Muere ecológicamente

Foto referencial

Para aquellos que quieren llevar su conciencia verde al más allá, la mejor opción de sepultura es la liquidificación (resomation en inglés). Tal vez de esta forma puedas ganar puntos kármicos y dejar la sufrida rueda de la reencarnación, aunque también es cierto que numerosas culturas tradicionales utilizan distintas técnicas fúnebres justamente para preparar en su postrimería al cuerpo, como la nave del espíritu, para escapar hacia el infinito, y hacer líquida la carne no es una de ellas.

Generalmente una persona es embalsamada y colocada en un ataúd. Esto hace que los fluidos de la inhumación se filtren a la tierra creando un déficit ecológico. La cremación también emite carbono a la atmósfera e incluso toxinas.

Un estudio científico descubrió que suspender el cuerpo (y hasta el ataúd) en una solución con sales alcalinas es la mejor eco-opción. Estas sales iónicas hacen que el cuerpo se disuelva en un polvo y el líquido que queda es estéril, se drena y se regresa al ciclo del agua: he ahí una forma de eternidad: ser lluvia y río.

Este proceso no requiere de calor ni espacio y puede ser reciclado. Los metales del cuerpo pueden ser extraídos usando campos magnéticos o filtros, en un proceso neutral. Los familiares se quedan con las cenizas del proceso de liquidificación y pueden hacer con ellas lo que quieran. Aunque si quieres ser aún más ecológico puedes intentar encontrar una especie que coma cenizas (o unos chicos que las inhalen, como estos)/Pijamasurf.

Con información de 2001.com