Juan Carlos Sosa Azpúrua: HCR: el mago, el conejo y la libertad

El día de la votación es el acto final de una obra continuada, en un teatro que se llama “FARSA”.

La escenografía se expone en este teatro de trucos, sobre una tarima de cartón llamada “Democracia venezolana”.

El teatro posee las máquinas, más fáciles de manipular que hacer una llamada telefónica;  usando un registro repleto de fantasmas y mismos sujetos multiplicados a la n potencia, rompiendo la lógica matemática; auditorías inexistentes y rectores, los magos del cuento,  que hacen su magia para un solo público, el contrario.

Como guinda de la torta, el candidato del régimen -el conejo del amo de la historia- es ilegítimo, sus manchas y fétidos olores trascienden la atmósfera terrestre.

Sabemos que los testigos nunca son suficientes y que en demasiados lugares -mesas itinerantes-están las grietas por las que se cuela una mano peluda, las garras enguantadas del gran mago, niéguenlo mil veces, pero esta es la verdad.

El siete de octubre; la fecha perfecta para haber apagado la música y prendido las luces, levantándole el velo a la farsa,  exigiendo una historia real; fue el día del espanto, y el teatro ganó aplausos, su obra aclamada y felicitada por un hombre que ese día también se hizo conejo, el marsupial que no salió ese día del sombrero, tú HCR.

A partir del siete de octubre, se glorificó el mito del conejo de la suerte, el que sí sacó el mago del sombrero, el único que puede salir de allí, él -hoy fallecido- y sus retoños -vivitos y coleando-.

El Tiburón 1 alcanzó el nivel de “padre nuestro” y su mitología -la religión de “san comandante”- no ha hecho sino crecer, crecer y crecer, rezada por quienes deberían ser los primeros en destruirla, enterrarla y meter su memoria en el congelador del infierno.

En enero, y otra vez en marzo,  se acataron sentencias que explotaron bombas atómicas sobre la justicia.

Se avaló que un usurpador del poder, se quedase como el pirata al timón de este barco que se hunde; y además fuera candidato, para tener el chance, dentro de pocos días, de salir del sombrero mágico, un conejo feliz hecho todo un demócrata, elegido por su pueblo.

Y semejante ilusionismo es posible porque el teatro tiene público, tanto que la gente hace colas para entrar a la obra.

La esperanza es conmovedora, pero está depositada en una persona que ya dejó muy mal la posibilidad de transformarla en algo distinto a la frustración.

HCR, te apoyé antes del siete de octubre con todas mis fuerzas, porque pensé que le arrancarías el sombrero al mago, expondrías su conejo y acabarías con la magia infernal, pensé que entenderías que el sombrero es un sombrero de trucos, y los conejos son siempre conejos mágicos. Ese día me decepcionaste.

Pero ahora, tienes otra vez al país entero -gente buena y decente- ilusionado de que harás este domingo lo que no hiciste el siete de octubre; lo que tenías la obligación de haber hecho -y ninguna excusa es válida-.

Yo no voy a “votar” por ti ni por nadie. No me sentiré un tonto útil dos veces y no avalaré con mi presencia una obra que repudio por mentirosa y fraudulenta, la farsa total.

Ojalá la mía hubiera sido la postura de todos, pero no es así, y la fiesta, la obra mágica, se dará en el gran teatro de los trucos.

Esta fiesta, que tú has montado y avivado con pasión, ha dado espacio para las percepciones distorsionadas de la tragedia que sufrimos, haces que el mundo vea democracia cuando tendría que estar presenciando el horror de una tiranía.

Pero ya las cartas están echadas… otra vez, como en la maldición de Sísifo, como en el cuento del gallo pelón.

Escribo estas líneas para recordarte a ti, HCR, que la farsa es todo, y como tal trasciende el día de la votación.

Este domingo 14 es, en principio, la “noche de gala” de la mentira, el gran brindis final de los magos y sus trucos.

Pero también es la fecha que la historia te ha regalado para que tengas una segunda oportunidad de hacer lo correcto, lo que debiste haber hecho el siete de octubre, lo que solo para empezar hubiera dificultado la creación de la religión de “san comandante”, algo que es ahora mucho más difícil de poner en su justo lugar, bajo la alcantarilla que le corresponde.

Pero si este domingo 14 lo haces, si deslegitimas la farsa y abrazas la resistencia nacional, en ese momento te ganarás el respeto que muchos te perdimos el siete de octubre,  te aplaudiré y apoyaré en todo lo que sea necesario para que esa resistencia se transforme en el gran movimiento de consciencia mundial que está destinado a ser, con impacto en los cinco continentes, y la posibilidad muy cierta de darle la libertad a nuestra nación, llevándonos al renacimiento.

Este domingo 14, no es el día para contar los conejos del sombrero de los trucos, esa obra ya la conocemos.

Este domingo 14 es el día para decir “YA BASTA”, para desmontar el teatro y salir del laberinto de la esclavitud; abriéndole la puerta a la libertad, dentro de un país de verdad, y no uno de cartón…rompe el encanto del Déjà vu.

Si así lo haces, bienvenido a la resistencia, a este mundo real de los radicales, aquí serás el líder indiscutible de la libertad, y que Dios nos acompañe…nada nos detendrá hasta lograr lo que los venezolanos merecemos desde hace ya demasiado tiempo.

Hoy es 11 de abril, once años de infamia… es hora de decirle adiós para siempre a las tinieblas…

… ¿no lo crees?…

…es tiempo de hacer lo correcto.

Suerte…

… y ver para creer, porque antes creí y no vi.