Carlos Raúl Hernández: Un hombre perfectamente feo

 

Los resultados electorales fueron impugnables, pringosos, producto de Erinias o Euménides, deidades femeninas que tenían cuerpo de perro, alas de murciélago, en vez de cabellos, víboras, y cuyos ojos manaban sangre. Representaban la retaliación, noción de justicia en la violencia de la mitología griega. Para Esquilo eran hijas de la Noche y para Sófocles, de las Tinieblas. En el Derecho moderno la venganza es antagonista de la equidad. Las Erinias electorales son instrumento de un gobierno carente de moralidad e incendiado de rencor, que quiere destruir una parte de la sociedad.

La naturaleza torcida del CNE no la desconoce ni el más babieca, y la mitad del país, la Alternativa Democrática, apenas tiene un ejecutante en esa orquesta que toca en la cubierta del Titanic. El 14 de abril quedó desnuda la materia obscura del régimen ante el país y el mundo, urbi et orbi, y entró en una sombra de ilegitimidad gracias al temple de hierro de las fuerzas que desafiaron ventajismo, asaltos armados, inexistencia de honradez, del fascismo que controla el Estado. Y la crisis de legitimidad demuestra la manganzonería de los razonamientos que hubo que derrotar dentro de las fuerzas democráticas para meterse en la pelea.

Tiene humor oír los profetas del melindre, adivinos de bagatelas, decir que “el fraude demuestra” que ellos tenían razón en su insondable perspicacia. La práctica siempre será la demostración del saber, pero hasta el reloj dañado la pega dos veces al día y un personaje de Moliere pronosticaba todas las noches que “mañana saldrá el sol”. Pero los doctores en fruslerías no querían participar en elecciones “… con ese CNE, con el sistema automatizado, captahuellas, sin depuración del REP, sin llamado a inscripción de nuevos electores”. Y en esas condiciones había que participar.

En vez de laureles el fraudulerismo lleva una corona de lechugas fermentadas: que no se podía votar a menos que se eliminaran las máquinas de votación, en rapto de arcaísmo difícilmente comprensible pero que se expandió como un incendio de majadería política, contra toda evidencia. Al final llegaron al extremo de acusar al candidato y a la MUD de negociaciones turbias el 7-0 “para entregar el triunfo del pueblo”. Esos eran los frauduleros, campeones mundiales en la disciplina de invitar a todo el mundo a inhibirse y quedarse en casa para rascarse la barriga.

Tampoco olvidemos sus convites a que la ciudadanía saliera el 23 de enero a enfrentarse con las hordas rojas, se comprende, con ellos a una prudente distancia en miles de millas. Cada vez hay menos, por cierto, aunque se inventan novelas dignas de Sherlock Holmes, con fantasmales personajes que roban información y se desmaterializan sin que nadie los conozca. Todos tenemos una cuota de mentecatez y eso no es criticable per se. El punto es cuando se transforman en tribunal de política, de la que saben menos que sánscrito, y con derecho a degradar y desacreditar a los que “dejan el pellejo” en el asunto.

El gobierno no iba a cambiar a las Euménides, ni eliminaría las máquinas, para complacer a cualquier buen ciudadano que lo pidiera sin votos en la Asamblea Nacional, máxime cuando las tutela un alcalde que es la encarnación de las bajas pasiones. Si el fraude estuviera en máquinas envenenadas por unos genios tecnológicos del mal, la diferencia no sería de 1% y no estaríamos frente a la arremetida de violencia, que usan como habitación de pánico. Quieren evitar por la fuerza que se aplique el algoritmo auditor que el sistema de votación electrónico contempla intrínsecamente. Más bien impedir que se aplique el sistema, lo que los hunde.

La trampa es manual: voto asistido violatorio de la ley, desalojo de testigos opositores a punta de pistola, sujetos que distribuían morrales de cédulas de identidad, hordas de camisas rojas en motocicletas, robo de votos y el posible extravío del testimonio físico de las operaciones electorales. Tal como en México durante los 70 años de fraudes del PRI, cuando Vargas Llosa habló de “la dictadura más perfecta del mundo”. Desde 1998 a 2013 la Alternativa subió de 37% a (por ahora) 50% y el rojismo descendió desde 63% hasta 50% (por ahora). Explique Ud. cómo es que los rojos hacían la trampa automatizada perfecta.

Ahora apareció la prueba de plomo líquido. Los locos tomaron el siquiátrico y tienen la intención de defender el botín incluso por medio de una dictadura declarada. Es una nueva etapa. “Érase un hombre perfectamente feo”, escribió Borges.

@carlosraulher