en ser socios menores del poder chavista.

Muchas fortunas personales de burócratas y contratistas de oposición, se han visto reflejadas en sus cuentas en dólares CADIVI a lo largo de estos años de cháchara boba opositora.

Si usted quiere ganarse unos reales facilito apuéstele a un pendejo de estos creyentes nuestros, fanáticos de la vía electoral para derrotar a Maduro, apuéstele el valor de la casa y seguro gana su apuesta.

¿Cuándo se entenderá que son elecciones trucadas y que si daban algunos mendrugos de gobernaciones y alcaldías, es para que nunca desconfíen cuando te quitan la parte del león de la torta del poder central, que administra 98 de cada 100 bolívares de los ingresos del estado?

Ya hasta rabia da volver sobre estos argumentos para ingenuos sin remedio, pero insisto para por lo menos hacer ver, a quienes dirigen estos operativos de gran escala de participación, que a muchos no nos engañan porque somos conscientes de estas verdades elementales: Solo tienen montado un gran negocio, y lo sabemos.

No creo hace rato en demócratas sinceros de oposición a Chávez. Callo con resignación frente a los que quedan, convencidos en la bondad humana y en la certeza de máximas tales como: “la verdad que nos hará libre y se abrirá finalmente cause” que “el tiempo de dios es perfecto”, “no hay mal que dure cien años”, etc.

Maduro gana porque tiene un sistema fraudulento a su favor de “impepinable” eficiencia. Si se dejaran quitar el poder es porque les hemos desmantelado con luchas imponentes ese sistema de fraudes y si por el contrario, millones de venezolanos desean ser embaucados de nuevo, pasare a creer que quiza de forma inconsciente lo que menos quisieran es la sorpresa de ganar y que se desate un pandemónium que requiera de su coraje para cobrar ese triunfo. Porque de lo que estoy convencido, es que el arma de participación electoral y todo el discursito de la fe en el respeto a la voluntad del electoral, que comparten “con el flaquito”, es un monumento a la ingenuidad política, o apenas una muy mal disimulada aspiración a que siga todo como está, porque “algodón nos gotea” de la mesa de los “jartones” del gobierno, a quienes podemos seguir soportando mientras tengamos por lo menos el derecho a emigrar…

O más sencillo aun… que dominados por la impotencia y sin resignarnos a perder la esperanza hacemos el esfuerzo mínimo posible para confesarnos que seguimos vivos como demócratas y no como alineados con esta ideología perniciosa de poder corrupto.

Maduro no dará la talla, este régimen es “mucho camisón pa´ Petra”, necesitará a la oposición colaboracionista para mantenerse en pie. Pero de esta coalición de intereses coincidentes en lo espurio surgirá una nueva realidad.

Subterráneamente esta surgiendo una nueva polarización: la peste castrista es la causa de todos los males y debe ser echada del poder. Ese es el verdadero dilema del país, de la calle y de los cuarteles y hacia allí apunta todo.

Ese himno de Patria, Patria Querida, terminará siendo peligroso para Maduro, los que tengan Patria se alinearán contra su gobiernito, contra la hegemonía castrista.

El eje de la recomposición del estado venezolano reposará en las FFAA y particularmente en el Ejército llamado a impedir que siga el sojuzgamiento a la tiranía castrista.

Seguirá entonces una reinstitucionalización, en los años que sean necesarios, para refundar la economía, una diplomacia con una visión geopolítica independiente y los equilibrios sociales sobre los que se funde un verdadero Estado de Derecho y de Justicia.