Hallan proteína que permite frenar el desarrollo del Alzheimer

(foto archivo)

Una pequeña proteína que regula el sistema inmune podría ser clave para frenar el avance de la enfermedad de Alzhéimer o incluso para prevenir su aparición, según una investigación de Harvard que se publica en el último número de la revista “Neuron”. Este hallazgo abre un camino novedoso y esperanzador para el desarrollo de nuevos tratamientos frente esta patología neurodegenerativa, después de que el pasado año 2012 haya sido especialmente desalentador respecto a los resultados de ensayos clínicos con fármacos candidatos que habían despertado grandes expectativas.

La investigación, llevada a cabo en el Hospital General de Massachusetts y financiada por los Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses, muestra por primera vez que un gen denominado CD33 contribuye al desarrollo del alzhéimer al reducir la capacidad de las células del sistema inmune del cerebro para deshacerse de moléculas tóxicas como la proteína amiloide. El gen CD33 actuaría como un interruptor que frena las “labores de limpieza” favoreciendo la formación de las placas amiloides características de la enfermedad.

Estudios previos realizados por este mismo equipo habían mostrado que las personas portadoras de una mutación que hace a este gen menos activo estaban más protegidas del desarrollo de la enfermedad de Alzhéimer, ya que permite que las células inmunes sean más activas e impiden que se acumule la proteína amiloide.

El sistema inmune del cerebro

El gen CD33 da lugar a una pequeña proteína localizada en la superficie de las células inmunes del cerebro –denominadas microglía, una especie de sistema inmune “autonómico” cerebral- que tiene un papel crucial en las labores de limpieza de la proteína beta-amiloide asociada al deterioro cognitivo y pérdida de memoria que caracterizan la enfermedad de Alzheimer.

En concreto, los investigadores han observado en estudios “post mortem” de tejido cerebral de personas con enfermedad de Alzheimer que cuanta más proteína CD33 hay en la superficie de las células inmunes del cerebro menor es su eficacia a la hora de eliminar tóxicos y, por tanto, mayor es también la cantidad de proteína amiloide y el número de placas.

Esta es la primera evidencia de que el gen CD33 tiene un control directo sobre la eliminación de la proteína amiloide y que está mediado por la microglía. El hallazgo está también avalado por los estudios con ratones modificados en los que el gen CD33 está ausente o tiene disminuida su expresión. Las células de la microglía de estos roedores transgénicos son más eficientes a la hora de eliminar la proteína a la que se atribuye un gran peso en el desarrollo del alzhéimer.

Antes de este estudio se desconocía el papel del gen CD33 en el cerebro. Ahora, gracias a los trabajos liderados por Rudolph Tanzi se abre la posibilidad de la inactivación farmacológica del gen CD33, que podría convertirse en una potencial terapia muy prometedora frente al alzhéimer y frente al declive cognitivo asociado a la edad.

Traspasar la barrera

El siguiente paso será buscar moléculas capaces de inactivar al CD33 que puedan traspasar la férrea barrera que protege al cerebro. Quizá la forma de lograrlo puede ser a través de la mucosa nasal, que según otra reciente investigación, podría hacerse permeable por un procedimiento quirúrgico y permitiría el acceso al cerebro de moléculas de gran tamaño. En la actualidad cerca del 98 por ciento de todos los posibles agentes farmacéuticos no logran entrar en el sistema nervioso central debido a la barrera hematoencefálica. El acceso al cerebro a través de la nariz ya es una técnica utilizada en neurocirugía endoscópica y ahora podría convertirse en inspiración para lograr abrir una ventana terapéutica.

El de Harvard no es el único descubrimiento esperanzador. Otra investigación publicada en “Cell” llevada a cabo en la facultad de Medicina de Monte Sinaí ha descubierto un conjunto de genes implicados en la respuesta inflamatoria que tiene lugar en la enfermedad Alzhéimer. En concreto han estudiado el papel de un gen denominado Tyrobp que también juega un papel crucial en la alteración de respuesta inmune en el cerebro. Una pieza más para completar el complicado puzzle que conduce al desarrollo del alzhéimer.

Con información de ABC