Alberto Franceschi: El frenazo de Capriles

Los hechos son los siguientes: Capriles  ganó por una ventaja de más de dos millones de votos. (2.000.000)  El PSUV  y Maduro movieron  sus peones del CNE para imponer una  ventaja pírrica de la que puede demostrarse  su inconsistencia con una  enorme  facilidad.

La cúpula militar madurista, enfeudada a los mandos cubanos,   declara  su conformidad a los minutos del veredicto del CNE,  para proclamar que el fraude lo hace suyo y  dispone  disciplinarse  militarmente a ese gobierno espurio  e ilegitimo.

Capriles exigiendo el reconteo, rodeado siempre con su equipo de campaña electoral,  en lugar de  reclamar  abierta y taxativamente  la Presidencia, opta por exigir, muy prudentemente,  el reconteo de los votos con auditorías  al 100%.

El éxito de las movilizaciones   en cada estado es impresionante, igual los cacerolazos, aunque el gobierno genera violencia y varias muertes, muchos heridos y centenares de detenciones.

Capriles pasa, de ser candidato triunfante  aunque estafado, a convertirse también en el líder de la causa  de la expulsión del gobierno espurio de Maduro, a partir de  esta fase de exigencia del reconteo voto a voto.

Pero también comienza a cuestionarse muy tempranamente la conducción de Capriles,  cuándo el decide la  suspensión de la gran marcha de Caracas,  ante la amenaza  del gobiernito acorralado que quiere hacerlo responsable del clima de generalización  de la violencia en todo el país, acusándole de  marchar hacia El Silencio con el mismo objetivo de querer deponer el gobierno, como ocurrió el 11 de abril de 2002.

Es lógico que el presidente electo Capriles haya escogido  movilizar parcial y gradualmente a su mayoría  ciudadana, al fin y al cabo queda establecido el carácter fraudulento del gobierno de Maduro mientras  este no admita el reconteo del 100%,   aunque, y para decirlo sin ambages, esto NO PUEDE ACEPTARLO EL REGIMEN,  porque  sencillamente  seria descubierto TODO  el sistema electoral fraudulento,  del que hasta el propio  rector del CNE Vicente Díaz es un hincha fanático,  igual que  “nuestros”  contemporizadores de oficio de alta presencia  mediática  que dan por hecho que Maduro  es el Presidente.

Escribo esta columna en medio del desconcierto por la suspensión de la gran marcha  de Caracas que debía conservar  la confianza en el liderazgo de Capriles,  para imponer la transparencia electoral, pero debo manifestar que  una vez superada  la polarización del evento electoral,  para convertirse en una  dualidad de poder  en la práctica,  si Capriles  no mantiene  las expectativas y atenúa movilización,   pierde aceleradamente  terreno ante el afianzamiento del gobiernito Maduro.

Muchos de nosotros podemos acompañar la decisión política de moderar  la  marcha hacia el choque de trenes, que ya  el gobierno estimaba irremediable para el miércoles  17 de abril, pero es un hecho que  son demasiados  los que esperan  ansiosos cual es el próximo paso que ponga en evidencia que  el candidato Capriles no se quedará en el aparato, como se  nota entre varios portavoces de su entorno y operadores  de  varios grados de prudencia,  donde  uno no sabe  cuándo  termina la prudencia y donde comienza  el papel de bomberos al servicio del gobierno.

Si esta situación no es desempatada por Capriles  contra  el gobierno, que amenaza torpemente  con represalias de todo tipo,  lo único previsible es la profundización de la crisis política,  que  pasaría a convertirse en vacío de poder y en confrontaciones de desgaste para ambos bandos,  y  solo  se profundizaría  más aun la polarización,  ante la inviabilidad del diálogo,  donde  alguien  tendría que capitular, porque lo único que hay que discutir es: quien es Presidente, aunque el gobierno  tendría el chance de perder  el poder  sin deshonra,  con unas nuevas elecciones,  bajo un nuevo sistema electoral transparente en todos los aspectos, pero esto es un sueño,  porque  discutir con los Castro no contempla este tipo de opciones.

Lo único que puede considerarse  probable es que Capriles será presidente cuando se den unas elecciones verdaderamente  libres,  impuestas por un nuevo régimen político surgido de la caída de este y donde, con los cubanos fuera de juego, las FFAA Nacionales tendrían un rol  predominante en esa transición.