Orlando Viera-Blanco: ¡A ese chamo no lo vamos a dejar solo!

Es el comentario de una venezolana que se confiesa no-caprilista (acaso abstencionista), recogido en el lúcido ensayo de Fernando Mires: Capriles, La Política y La Verdad (13-03-13). “Gracias al discurso de Capriles, muchos intuyeron que ha llegado el momento de cerrar filas y dar la batalla, aunque se pierda”, sentencia el filósofo chileno que reside en Alemania. Y en esa misma línea va el amigo Carlos Blanco cuando concluye: “Capriles puede encabezar una victoria política aun si no lo acompaña una victoria electoral, en la medida que aglutine las fuerzas democráticas dispersas y procure conservar esas fuerzas intactas para el fandango que vendrá más adelante”. Más claro…

Capriles ha endurecido el discurso. No le quedaba más. Es el camino, si quiere hacer camino al andar… A los abstencionistas y a los indecisos nada los saca de su parsimonia, sino un balde de retos y emociones. Y las emociones en días de largos sepelios y manipulación de sentimientos, se compensan con un lenguaje directo y retador. Capriles, que nada tiene que perder y mucho que ganar, arrecia el verbo y la agenda. Le ha dado a Nicolás un trato de inhabilitado (por espurio), como el que se dispensa a quien usurpa y miente. Y le quitó la pajita del hombro, retándolo ferozmente al debate, un evento al que Maduro no tiene profundidad para estar, por lo cual no-aceptó. ¿Cuál es el debate? Democracia vs. revolución; paz vs. violencia, libertad vs. imposición; mentir vs. decir la verdad. Aquí hago pausa… Aunque luzca nimio rescatar la verdad en un país invadido de picardía y corrupción, esta melodía es el taladro que ha roto las peñas de la indiferencia, y levanta de sus sillas a los más escépticos.

Apelar a la verdad en política puede resultar aburrido. “No es el debate, Orlando”, me dice Rafael,  un sesudo amante del psicoanálisis y la inteligencia de las masas. Y me recuerda. “No hay nada que conmueva más que una lágrima (Gustave Le Bon; La psychologie des foules -la psicología de las multitudes- 1894), por lo que frente al dolor de los fieles, hablar de ética y valores, es inocuo”. A contravía de lo expresado -que es cierto- debo decir que el problema ya dejó de ser Chávez. No es que el pueblo lo olvide, simplemente ya no está. Y la gente comienza a internalizar  que quien le sustituye, no es capaz… percepción que también tienen los militares.

“Por los pelos -si es necesario- tenemos que llevar a votar a los que se queden en casa, porque sin ellos no llegamos” sentenció Capriles, por cierto, sin pelos en la lengua. A Chávez le perdonaron mucho algunos, y le tomaron muy en serio otros, por lo que aquellos seguían votando por él y otros, hicieron maletas. Pero hoy la gestión es imputable a Maduro y la oposición (sumando ni-nis y abstenidos) despierta con otro verbo desprovisto de miedo. Al decir de Mires, contra la manipulación constitucional de la “oficina de asuntos judiciales del chavismo” (TSJ), hay otra circunstancia, esto es, una irrepetible oportunidad.

“Decir la verdad, sea donde sea, duele y por eso mismo, puede ser violenta (Hannah Arendt) pero nos hace libres, entre otras cosas, libres de la mentira” Y el dolor de la verdad, también levanta pasiones y es un arma fantástica para lucir, más adulto y más serio, diluyendo al contrario en el terrible mundo de la duda. La verdad, aunque es tarea de santos y mártires, casi nunca de políticos, en cualquier escenario es un brote de inspiración. Capriles hoy permuta toda táctica útil, por hablarle al país. Convoca a las fuerzas políticas, a jóvenes y viejos; denuncia el binomio CNE-Gobierno, apela a la reunificación del país; desnuda las mentiras oficiales y denuncia ante el mundo, el descarado comodato de nuestro petróleo a los intereses económicos, ideológicos y continentales de los hermanos Castro. La alternativa Capriles crecerá y ganará, no por la suma de los radicales, sino por la adhesión del inerme y del indeciso. Y nosotros debemos ayudar a ir por ellos.

A ese chamo no lo vamos a dejar solo asintió una caprilista súbita, con un dejo que esta vez no se quedará en casa viendo lo que queda de Globovisión o si acaso, A&E. Como solo quedaron                         -irresponsablemente- quienes  alertaron en 1998, que elegir a un insubordinado era ilegal y  una locura. Como solo quedó el implacable y premonitorio discurso de Jorge Olavarría del 05 de julio de 1999. Como solo hemos dejado el futuro de nuestros hijos por nuestra comodidad y nuestros miedos.  Como solo dejamos a Brito, a Simonovis, a la Dra. Afiuni, por lo que nos dejamos solos a nosotros mismos aunque creamos estar bien acompañados de nuestra inconsciencia.

Una señora de edad madura, inmigrante y amante de Venezuela, me dijo con la misma dulzura en su mirada que derrochaba mi abuela: “Si tan sólo nos demostráramos un poquito más de afecto a nosotros mismos, Chávez no hubiese sido Presidente, estuviera vivo… y nosotros también. Regreso a Venezuela a votar y a seguir luchando. No me queda más”.

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