Antonio Cova Maduro: ¿Cuánta fuerza?

Esta es la pregunta-paraguas que venezolanos de distinto tipo y extracción -y quienes desde afuera nos miran- se hacen sobre distintos asuntos. Utilizo el sustantivo paraguas porque cubre muchas cosas y aglutina a actores diversos.

Veamos. Para quienes insistían en que “aquí no va a haber elecciones, porque esta gente se va a quedar con el coroto”, ya está visto que, a pesar de sus aspavientos, no se atreven a un arrebatón. Necesitan la legitimación de una elección, con toda su parafernalia de cara a sus opositores y al mundo.

¿Cuánta fuerza tiene el chavismo? Bueno, depende de cuál de los chavismos. Ahorita, por razones obvias, están agarraditos de la mano y ninguna de las facciones se desprenderá, ni arremeterá contra los otros. Pasado el 14, y dependiendo de cómo quedan las cosas entonces, ya veremos.

De esas facciones del chavismo ¿cuál es su fuerza relativa? De nuevo, depende de en qué medios y para cuáles efectos. Si es en el 23 de Enero caraqueño es abrumadora la fuerza de los colectivos violentos. Salido de allí, el chavismo toma otra cara. Pueden alardear lo que quieran, que su fuerza en otros ámbitos, no sólo no aumentará sino que disminuirá.

En los ámbitos de decisión aparece otro chavismo, con otro vestuario, pedrería y perfume. Allí es el mundo de los grandes negociantes, de los generales enriquecidos, de los aspirantes a ministros ahora sin el baremo Chávez. En efecto, antes todos sabían cómo actuar ante el supremo juez cuando aspiraban a una chamba. Ahora no, ahora habrá que medir con cuidado y discreción cuál mafia está en ascenso y cuál en descenso, no sea cosa que te cuadres con la que va en picada y ¡zas!, pa’l suelo.

Llegamos al sucesor -al sucesor precario, como acertadamente lo llama Carlos Blanco- que por sí mismo no acumula fuerza alguna. La suya es prestada, y prestada a última hora. Sólo cuenta con el dedo del difunto (por ello su afán por mantenerlo vivo a como dé lugar) y la bendición obvia de quienes pretenden seguir en el ordeño mientras puedan. ¡Si hasta canta de memoria el Himno de su segunda -¿o primera?- patria!

Para los caciques del chavismo, Maduro es un adorno de ocasión, y su utilidad comenzará a esfumarse a partir del 14 de abril. ¿Imaginan a un Arias Cárdenas, Vielma Mora o Aristóbulo asintiendo a los mandatos de este señor? Rápido viene un chavismo de 22 caciques: cada uno en su feudo, con su tribu en un puño… y en el bolsillo. Lo veremos cuando lleguen las primarias chavistas para alcaldes y concejales. Allí hay mucho lidercito y pocas chambas. Pero, sobre todo, allí no estará ya un Chávez tonante.

La que sí se desvanece rápido es la fuerza de los guardianes de los reales, tan de la estrechez de Chávez, única fuente de su excesivo poder. Chavistas de uña en el rabo hasta ayer, Ramírez sabe que su puesto tiene exceso de pretendientes, y Giordani debería saber que su bilis ya no tiene quien la nutra. Ahora estorba. Ya Maduro le hizo saber que el brete de las subastas es para todos, y como Venezuela ahora es de todos, esos exclusivismos necios molestan. Los días de ambos están contados, ¡aleluya! Y créanme, habrá pocas lágrimas y mucha fiesta.

¿Y cuánta fuerza de este lado, del que no mencionan los arrobados por las colas y las lágrimas compungidas de días recientes? Cuánta inhabilidad del periodismo fugaz de los grandes medios, que sólo ven lo espectacular y no escarban entre quienes observan “desde las aceras y los balcones”.

Pues parece que, luego de la notable presentación de Capriles aquella noche de domingo, salieron de sus cuevas quienes adversaron al Jefe y ahora con más razón a sus vociferantes herederos. La oposición se encamina a mostrar el mismo bloque que convocó el 7-O. Sabe que su fuerza radica en su unidad y sería torpe malgastarla. Además, el mundo espera que se presente tal cual es.

Que Capriles aceptara llevar su antorcha fue clave. Nadie tenía el recorrido, ni la capacidad de conectarse con todos que él posee. Para una elección en solo 30 días, cualquier otro la hubiera tenido muy difícil. Que el chavismo insista en un magnicidio, o en su retirada, confirma que no lo esperaban.

Y esto se agrava porque haber creado la matriz de opinión del inexorable arrase chavista cuando Maduro no es Chávez puede tener efectos contraproducentes. ¿Para qué molestarse en votar, si Maduro va a arrasar de todos modos? ¿Votos escasos cuando necesita ganar con los mismos votos de Chávez o superarlo? Un abstencionismo chavista sería cianuro puro y de graves consecuencias. 

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