José Guerra: El peligro del fascismo-madurismo

Con la muerte física del presidente Chávez claramente se abre un nuevo ciclo político en Venezuela. ¿Perdurará el legado político de Hugo Chávez? Eso está por verse. Nadie haba hoy en Venezuela del gomecismo, betancurismo o calderismo. Lo único cierto es que Nicolás Maduro recibió el testigo político de manos de Hugo Chávez con una ventaja de casi veinte puntos al comenzar la carrera presidencial el 4 abril de 2013. Además contó Maduro con todo el sentimiento que siguió al sepelio de Chávez y si eso no  fuese poco, que más bien fue bastante, Maduro disfrutó a manos llenas dineros provenientes de PDVSA y una cobertura total de medios públicos de radio y televisión. Lo tenía todo Maduro. Pero en catorce días pulverizó todo el capital político heredado de Chávez. Esto es increíble, que en dos semanas se haya evaporado con Maduro lo que con tanto esfuerzo cultivó Hugo Chávez. La respuesta a este hecho reside en buena parte en que Maduro no es Chávez. Es muy inferior Maduro al desafío que tiene por delante. Reagrupar, moralizar y dotar de una política a la gente que ha seguido a Chávez no es tarea fácil. Luce extremadamente difícil que Maduro, un hombre claramente limitado, pueda jugar ese papel de articulador. Por ello apela a una especie de junta de gobierno cívico-militar conformada por él, Cabello, Ramírez y el almirante Molero Bellavia, ministro de la Defensa.

 

No se trata de que Maduro carezca de grados de educación formal. Ese no es el problema de fondo. Esa es una forma peyorativa de descalificarlo. El asunto estriba en que Maduro no cuenta con auctoritas entendida esta expresión como el liderazgo que deviene de emitir una opinión calificada y que la misma sea acatada. Como fue evidente en la campaña, Maduro no pudo hilvanar un discurso coherente y propio. Así, cuando los electores fueron a buscar contenido en su propuesta, encontraron un vacío, porque optó Maduro por no ser él sino el hijo de Chávez. De paso un mal hijo porque despilfarró todo su acervo político. En manos y prisionero de la cuasi junta cívico-militar, Maduro es objetó de presiones de todo tipo que lo están llevando a girar hacia la ultra izquierda, con lo cual se enajena el centro político que con tanta habilidad manejó Chávez y que le permitió ganar casi todas las elecciones. Un Maduro sin capacidad de mando, será víctima del chantaje de agrupaciones radicales que lo  están conduciendo a dar saltos al vacío, en particular en materia económica donde luce desconcertado y sin iniciativas creíbles. Mientras tanto, Diosdado también integrante de la junta de gobierno, espera pacientemente.

 

Hay claros indicios de una deriva fascista en el comportamiento del madurismo. Un comunista puede tener conductas fascistas, mejor dicho nazi-fascistas. Tras el resultado electoral se ha desatado una verdadera casería de brujas contra los empleados públicos, buscando hasta debajo de las piedras a quienes sufragaron por Capriles con el objeto de infundir terror. Es más, el 19 de abril, el día que asumió, Maduro estampó una frase condenable. Vociferó que había que “desinfectar la sociedad” venezolana. ¿Desinfectarla de qué, Maduro? Ello suena familiar  al exterminio racial pregonado por los nazis y las famosas limpiezas étnicas de los serbios contra los bosnios.  El  ministro de Vivienda y Hábitat, Ricardo Molina ante el reclamo frente al acoso laboral  dijo: “No me importa en absoluto lo que digan las normas laborales”. Pero no solamente eso, directivos de empresas del Estado como la Corporación Venezolana de Guyana y Corpoelec, la Gobernación del estado Zulia, entre otras instituciones, hablaron públicamente de hacer una “limpieza política contra los escuálidos”. Esto se corresponde con las acciones de segregación llevadas acabo por el partido nazi contra todo el que se le opusiera en la Alemania hitleriana.

 

Ello refuerza algunos antecedentes que ya se venían observando en Venezuela. En 1925, Hitler creó las temibles SS (Schutzstaffel, en alemán), que vestían camisas pardas, una organización para-militar que posteriormente sembraría el terror entre sus opositores. Una de los grupos más peligrosos del régimen  nazi fueron las unidades de ataque móvil de las SS, las conocidas Einsatzgruppen.  Estas brigadas, en alianza con la policía, hostigaban a los disidentes, saboteando sus actos y agrediendo a sus integrantes. Esto guarda parecidos con la actuación de las bandas de motorizados ataviados de rojo que infunden temor entre la gente por la agresividad de sus acciones. Igualmente, el culto al líder único, Adolfo Hitler, quien no tenía sustituto entre el pueblo alemán fue un elemento esencial de esa política. De esta conducta, las pruebas son más que evidentes en Venezuela.  Impulsó también el gobierno nazi la estatización de la economía lo que permitió hacerse de los medios de producción. Un aspecto básico para entender la naturaleza del régimen nazi fue el adoctrinamiento de los estudiantes, el uso intensivo de la propaganda, la transformación de las fechas patrias en actos propagandistas y del partido y la militarización de la sociedad alemana.  Mussolini, por su parte, fundó el movimiento fascista en 1919, con la creación de los fasci di combattimento, especie de grupos armados para intimidar y atacar a sus opositores políticos, que después degeneró en el Partido Nacional Fascista. Esos fasci vestidos  con camisas negras, al mando de Roberto Farinacci símbolo del terror, actuaban al amparo de la policía y del Ejército en su hostigamiento a quienes se opinan al fascismo. La política fascista tenía, al igual que al nazismo, a Mussolini como su único líder. Practicó la concentración del poder en sus manos, empleó la propaganda como instrumento de ideologización y fundió en un solo ente al Estado, al gobierno y al partido fascista. Igualmente, Mussolini militarizó a Italia. Quien tenga ojos que vea. El comunismo puede tomar en arriendo políticas fascistas.