Juan Guerrero: Amorosamente

…acuérdate, tú vuelta de espaldas
y dejándote mirar, yo bajando poco
a poco la sábana y viendo nacer eso
que eres tú, esto que ahora se llama
verdaderamente con tu nombre y habla
con tu voz…

Julio Cortázar62 Modelo para armar.

Lo amoroso no es sólo expresión de vida entre parejas. Tampoco está referido al espacio que entre ellas construyen ni en las relaciones sexuales ni filiales. Lo amoroso sucede en una dimensión más amplia. Es fundamentalmente una actitud ante la vida. Una forma de existir en el mundo, un lenguaje. Y este lenguaje procede de la intimidad del ser, es esencialmente oral y se expresa en los gestos, en los ademanes, en el silencio, en las maneras como nos damos al Otro.

Lo amoroso sucede todo el tiempo y habita en la cotidianidad de la vida. No es hechura de actos sobrenaturales ni creación de contados elegidos. El ser amoroso aparece a la vuelta de la esquina. Está en el rostro adormecido de quien se levanta y se ve al espejo y se reconoce naturaleza perecedera, sencilla y viva. El ser que reconoce la trascendencia de la vida en el saludo mañanero con el rostro abierto y al natural. Mientras el olor del café le despierta el placer, el sabor y el saber y degusta en la mano que se lo ofrece el esplendoroso momento de estar transitando un mismo destino y una misma historia.

De madres a hijos transita un lenguaje ancestral que se nutre mientras se lame el pezón y se acaricia el seno. Y es la misma vida que aprendimos a sentirla en la propia carne y en la sangre. Por eso la memoria antigua es maternal. Y es así porque posee un lenguaje que está marcado en el cuerpo: son olores primarios, fuertes, vaginales que se entremezclan en el cuerpo y despiertan el interés por la vida y el deseo de estar rozando los límites del Otro.

Por eso vamos al encuentro, a la aventura de la vida buscando, re-conociendo vestigios, el gesto iniciático en el rito que establecemos cuando nos entregamos al acto amoroso. Entre parejas lo amoroso desborda y es esencialidad, presencia erótica de vida plena que revela en la carne el gusto que da placer e inicia la desmesura. Carne (carnevale) que celebra su gozo, se eleva hasta más allá del placer donde los gestos y los húmedos cuerpos desplazan las palabras y sólo el silencio habla, grita y gime.

Por eso lo amoroso encarnado es alimento del cuerpo y del alma. Reconforta y es plenitud del ser.

El hombre, más que la mujer, debe redimensionar su naturaleza amorosa, atreverse a transitar el estado amoroso: gestos, ademanes, miradas, maneras de ser traducidas en palabras renovadas. Es ese nuevo paradigma de la vida plena, que colma y rejuvenece. Es esa necesidad de estrechar el cuerpo del Otro y nutrirlo, sea de hombre que de mujer. Decirle amorosamente en el saludo o despedida, fija la mirada, que nos importa, que su presencia, ésta del aquí y el ahora, es hermosa y necesaria.

A pesar del terrible drama humano y tanta ausencia, la actitud amorosa no debe perecer. Es ella la propia sustancia y condición que nos hace ser eso: tan humanos, tan hermanos.

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