Todo lo que debes saber sobre el cielo y el infierno

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Esta Semana Santa se da en un contexto de renovada fe religiosa por la reciente elección de Francisco, el primer papa no europeo. Un argentino que rompe los protocolos, busca estar más cerca de los fieles y es un defensor del diálogo interreligioso.

Entre las novedades que introdujo se destaca su intención de volver a algunos conceptos fundamentales de la religión que estaban quedando en desuso. Entre ellos, el diablo, al que se refirió en su primera homilía. “Quien no reza al Señor, reza al diablo”, dijo entonces.

¿Qué significado y qué vigencia tienen los conceptos de Dios y diablo para la tradición judeocristiana? ¿Cómo se vinculan con el cielo y el infierno?

“El cielo es aquello a lo que estamos destinados todos los hombres. Es la unión con Dios para siempre. Aquí no lo podemos ver, pero en el cielo podemos estar cara a cara con él y amarlo absolutamente. Precisamente para que podamos tener ese destino, que es el que quiere Dios para todos los hombres, Cristo ha muerto por nosotros en la cruz. Todo aquel que quiera ser fiel a Dios puede ser salvado”, describe a Infobae América el padre Tomás Trigo (foto), profesor de Teología Moral de la Universidad de Navarra.

“Tanto el cielo como el infierno son dos lugares reales. Estados reales donde va a encontrarse cada persona humana después de esta vida”, agrega.

Pero no todos piensan igual dentro del cristianismo. Trigo expresa la visión de la Iglesia Católica, que en muchos puntos difiere del protestantismo.

“El cielo y el infierno deben ser pensados en término simbólicos. El primero aparece como el lugar donde están Dios, los ángeles, y los creyentes que han sido fieles a él. La Biblia se maneja con una concepción propia de cuando fue escrita, en la que se pensaba como un lugar que está arriba, mientras que el infierno estaría abajo. Pero esto pertenece al horizonte científico de la época”, explica Hugo Santos, pastor del Iglesia Evangélica Metodista y profesor del Instituto Superior de Estudios Teológicos.

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