Curiosidades sexuales de la historia

El poder y el sexo siempre han estado íntimamente ligados a través de la historia. Y así como es cierto que el hecho de ser poderoso te otorga un afrodisíaco especial, también es cierto que hubo muchos miembros de la realeza y varios políticos que no supieron mantener sus intimidades en la alcoba, y debido a su falta de discreción y decoro, sus proezas llegaron a ser de dominio público y han trascendido hasta nuestros días. Los ejemplos abundan, aquí les dejo solo unos pocos casos.

Papa Juan XII, ‘el fornicario’

El pontificado de Juan XII es considerado uno de los más nefastos de la Iglesia Católica, debido a su poca moral y numerosos escándalos mientras ejerció como cabeza de Roma. Para empezar, este Papa era un apasionado por los juegos de azar, a los que se dedicaba con vehemencia la mayor parte del día.

Su residencia pontificia de Letrán se llenó de mujerzuelas, eunucos y esclavos, convirtiéndose en un escenario de excesos y de orgías en el que el pontífice se movía como pez en el agua. Por lo demás, era un hombre completamente inculto que hasta ignoraba el latín. En su habitual jerga grosera juraba por Venus o por Júpiter y brindaba por los amores del diablo. Un día tuvo el capricho de ordenar a un diácono en una cuadra y en otra ocasión, consagró obispo a un muchacho de 10 años.

La noche del 14 de mayo del año 964, Juan XII fue asesinado de un martillazo en sus aposentos por un marido celoso que lo encontró en el lecho con su mujer. Realmente a nadie le sorprendió este episodio, ya que desde su elección como pontífice a los 17 años, corrieron rumores de violaciones e incestos. De hecho, se aconsejaba a las mujeres que no acudieran a la iglesia de San Juan Laureano, no fueran a ser violadas por su Santidad.

Félix Faure, el presidente que murió feliz

Félix Faure fue el séptimo presidente de Francia, pero es más conocido por la curiosa forma en que murió, que por lo que hizo en vida.

Faure murió el 16 de febrero de 1899, de un ataque de apoplejía mientras mantenía relaciones sexuales en su despacho de palacio con su amiga Marguerite Steinheil. Luego se supo que Faure dio su último suspiro mientras la Steinheil le practicaba una felación, lo que provocó muchas burlas por parte de la prensa y de la oposición política.
A Steinheil se le dió el apodo de “la pompe funèbre” (la bomba fúnebre), y fueron publicados varios artículos sobre su vida íntima por la prensa francesa.

La muerte de Fernando el Católico

Cuando murió Isabel la Católica, su esposo Fernando, ya viudo, debió enfrentarse a su yerno Felipe El Hermoso, que quería para sí todo el poder en Castilla. Para evitarlo, el monarca decidió casarse con una joven muy fogosa de 16 años, Germana de Foix, sobrina del rey francés, para tener descendencia con ella y evitar que Felipe heredase el reino de Aragón.

Lo que ocurrió es que Felipe el Hermoso murió joven y su mujer, Juana la Loca, fue declarada incapacitada, de manera que Fernando se convirtió en Regente de Castilla, con lo que el asunto quedaba resuelto

Pero el problema fue que la fogosa Germana le siguió exigiendo que cumpliera con sus deberes sexuales al envejecido Fernando, que ya era sexagenario, por lo que este tuvo que recurrir a los testículos de toro para estimular su potencia sexual. Como todos sabemos, los años no pasan en vano y el remedio no funcionó con el monarca que, abrumado por las exigencias de su joven esposa, recurrió a la cantárida (‘Lytta vesicatoria’), un insecto que vive en algunos árboles y cuyo organismo contiene una sustancia que provoca la dilatación general de los vasos sanguíneos (lo mismo que hace la moderna Viagra).

Los efectos vasodilatadores de la cantárida son generales y podían provocar hemorragias cerebrales. Y eso es lo que le ocurrió a Fernando el Católico, que murió de una apoplejía. La pena es no saber si fue en acto de servicio o en los preliminares.

La pornografía de Alfonso XIII

Quizás la faceta más desconocida de Alfonso XIII –abuelo del actual rey de España- sea que él es el responsable del origen del cine porno español.

Las primeras películas porno españolas fueron rodadas en Barcelona en los años 20 por encargo del Conde de Romanones, que actuaba en nombre del rey Alfonso, un gran aficionado al género. La productora encargada de realizar estas películas era la Royal Film (el nombre era para no levantar sospechas, claro) de los hermanos, Ricardo y Ramón Baños. El papel del rey no era solo pagar por ellas, sino que a veces sugería algunos argumentos de las películas para que los productores los desarrollaran.

Hay una anécdota del rey que no deja lugar a dudas acerca de su ‘descomplicado’ carácter:
A finales de los años 20 llega a España Anita Loos, una famosa guionista de Hollywood, que había saltado a la fama en 1925 por su obra ‘Los caballeros las prefieren rubias’. Alfonso XIII la invita a tomar el té en el palacio. Empiezan a conversar y el rey le pregunta por el cómico Fatty Arbuckle, que era una de las estrellas del cine mudo estadounidense. La guionista le cuenta que en 1921 el cómico participó de una orgía, muy comunes en el Hollywood de esa época, y que aparentemente violó a Virginia Rappe, una actriz debutante que murió 2 días después. Arbuckle fue exonerado, pero el escándalo terminó con su carrera en Hollywood. Anita Loos le cuenta al Rey todo esto y Alfonso XIII le contesta:
- ¡Joder! ¡Qué mala suerte! ¡Pero si eso le puede pasar a cualquiera!
La mayoría de las películas porno fueron destruidas durante la guerra civil o después, durante la dictadura, ya que el franquismo no veía con buenos ojos que se supiese que el rey de España tenía esas aficiones.

Las habilidades de Lola Montes

Aunque ella misma aseguraba haber nacido en Sevilla en 1823, la bailarina y cantante María Dolores Gilbert, más conocida por su nombre artístico de Lola Montes, nació en la ciudad de Sligo, Irlanda, en 1818. Fue una artista que recorrió con éxito la Europa de inicios del siglo XIX, pero también acumuló muchos escándalos.

Al cumplir los 13 años, descubrió que podría conseguir todo cuanto se propusiese si sabía aprovechar su extraordinario atractivo físico; y eso fue algo que hizo durante toda su vida, pero siempre mostrando un criterio muy selectivo. Por ejemplo, en cierta ocasión se negó a mantener relaciones sexuales con el virrey de Polonia porque éste llevaba dentadura postiza.

Tras casarse tres veces y mantener escandalosas relaciones con muchos amantes de toda Europa (incluidos Franz Liszt y Alejandro Dumas, padre), se convirtió en amante oficial del rey Luis I de Baviera, quien le otorgó los títulos de baronesa de Rosenthal y condesa de Landsfeld.

Cierto día un escritor de la época, contó que el rey le había confesado que Lola Montes “podía realizar milagros con los músculos de sus partes privadas”.

Fue tal el escándalo que levantó aquella relación, que, ante la presión cortesana y popular, el rey tuvo que abdicar. Viendo que la cosa se ponía color de hormiga, Lola Montes prefirió emigrar entonces para Inglaterra, y más tarde a Estados Unidos, donde se mantuvo fiel a su estilo de vida, pero una mala racha la hizo terminar como indigente en las calles de Nueva York.

Zingua, la reina insaciable

Tras la muerte del rey de Angola en 1624, le sucedió en el trono su hermana Nzinga Mbandi, que fue nombrada reina el mismo año. Se la conoce también con los nombres de Jinga, Ginga, Reina Dona Ana o Reyna Zingua.

La reina Zingua de Angola, que gobernó aquel país a principios del siglo XVII, ha pasado a la historia como una ninfómana ejemplar. Su Majestad, que contaba con un amplio y surtido harén de conciudadanos a su entera y exclusiva disposición, se divertía organizando combates a muerte entre ellos, ofreciendo su cuerpo como galardón al campeón, que tras una noche entera de servicios reales, también moría al siguiente día.

En cierta ocasión, llegó a decretar la muerte de todas las mujeres embarazadas de su reino, pues no aceptaba que ninguna de sus súbitas hiciera gozar a los hombres. Se cuenta que mantuvo un comportamiento similar hasta que, súbitamente, se convirtió al catolicismo al cumplir los 77 años y cambió por completo su actitud ante la vida.

Carol, el superdotado

Según el canon de belleza clásica instaurado por griegos y romanos, los órganos sexuales siempre tenían que ser minúsculos y armoniosos. Un miembro grande se consideraba una ordinariez y algo antiestético. De hecho, cualquiera que haya estado en una playa nudista se habrá dado cuenta que un pene demasiado grande, suele provocar más comentarios jocosos que suspiros de admiración.

El rey Carol II de Rumanía (1893-1953) fue un verdadero desastre como monarca, pero resultó ser un portento en centímetros. Debido a sus aficiones mundanas, sus allegados lo llamaban ‘Playboy King’, y se dice que debido al “generoso tamaño viril” de Su Majestad, muchas de sus amantes antes de pasar por el tálamo real, debían someterse a ciertas intervenciones quirúrgicas para “evitar desgarros perineales”.

Y claro, mientras él se dedicaba a sus aventuras sexuales, durante la Segunda Guerra Mundial Rumanía perdió Bucovina, Besarabia y Transilvania. En 1940 fue destronado por el Mariscal Antonescu y su país se adhirió a la causa nazi.
Carol II huyó de Rumanía el 7 de septiembre de 1940 junto con su amante, llevándose los tesoros de palacio, incluyendo pinturas famosas de Tiziano, El Greco y Grigorescu, reservas de oro, su fabulosa colección de sellos y dinero del fisco. Vivió en varios países de Sudamérica y finalmente se estableció en Portugal.

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