Gonzalo Himiob Santomé: Hoy pienso en mi hija

En estos días son muchos los correos y cadenas que se extienden sobre las razones por las que todos hoy, más allá de por quién vayamos a hacerlo, debemos ir a votar. La verdad es que en todas las comunicaciones de ese tenor que me ha tocado leer, los motivos por los que hoy no debemos abstenernos de concurrir a las urnas electorales están muy bien elaborados, y no creo que valga la pena extenderse sobre ellos. Quiero hablar sin embargo de uno que para mí es fundamental, y que imagino compartimos muchos: Debemos votar por nuestros hijos, sobre todo por los más pequeños, por los que aún no pueden decidir su destino político a través del voto.

Pocas veces reparamos en esto: Cuando votamos, no sólo ejercemos de manera individual un sagrado derecho, que en estos tiempos duros es además un ineludible deber, sino que además cuidamos el futuro político de los que aún no pueden hacerlo por sí mismos. No importa si ya tienes hijos o no, si estás en edad para votar, lo más seguro es que ya seas padre o madre o que pronto esté entre tus planes formar familia, así que aún siendo joven, cuando votas no sólo lo haces por ti, sino por aquellos de los que ya eres o serás después responsable.

Decía antes que cuando votamos cuidamos el futuro de quienes ahora no pueden hacerlo por sí mismos, y creo que lo hacemos en varios niveles. En un primer nivel, independientemente de cuál sea nuestra postura política, cuando votamos nos decidimos definitivamente por la vía de la paz, y eso se transmite a nuestros vástagos.

Si pregonamos la violencia y el abuso probablemente no creeremos en el voto como mecanismo para el logro de los cambios sociales y políticos que anhelamos, y seremos siempre fáciles sujetos de la tentación al recurso de las armas, de la barbarie y de la imposición. Si por el contrario creemos en la democracia, y la valoramos con todo y sus fallas como el mejor, el más pacífico y más humanista sistema de gobierno, jamás dejaremos de votar, por difíciles que sean las coyunturas que nos toque trasegar.

De esta manera, cuando votamos protegemos a las futuras generaciones, con nuestro ejemplo y enseñanzas, de la toma del poder por la vía de la violencia y del culto a los “caminos verdes” hacia las sillas presidenciales. Le mostramos a nuestros hijos, al votar, el camino correcto, no sólo al sufragar sino al aceptar la voluntad de las mayorías que resulten eventualmente victoriosas, de darse el caso, y con ello construimos, enseñamos y garantizamos civilidad.

En un segundo nivel, el voto ya consignado a favor de la opción política de nuestra preferencia, también guarda el futuro de nuestros hijos no sólo de la violencia o de las vías de hecho, sino además de las visiones o posturas ideológicas con las que no comulgamos. El voto es una afirmación de nosotros mismos, de nuestras maneras de ver las cosas no sólo en lo político, sino además en lo personal, en lo cotidiano.

Al igual que ocurre en toda decisión que tomamos, cuando elegimos a uno u otro gobernante estamos a la vez renunciando a los caminos con los que no nos sentimos identificados y, lo que es más importante, a las formas de conducir nuestros destinos que no sean cónsonas con nuestros planes o expectativas de vida o con los planes, sueños y expectativas que tenemos para el desarrollo de nuestros pequeños, venidos o por venir. Al elegir entre diversas opciones, no sólo estamos luchando para que la nuestra opción personal se imponga, sino también para que la dicha opción sea la que genere las condiciones necesarias al cabal ejercicio de nuestra paternidad o maternidad y al correcto desarrollo y formación de nuestros hijos.

Jamás debemos olvidar que, cuando votamos en una elección presidencial, no sólo estamos eligiendo un presidente para nosotros, los que tenemos la capacidad para votar, sino que aquél también lo será de los que no lo han elegido, sea porque no votaron por él, o porque no pueden aún hacerlo. Por eso también es tan importante votar, porque no sólo enseñamos a nuestros pequeños al hacerlo y desde el ejemplo el valor de la democracia, y les orientamos con ello a la solución concertada y pacífica de nuestros problemas políticos o sociales, sino además porque votando velamos por ellos tratando de que quienes consideramos los mejores sean los que nos rijan.

A esto se suma que si no votas, cuando las condiciones en las que te toque sacar adelante a tu familia (porque la política sí nos afecta a todos) no sean las mejores, cuando quienes nos gobiernen nos defrauden y nos hagan más difícil la vida ¿Cómo y de qué quejarse? Si no tuviste la valentía de asumir tu responsabilidad, por ti y por los tuyos, depositando en la urna electoral el voto por la opción que más te gustaba ¿Qué podrás reclamar cuando quienes nos gobiernen a todos no lo hagan bien? Nada.

Si tus hijos sufren, por ejemplo, en cualquier gobierno de que se trate, cambios drásticos en su pensum de estudios que les impidan formarse cabalmente para afrontar las realidades en las que les toca o les tocará vivir; si las condiciones económicas o laborales no les permiten, cuando les toque, acceder a bienes, servicios, a una educación o a puestos de trabajo dignos, merced los desatinos de castas políticas que sólo piensen en sí mismas y en sus prebendas ¿Con qué cara les mirarás a los ojos cuando te pregunten cómo es que hemos llegado a eso? ¿Podrás decirles con la frente altiva que hiciste todo lo que pudiste para evitar sus males, o te esconderás tras la vergonzosa ignominia de tus pasadas apatías?

Por eso hoy, además de pensar en mí y en los sueños que guardo a nivel personal para mi Patria, miro a los ojos de mi pequeña, que no gasta más de cinco años, y recuerdo que lo que se decida hoy la afectará, al menos, por un lustro más, uno que a la sazón será la segunda mitad de su vida cuando nos toque de nuevo, si no hay imprevistos, concurrir a las urnas a elegir otro presidente. No podemos ser ciegos a esta realidad: Lo que hoy decidamos quienes sí podemos votar, afectará de manera radical no sólo nuestras vidas y desempeños, sino además las vidas y la cotidianidad de aquellos que dependen o dependerán de nosotros y no cuentan aún con la capacidad de votar.

Estoy levantado desde muy temprano preparándome para cumplir con mi país. Veo a mi pequeña que está en su cama soñando, en esa infinita inocencia que Dios me dio la tarea y el honor de proteger, con esas ilusiones hermosas y plácidas con las que sólo son capaces de soñar quienes aún no han sido maculados por los avatares de los años. He guardado su sueño, y sus sueños, desde que vino al mucho hace más de cinco años, y lo seguiré haciendo por lo que me quede de vida.

Pero hoy me toca protegerla votando. Hoy pienso en mi hija. Por ella, por mí, por las personas que amo y por mi país, sin duda alguna y sin miedo, voy a votar.

¿Y tú?

@HimiobSantome