Capriles prepara su sprint final en la carrera por la presidencia

(Foto Efe)

Henrique Capriles se quita la gorra con los colores de la bandera venezolana y se seca el sudor de la frente.

Con los puños cerrados, el joven candidato presidencial por la oposición mira a la agitada multitud, inmóvil, como el experimentado corredor que aguarda el pistoletazo de salida.

Por Marianna Párraga/Reuters

Este domingo tendrá una inédita segunda oportunidad en apenas seis meses de quedar al mando de la potencia petrolera. Y esta vez no enfrentará a la invencible figura de Hugo Chávez, sino a su delfín Nicolás Maduro, el presidente encargado.

Al oír su nombre en los parlantes, el atlético abogado de 40 años camina decidido hacia el podio y levanta enérgico su brazo bajo una lluvia de papeles de colores y fuegos artificiales.

Este Capriles no es el mismo que perdió contra Chávez en octubre. En esa campaña se atrevió con algunas propuestas, pero se cuidó de atacar directamente al popular líder socialista.

Ahora es crudo y agresivo. Muestra los dientes, como un animal de pelea, buscando electrizar al público con cada palabra, consciente de que la motivación será clave para que todos los que simpatizan con sus ideas vayan a votar.

“El 14 de abril vamos a demostrar que tenemos los votos. ¡Pendejos no somos!”, clamó en la central ciudad de Maracay frente a cientos de miles de seguidores que asentían a gritos.

Esta será la tercera elección en pocos meses para el gobernador del estado Miranda, a quien se ve cada vez más experimentado y suelto ante las cámaras y en los mitines.

Lejos de tono moderado con que antes buscaba captar a los indecisos, Capriles muestra su lado más combativo, jura que pondrá el fin a la injerencia cubana en el país que estimuló Chávez, que no habrá más persecución política y que defenderá el voto de cualquier intento de fraude.

“No querían que participáramos (en los comicios), nos llevaban al terreno de la rendición, ahora no podemos responder con besitos”, dijo a Reuters uno de sus principales colaboradores de campaña, Leopoldo López.

Como un corredor frente a la recta final de la carrera, el gobernador debería ahora dar un último “acelerón”.

A fuerza de votos

Capriles perdió por 11 puntos en los comicios de octubre, pero amasó un récord de 6,6 millones de votos, una cifra que para muchos puso fin al sentimiento de orfandad de un electorado cuya única motivación desde 1998 fue sacar a Chávez del poder.

“Nicolás prende velas todos los días para ver si me retiro. Ellos saben que esta elección se decide el 14 de abril, el juego no está cantado”, aseguró la semana pasada mientras arremetía contra el candidato oficialista, al que acusa de usar la figura de Chávez para escudar su propia incompetencia.

Sus actos rebosan de seguidores que corean su nombre, revirtiendo el pesimismo inicial tras dos duras derrotas consecutivas para la oposición, en octubre y en diciembre en los comicios para elegir gobernadores.

A cada paso, “el flaco” desgrana una y otra vez la letanía de problemas a resolver en el rico país petrolero: desabastecimiento de alimentos, cortes de agua, apagones, inseguridad, inflación, subempleo, deterioro en la infraestructura y corrupción en el Gobierno.

En los últimos días visitó por sorpresa un pequeño supermercado y recibió en el patio de su propia casa a un grupo de personas, en una escenografía cuidadosamente articulada para neutralizar las acusaciones de su rival que lo tilda de burgués, “niño de los dos apellidos” y “príncipe de Nueva York”.

Su propuesta sigue siendo desactivar el pasaje hacia el “socialismo del siglo XXI” que perseguía Chávez ofreciendo un símil del pragmático modelo brasileño que atrae inversiones foráneas, estimula al sector privado pero conserva amplias atribuciones para el Estado.

En los días que siguieron a la muerte de Chávez se barajó su posible negativa a correr en una contienda que muchos daban por perdida y que erosionaría el capital político que recuperó al ganar la gobernación del estratégico estado Miranda, una victoria con la que rompió la “victoria perfecta” del oficialismo.

Pero al aceptar el reto, por primera vez la oposición va a las urnas con una ventaja que durante 14 años pareció exclusiva del chavismo: un líder curtido en varias batallas electorales y que logró aglutinar sin fisuras a su militancia.

“Nicolás: yo no te voy a dejar el camino libre, yo voy a pelear con votos”, le dijo Capriles a su rival al aceptar otra feroz carrera. “Cuésteme lo que me cueste”, prometió.