Tamara Suju Roa: Carta abierta a José Miguel Insulza

Hoy, los venezolanos acudimos una vez más a las urnas electorales, unos en defensa de un sistema absolutista contrario del derecho y la justicia y otros en defensa de los valores y principios que rigen la democracia, los derechos humanos y las libertades individuales. Los demócratas acudimos con la certeza de que nuestros compañeros latinoamericanos en cuyos países se ejerce la democracia, las Instituciones son independientes y se lucha por la igualdad entre sus ciudadanos, nos han abandonado.

Sólo ha habido voces individuales, de ex Presidentes, congresistas, diputados, diplomáticos, escritores y personalidades reconocidas por su vocación democrática, que se han atrevido a criticar y exponer al mundo lo que verdaderamente sucede en Venezuela. Que difícil ha sido recorrer esta América silenciosa, para decirles como en los últimos años nuestras Instituciones dejaron de ser independientes, se han escrito leyes discriminatorias e inconstitucionales, se ha perseguido penalmente, torturado y encarcelado a la disidencia, y en general, se ha permitido que se cercenen los derechos individuales, la libertad de expresión, la propiedad privada entre otros derechos, sin que los gobiernos Latinoamericanos abran la boca para denunciar que en Venezuela se están violando los Derechos Humanos contenidos en la Convención Americana de Derechos Humanos aprobada en Noviembre de 1969 y ratificada por nuestro país en Junio del 77, texto fundamental que rige los Derechos Humanos en el Continente.

Hoy, le escribo a usted, señor Insulza. Porque fue usted con quien nos reunimos hace ya 3 años, para llevarle los casos de los presos y perseguidos políticos venezolanos, a raíz de la huelga de hambre que hicieran los jóvenes de Operación Libertad, frente a la sede de la OEA en Caracas. Cuando estuvimos reunidos le entregué no sólo un resumen de todas las leyes que habían sido aprobadas por la Asamblea Nacional y los argumentos explicativos de cómo violaba el texto constitucional, sino que además le dejé mi Constitución, la que había usado hasta entonces, remarcada, comentada, bien rayada, para que usted pudiera comprobar lo que le decíamos. También le expusimos casos de persecución y le hablamos de los presos y perseguidos políticos, como el caso de la Juez María Lourdes Afiuni, ¿lo recuerda? Caso por el cual se han pronunciado diría yo, casi todos los Organismos Internacionales, Organizaciones e incluso Congresos y diputados del mundo.

Ahora bien, Señor Insulza, lo que yo no puedo entender, es cómo todavía, a pesar de las decenas de visitas que no sólo le han hecho representantes de Organizaciones no Gubernamentales de DDHH, sino diputados y líderes venezolanos para explicarle nuestra situación, usted no ha asumido una posición contundente y firme, para que su posición llame la atención de los países miembros sobre lo que aquí sucede. Recuerdo sus comentarios sobre su época juvenil y sus luchas estudiantiles. Confieso que cuando salí de estrecharle la mano, me embargó la esperanza de que los venezolanos contábamos de alguna forma con un convencido demócrata, dispuesto a realizar acciones que generarán efectos para ayudar a nuestra ya deteriorada democracia. Lamentablemente, me equivoqué.

Me pregunto si le parece poco que mantengan encarcelada a una Juez por tomar una decisión apegada a la Ley, caso conocido por el propio Sistema Interamericano de DDHH que ha pedido por su libertad y el respeto de sus derechos. También, si el desconocimiento y la decisión de no acatar las medidas y sentencias dictadas por la Corte y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por parte del gobierno venezolano no es suficiente para encender la luz de alerta en el Organismo que dirige sobre – como diría un buen diplomático- “la vulnerabilidad de los derechos humanos en Venezuela y el desconocimiento y desobediencia de los Pactos y Convenios Internacionales que el gobierno de Chávez realizó”. Usted se ha escudado en la supuesta poca extensión de sus facultades como Secretario General. Pero también sabe que los reglamentos que rigen dicho organismo, le permiten tomar iniciativas que pudo haber usado para actuar de forma contundente. Una denuncia suya sobre cualquiera de las cosas de las que usted tiene conocimiento sucedian y siguen sucediendo en mi pais, como por ejemplo la falta de independencia de los poderes públicos y la utilización del sistema de justicia para perseguir a quienes de alguna forma disienten o se oponen al gobierno, tiene mucho más peso que una denuncia de cualquier mortal. Pero prefirió no asumir su responsabilidad, para con su actitud, encompicharse con el resto de los gobiernos latinoamericanos, a los cuales parece habersele inoculado la tolerancia al despotismo que todo caudillo trae consigo. Cuando se está ante un proyecto de poder como el que se pretende implantar en Venezuela, sólo cabe una forma de actuar, sin titubeos, porque los principios democráticos no se negocian.

Ojalá, el próximo Secretario General de la OEA utilice todos los instrumentos que le dan los cimientos en los que se apoya dicho Organismo, para defender las democracias del Continente, pero sobre todo, a sus pueblos, a su gente, de los regímenes caudillista que por ignorancia o por dinero, todavía deambulan por nuestra región y son capaces de pisotear años de progreso en defensa de las libertades y de los Derechos Humanos Universales que tantas lágrimas le han costado a la Humanidad.

Hoy 14 de Abril, los venezolanos acudiremos a las urnas a luchar por nuestra democracia, a pesar del abuso del poder económico y de fuerza que este régimen ha ejercido, de la falta de independencia del Árbitro Electoral, de las amenazas que pesan sobre el pueblo demócrata y sus líderes, y de un Ministro de la Defensa y un Alto Mando que ha puesto a la Fuerza Armada al servicio del gobierno, quitándole su institucionalidad e imparcialidad. Hoy, se da una gran batalla por el Sistema Democrático y la libertad en Venezuela. Ojalá no sea usted uno de aquellos que pudiendo hacer mucho por nuestra democracia, solo ayudó a cargar otra urna en la que se sepultó a la democracia venezolana.