Rafael De León: Levántate y anda … ¡a votar!

Cuando uno ve una película como “El pianista”, puede observar en ciertas escenas como durante el oscuro episodio nazi grandes cantidades de personas eran enfiladas hacia vagones de tren para luego ser trasladadas finalmente a campos de concentración en los que, desde antes de montarse en el vagón, se sabía que perderían la vida –escenas como ésta por ejemplo-.

Si el lector soportó ver la escena completa, o si al menos la recordó, quizá le vino a la cabeza esta pregunta: Si las victimas sabían perfectamente que las iban a matar, ¿porque no se lanzaban en masa contra los militares?. Es decir, seguramente en el intento de alzamiento iban a morir unos cuantos, pero en todo caso ¿que podían perder con intentar un último acto de justicia desesperada?, total, la muerte de todas formas era segura. ¿A qué se debía esta pasividad?, ¿por qué ni siquiera intentaban huir?. La respuesta, fue descubierta unos cuarenta años más tarde. Veamos:

Durante la década de los años 70, los psicólogos Martin Seligman -actual director del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania- y Steve Maier, desarrollaron una interesante teoría que, si bien en un principio se utilizó para explicar ciertos fenómenos del comportamiento animal, luego se empleó para estudiar y esclarecer la razón de ciertas conductas humanas. Descubrieron que, tras someter a un perro a descargas eléctricas sin darle la posibilidad de escapar de ellas, llegaba un punto en donde este dejaba de intentar evadir la descarga aunque, incluso, la jaula hubiese quedado abierta. Según estos estadounidenses, la consecuencia más directa de este proceso de sometimiento era la inacción o pérdida de toda respuesta de afrontamiento. A esta última fórmula la llamaron teoría de la Indefensión Aprendida (learned helplessness).

Esta teoría, hoy en día resulta explicativa de numerosos comportamientos humanos relacionados con estados depresivos, entre los cuales, ha llamado particularmente mi atención uno suscitado en masa y provocado por gobiernos de corte dictatorial como el nuestro. Por ello, traigo toda esta explicación frente al lector. Quizá nos encontramos de frente al proceso electoral más importante de la historia venezolana y me parece que la teoría de la indefensión aprendida puede ayudarnos a entender la ilusión óptica en la que muchos electores han caído.

Ya el psicólogo social y profesor de la UCAB Angel Oropeza, sobre quién me ha tocado gustosamente leer con ocasión de mi investigación previa a la redacción de este escrito, nos había mostrado en su artículo del El Universal titulado “Creo que no vamos a ganar” publicado en agosto de 2012, que la teoría de la indefensión aprendida es aplicable al mundo electoral y que con ella se puede explicar la abstención en nuestro país. Oropeza, con su valiosa explicación nos hace ver que la estrategia oficialista desde sus inicios, ha sido la de crear en nosotros la sensación de que el poder del chavismo es tal, que contra él nada se puede hacer, ocasionando que muchos se vean desmotivamos a la hora de votar.

Esto, es tan cierto como que usted se encuentra leyendo este artículo. El pronunciamiento de los militares a favor del gobierno, el acoso permanente a los medios de comunicación, la utilización de organismos del estado para amedrentar al empresario, el cada vez más cerrado cerco jurídico con la emisión de leyes de corte comunista, la presencia de Tibisay Lucena en el funeral de Chávez con el brazalete tipo FARC, las sentencias de juguete de Luisa Estela y hasta la planificada impunidad de un despreciable como Mario Silva, son todos eslabones de un plan especialmente diseñado para generar desmotivación aguda en los ciudadanos y lograr una resignación masiva y permanente, tal y como hicieron con los cubanos. De ahí, que el principal mensaje del candidato opositor resulte tan oportuno y acertado: No hay que tener miedo nos dice, al tiempo que demuestra valentía desafiando constante y frontalmente a Nicolás Maduro.

La reciente encuesta publicada por la argentina Datamática, a pesar de dar ganador a Capriles, revela que la mayoría de los encuestados “piensa” que Maduro va a ganar. Esto es signo de que la indefensión aprendida ha hecho de las suyas con nosotros. Sin embargo, debemos entender que este fenómeno crea en nuestros cerebros una inmensa falacia, una ilusión, así de sencillo. Nos hace pensar que no podremos llegar al otro cuarto así la puerta la veamos abierta.

Entendamos que es falso que nos hayamos quedado sin una capacidad de respuesta y de generar cambio, sencillamente muchos de nosotros nos hemos quedado sin ganas de hacerlo. Toda acción tiene reacción, y toda causa tiene un efecto; por más que creamos lo contrario, no es cierto que los votos son inútiles para enrumbar el país. No nos podemos dar el lujo de dejemos engañar por nosotros mismos. Yo al menos no pienso entregar este país nunca y ese mensaje tiene que llegarles a ellos y a ustedes. A votar!.

@RafaDeLeon
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