Ricardo Escalante: Con alfileres no se sostendrá

La ilegalidad, la ausencia de formación del recién proclamado Presidente y la voracidad de su entorno, ya comenzaron a taladrar las bases de la estructura de poder del supuesto heredero político de Hugo Chávez. Son circunstancias que auguran quebrantos para todos los venezolanos y un lastimoso final para el régimen.

El mismo Chávez que nunca jugaba limpio pero se las ingeniaba, solía decir que no había chavismo sin él. Sentenciaba a quienes discrepaban y con ese halo natural que atraía a las masas, siempre se imponía a pesar de su gobierno arbitrario, ineficiente. Creó entelequias electorales sin ideología, ni tesis ni programas y, por supuesto, sin democracia interna. No le interesaba formar generaciones de relevo porque de ellas podía surgir el rival.  Ahora su axioma está más vigente que nunca: “!No hay chavismo sin Chávez!”.
La estrategia electoral fabricada en La Habana fracasó y Nicolás Maduro está en un callejón sin salida. No puede aceptar el reconteo de votos, menos aun con la presencia de observadores internacionales. Hacerlo sería exponerse a que las irregularidades queden al descubierto, pero al actuar así está tomando su propia estricnina. Solo haría la revisión si pudiera tapar bien las tracalerías. Eso explica el apresamiento de militares, allanamientos a granel, denuncias de asonadas y la presencia de fantasmas en cada rincón, detrás de las cortinas, debajo de las camas. Sin haberse inaugurado ya tiene encima 7 muertos, 70 heridos y 200 detenidos en todo el país.
En los meandros de la inteligencia no cultivada de Chávez siempre había imprevistos porque sabía identificarse con el pueblo. Pero en Maduro no hay nada, con excepción del instinto animal que está a la vista. No hay ni inteligencia ni respeto a la otra mitad del país.
Poco después de haber señalado Nicolás como candidato a sucesor de Chávez, mi buen amigo Pedro Mogna una tarde me dijo: “Hay quienes dicen que Maduro es apenas un chofer de autobús subido de lote… Yo no creo eso.  Algo debe tener escondido para haber ascendido tanto”… Después de haberlo escuchado con atención le repliqué: “!Te equivocas! Lo conozco de vista y trato y me consta que, además de pelo, en esa cabeza no hay nada. Muchas veces me acerqué a él para explorar su pensamiento, sus razonamientos, su consistencia ideológica, y solo encontré frases sueltas e incoherentes”…
A medida que el tiempo avanzaba y montaban un carnaval con el cuerpo de Chávez en las calles de Caracas, volví a hablar con Mogna.  Esta vez me dijo: “Oye, tenías razón. No puede hablar 5 minutos sin meter la pata tres veces. Siento pena ajena”…  Lo atajé y le dije: “Pedro, no sientas pena ajena porque él no tiene sentido del ridículo, aunque sí es peligroso y puede causarle grave daño al país”…
Ahora, además de las carencias y del desastre económico en que el país está hundido, eso que supuestamente es partido de gobierno, el PSUV, está minado por corrientes que luchan por parcelas de poder, contratos y cuotas clientelares. El gran aliado de Maduro, el jefe de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, ya comenzó a jugar al fracaso presidencial y en un momento no lejano le dará la puñalada trapera. Con esa intención controla buena parte de la Fuerza Armada y la Asamblea Nacional.  Diosdado es consciente del desamor que Chávez y los Castro le profesaban, pero con frialdad sigue ahí, a la espera, convencido de que el instante del manotazo llegará.  Al igual que el ministro Rafael Ramírez, el teniente ha esquilmado a la República y ha sido denunciado aunque no investigado.  Tiene profesión universitaria, pero estructuralmente es un militar torpe que grita e insulta.

El gobierno nace con la enorme flaqueza de un equipo no calificado y no llegará lejos.  Y como si fuera poco, entre los militares hay oficiales que miran, escuchan y abren poco la boca.  Por todo eso, Nicolás Maduro es un Presidente que terminará de manera lastimosa. ¿Sabrá por qué?