Marc Parra: Quién fue… Bobby Fischer

Bobby-Fischer

Robert James Fischer nació en Chicago en 1943. Pronto se trasladaría a Nueva York, concretamente a Brooklyn, lugar donde creció junto a su madre y su hermana. Su madre se había casado con el físico alemán Hans Gerhardt Fischer, aunque cuando nació Bobby ya no estaba con él, sino con otro físico, el húngaro Paul Nemenyi. Al estar aún casada con Fischer, Bobby contrajo el apellido del marido legal de su madre. Nunca quedó clara la verdadera paternidad del futuro maestro, aunque muchas informaciones indican que el verdadero padre era Nemenyi.

El trabajo como enfermera de su madre conllevaba que el pequeño Bobby quedara al cuidado de su hermana Joan. Una tarde apareció por casa con una caja de juegos, que contenía un tablero de ajedrez y un folleto con las normas básicas del juego. Así los dos hermanos aprendieron a jugar, aunque Joan pronto se cansó de perder ante Bobby. Para entonces aquel tablero ya se había convertido en una obsesión para Fischer, que pasaba horas delante de él, memorizando y ensayando jugadas.

Pasó más adelante a formar parte del Brooklyn Chess Club, lugar donde se empezó a medir con rivales de mayor entidad. Fischer solía perder con frecuencia, lo que provocaba su llanto y desesperación. Poco a poco, aprendió a controlar su talento e inteligencia y ya a una edad más tardía, se reivindicó como adolescente prodigio. Es así como empieza a jugar torneos de mayor entidad y llega al gran punto de inflexión de su carrera. Se enfrenta al Maestro Internacional Donald Byrne, que tiene ante su joven rival una actitud condescendiente. Le concede facilidades, pero cuando se quiere dar cuenta, Fischer le ha empezado a ganar la partida. Ataca de manera difusa, tan profunda que ni los espectadores entendidos pueden apreciar. Byrne pierde ante Fischer y el mundo ajedrecístico americano encuentra a su nuevo héroe, un joven humilde, llamado a plantar cara alpoder soviético de la época.

Obtiene el título de Gran Maestro a los quince años y medio. En aquellos años, el Gran Maestro más joven de la historia. Comienza así una trayectoria más profesional, donde ya empieza a dejar constancia de su carácter difícil. En 1972, con 29 años, vence en el Torneo de Candidatos al antiguo campeón del mundo Tigran Petrosian, y se gana el derecho a disputar el Campeonato del Mundo a Boris Spassky, en lo que se conocerá como “La partida del Siglo”.

Los soviéticos representados para la ocasión por Spassky, no perdían el Campeonato del Mundo desde 1948. Habían convertido el ajedrez en una razón de estado, con múltiples ayudas del régimen comunista a sus jugadores. Controlaban la FIDE y celebraban cada victoria internacional de uno de sus jugadores como una victoria del sistema comunista sobre el occidente capitalista. En un contexto de Guerra Fría, la partida se presentaba como una fase más de la escalada de tensión entre la URSS y los EEUU. Estábamos ante algo más que una simple partida de ajedrez.

Fue entonces cuando Bobby Fischer sacó a relucir lo que para algunos eran manías y para muchos otros, una verdadera estrategia de desgaste psicológico sobre su rival. Cuando ya se habían acordado las condiciones del juego, el americano se quejó de la bolsa del torneo, tema que quedó solucionado con la aportación de un financiero británico. Después vinieron las quejas por la iluminación de la sala, por la colocación del público y de las cámaras de televisión y hasta por la calidad de las piezas con las que había que jugar. Cada concesión que Spassky le hacía a Fischer, alimentaba la moral del americano.bobby-fischer2

La final disputada en Reikiavik empezó el 11 de julio de 1972. A la primera partida Fischer llegó tarde, lo que dio ventaja a Spassky. A la segunda partida, simplemente no se presentó. Con un 2-0 a favor de Spassky, el soviético concede a Fischer el placer de cambiar de sala para disputar la final, temiendo que el americano abandonara la contienda. Para entonces, Fischer ya se sentía ganador psicológico de la final. Jugó un ajedrez combativo y de movimientos rápidos. Arrolló a Spassky, que abandonó por teléfono cuando se tenía que empezar a disputar el último juego. Bobby Fischer se proclamó campeón del mundo y de paso fue convertido en el nuevo héroe americano. Estaba en la cima del mundo.

A partir de ahí, el campeón simplemente desapareció. No quiso defender su corona en 1975 anteKarpov, por lo que el aspirante fue nombrado nuevo campeón. A parte de algún problema con las autoridades americanas, poco se sabe de su vida hasta 1992, cuando pretende reeditar la final contra Spassky en Yugoslavia. Ahí la vida del campeón cambia para siempre. Los EEUU le prohíben pisar suelo yugoslavo al estar el país vetado por resolución de la ONU. Fischer escupe, literalmente, sobre la orden y juega la partida, volviendo a ganar a Spassky y llevándose una bolsa de 4 millones de dólares.  La desobediencia le comporta la retirada del pasaporte americano. También se enfrenta a una posible pena de diez años de cárcel. No vuelve a pisar nunca más suelo americano por miedo a la condena.

Empieza un periplo por el mundo, salpicado de apariciones en radio y prensa, donde arremete continuamente contra los EEUU. Critica el embargo sobre Cuba, la guerra de Irak y la política exterior americana en general. En 2004 es detenido en Japón por llevar pasaporte falso y desde una cárcel japonesa pide asilo a Islandia. En el país donde se convirtió en campeón pasa sus últimos años. Dedica mucho tiempo a jugar al ajedrez por internet en webs especializadas, anónimamente, aunque se cuenta que se le podía reconocer por su movimiento típico de rey en las primeras jugadas, donde rechazaba enrocarse.

Murió en Islandia en 2008 a causa de una insuficiencia renal a los 64 años, tantos años como casillas tiene el tablero de ajedrez. El Gran Maestro Gary Kasparov escribió sobre él: “Bobby Fischer fue único, sus fallas tan banales como brillante su ajedrez”.

 

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