Pilín León: La máscara de democracia

Qué fácil decir que hay democracia en un país donde la única expresión de ella son unas elecciones por demás cuestionadas, no solo por la mínima diferencia que arrojaron los comicios venezolanos, sin sumar aún los votos de los venezolanos residentes en el exterior, donde la oposición ganó de manera contundente, sino además por el enorme desbalance durante la campaña electoral, regida con un Consejo Nacional Electoral (CNE que se hacía el loco ante cada transgresión, violación o abuso cometido por los representantes gubernamentales y por el candidato mismo del gobierno, ostentando la banda presidencial de manera irrita, además.

Pero traspasada esa barrera, o mejor enfrentada, lo que pocos analistas ven desde el exterior, atreviéndose a adjudicarle al país la categoría de democracia perfecta, es la marcada persecución a la que han sido sometidos los trabajadores de distintos institutos gubernamentales, así como ministerios, amenazándolos con despidos (aun dentro del marco de la inamovilidad laboral decretada) por simpatizar con el candidato Capriles. Varias de estas denuncias están documentadas en reveladores videos y grabaciones de audio.

Y si esto no bastara para demostrar dónde radica el ‘fascismo’ en Venezuela, el Presidente de la Asamblea Nacional interroga a los diputados sobre su intención de reconocer o no al señor Maduro, de ser negativa su respuesta son arbitrariamente privados de su derecho de palabra así como removidos de las dirección de las diferentes comisiones parlamentarias donde participaban.

Si esta es la democracia entonces llamemos a la Real Academia de la Lengua Española y hasta a Wikipedia y redefinamos el término como: “forma de gobierno donde a partir de una máscara electoral un grupo accede al poder para ejercer arbitrariedades y burlar la constitución a su antojo, de manera burda e impune”.

Así si aceptaría que tan prestigiosos pensadores y analistas internacionales definieran la democracia en Venezuela, donde ningún ciudadano tiene derecho a disentir sin ser perseguido, donde los diputados electos son privados de sus derechos constitucionales, donde pensar distinto es poner en peligro el trabajo, donde se le niega el paso a cierto territorio de la geografía capitalina solo por llevar consignas opositoras al régimen, donde se persigue y se amenaza a periodistas solo por denunciar.

Si así se insiste en que Venezuela goza de democracia plena solo por hacer fiesta electoral, entonces de verdad unamos nuestras voces para cambiar el significado.

Por Pilin León

@PilinLeon

 

Publicado originalmente en El Heraldo (Colombia)