ABC: Maduro convierte a Chávez en “santo-exprés”

(Foto Reuters)

El «presidente encargado» venezolano transforma la campaña electoral en un informe diario de las actividades de ultratumba del fallecido comandante, publica ABC de España.

LUDMILA VINOGRADOFF / CORRESPONSAL EN CARACAS

El candidato chavista y «presidente encargado» de Venezuela, Nicolás Maduro, se ha empeñado en una acelerada campaña de «santificación-exprés» del ex jefe de Estado, Hugo Chávez. Basa toda su estrategia electoral en presentarse como «supremo sacerdote» e intermediario entre el «santo-exprés» Chávez y el pueblo venezolano. De forma que ha convertido la campaña electoral en un informe diario de las actividades de ultratumba del comandante.

El paroxismo del culto al desaparecido líder tuvo lugar en la visita de Maduro a Barinas, localidad natal del comandante. Allá, el «presidente encargado» aseguró que, mientras rezaba en una pequeña capilla, tuvo una visión de Chávez que se le apareció en forma de «pajarito chiquitico». Toda una experiencia místico-política: «De repente entró un pajarito, chiquitico, y me dio tres vueltas acá arriba», dijo señalando su cabeza e imitando un aleteo. El pájaro, prosiguió Maduro, transido de emoción, «se paró en una viga de madera y empezó a silbar, un silbido bonito», dijo imitando el canto del ave. «Me lo quedé viendo y también le silbé. Pues “si tu silbas yo silbo”, y silbé. El pajarito me vio raro, ¿no? Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue, y yo sentí el espíritu de él, de Hugo Chávez». Tras lo que el candidato presidente recapituló que el comandante, desde la otra vida, sigue muy atento la campaña: «(Chávez) voló, voló y está volando (…); desde la vida eterna nos vigila».

Las regocijadas reacciones que provocó el relato del pajarito no le agradaron a Maduro, quien pidió respeto por «la «espiritualidad y el amor que profesa por el comandante».

«Yo conté algo esta mañana que me sucedió en una capilla de madera. Ahora andan la burguesía y la derecha hablando del pajarito de Maduro. ¿Qué les parece? ¿No son ridículos? Respeten, señores… Dejen la intolerancia, el irrespeto a la espiritualidad profunda de hombres y mujeres cristianos que creemos profundamente en los valores de la vida de un líder que supo reivindicar en su vida los valores de Cristo», insistió.

Pero es que lo que comenzó siendo un proceso de mitificación ha terminado siendo un proceso de «santificación». Chávez ya tiene incluso una capilla en la barriada «23 de enero», llamada «Santo Hugo Chávez del 23», donde sus seguidores le rezan y llevan flores. Además, el expresidente descansa –por el momento– en un mausoleo en su honor en el Cuartel de la Montaña. Y no ha sido embalsamado como Lenin porque las autoridades no supieron preparar a tiempo su cadáver.

Rosarios rojos

En los medios chavistas las imágenes del mandatario fallecido son acompañadas por un sistema de imágenes de Jesucristo. Y las estatuillas y los muñecos del comandante se venden junto a rosarios con cuentas rojas y la estampa de Chávez sustituyendo a la Virgen María, como si fuera una nueva deidad. Los muros de las calles de Caracas están profusamente pintados con la imagen de Chávez junto a la de Jesucristo. Y el omnipresente rostro del comandante aparece hasta en la esfera de los relojes.

El problema de la beatificación de Chávez es que este, pese a sus exhibiciones de aparente fervor, no mantuvo buenas relaciones con la Iglesia. Le gustaba insultar a los curas, de quienes decía que «llevan el diablo bajo la sotana». El expresidente, sin embargo, sí extremó las muestras de fe en los momentos más difíciles de su vida. Cuando apareció ante las cámaras besando el crucifijo poco antes de su última operación de cáncer. O cuando invocó a Cristo también con el crucifijo en los labios el 11 de abril de 2002, tras la intentona golpista que lo sacó del poder por 48 horas. Según el exrector de la Universidad Central de Venezuela, Luis Fuenmayor, «no se comprende ni se justifica que se actúe con las mismas formas que anteriormente había criticado. No puede ser que quienes critiquen esta nefasta conducta sean tachados de enemigos del pueblo, traidores a la patria y “tarifados” del imperio».

Superstición popular

Luis Vicente León, presidente del a empresa de sondeos Datanálisis (le da más de 10 puntos de ventaja a Maduro), comentó en su cuenta de twitter: «Maduro comenta sobre la “aparición” de Chávez transmutado en “pajarito” para reforzar el misticismo que soporta su campaña», al tiempo que agregó que «el fin de fiesta de los candidatos tenderá a extremar sus conectores estratégicos: Maduro con Chávez y Capriles con Maduro». Aunque León cree que la estrategia de elevación de Chávez puede ser eficaz. A su juicio, «relevante no es lo que piensa la oposición del “pajarito”, sino como lo recibe la mayoría que cree en el destino, lee el horóscopo o reza al negro Felipe».

Por su parte, Vicente Díaz, rector del Consejo Nacional Electoral (CNE), asegura que Venezuela vive unos comicios «profundamente antidemocráticos» porque no se respeta la igualdad de condiciones de los candidatos. «Maduro asume como estrategia la memoria y el tributo al difunto man-

datario, defiende su legado y va a utilizar su imagen como referente. En tanto que quien le hace frente, Henrique Capriles, se referirá a una persona fallecida cuando critique al Gobierno y tendrá por ello la emoción por la muerte de Chávez en su contra», explica Díaz. «Esto muestra la ventaja apabullante del Gobierno en la campaña, indudablemente, y el CNE sigue favoreciendo esta situación. Si gana Maduro, lo hará en el marco de una elección injusta y desequilibrada», concluye.

El proceso de «santificación exprés» del expresidente Chávez ya comenzó desde el mismo día de su funeral, convertido en un apoteósico acto de culto a la personalidad. Ys enseguida alcanzó cotas «visionarias». Como cuando Maduro afirmó que Chávez había influido en Jesucristo, con quien mantendría trato y conversación habitual en la elección del Papa Francisco, el primer Papa de Iberoamérica. El presidente en funciones manifestó entonces que Chávez también se estaba encargando de llevar su «revolución constituyente» al cielo «para cambiar la Iglesia y que sea el puro pueblo de Cristo el que gobierne».