“Gritábamos al lanchero que se devolviera, pero él no quería”

(Foto Panorama)

Una tragedia estremeció, este viernes, a la Alta Guajira, luego de que una lancha se hundiera y murieran cuatro personas, entre ellas dos niños.

El siniestro se registró a la 1:00 de la tarde, según informaron las autoridades policiales.

En la embarcación, que llevaba por nombre Mali Maikieu, zozobró en una playa de Cojoro, parroquia Alta Guajira, del municipio Guajira; otras cinco personas resultaron heridas.

El alcalde Hébert Chacón identificó a las víctimas fatales como Fabiola González, de 26 años, de Cojoro; Nelitza González, de 12 y habitante de Cojoro; Jady González, de 10 y Rubén González, de 36 años. Éstos dos últimos son de Maracaibo.

Mientras los niños Yerson y Daniel González resultaron heridos, al igual que Militza González, Estefanía Montaña y Érika González.

Tanto los heridos, como los fallecidos fueron llevados al CDI y al Hospital Binacional de Paraguaipoa, donde se presentaron el alcalde Hébert Chacón y la ministra de Pueblos Indígenas, Alohan Núñez.

“La imprudencia del conductor de la lancha y exceso de pasajeros fueron las razones por las que naufragó. Se montaron más de 20 personas en una embarcación cuya capacidad era de ocho. No llevaban salvavidas y no eran una lancha. Ya la Guardia Nacional se encuentra buscando al responsable de este tragedia”, informó el alcalde.

En medio del dolor y el llanto, Érika González, una de las sobrevivientes y prima de Fabiola (fallecida), contó que estaba con sus primitos bañándose en la playa cuando llegó el pescador a ofrecerles un paseo en lancha a cambio de 10 bolívares.

“Eran varias lanchas que ofrecían el paseo por Bs. 10. Fui a mi casa a buscar a mis otras primas para irnos al paseo, pero cuando llegamos a la playa la lancha grande ya se había ido con otro grupo de personas. En ese instante otro pescador se ofreció a darnos el recorrido. Cuando nos estábamos montando nos dimos cuenta que el hombre estaba borracho. Él seguía montando gente y le decíamos que ya no cabían más personas. No quiso escucharnos y arrancó. Cuando estábamos como a 500 metros de la orilla comenzó a manejar en zigzag. Le pedíamos que se regresara, pero solo se reía”.

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