El 14-A a la Luz de los Estudios de Investigación por @felixseijasr

Cuando el pasado 9 de marzo el CNE anunció la fecha en la que se llevarían a cabo las elecciones presidenciales, quedaba claro que seríamos testigos de un proceso intenso y poco común en la historia reciente de Venezuela. La ausencia del gran líder del oficialismo y una campaña electoral muy corta presentaban retos importantes para las dos principales fuerzas políticas del país.

En cuestión de números, los estudios de opinión electoral cumplieron su rol abasteciendo de información útil a cada comando de campaña, apoyándolos de esta manera en el diseño y puesta en marcha de sus respectivas estrategias electorales. En un artículo publicado el sábado 13 de abril, así como en diversos tuits, comenté sobre los elementos que serían claves en el resultado de las elecciones y qué escenarios podríamos esperar. Estos elementos básicos eran cuatro: primero, la “tendencia” que la matriz de opinión electoral venía mostrando; segundo, el nivel y composición de la abstención que se produjese el día de las elecciones; tercero, la capacidad de “remolque” que en los dos comicios anteriores había mostrado el oficialismo; y por último, todos los “por menores” que podrían ocurrir durante ese domingo como parte de las estrategias que cada fracción pusiera en marcha.

Al inicio de las mediciones, la intención de voto mostraba una brecha superior al 25,0% a favor del candidato del oficialismo Nicolás Maduro. Sin embargo el resto de las variables en estudio, junto con los resultados de los estudios cualitativos, indicaban dos aspectos que mostraban fragilidad en el apoyo a este candidato. Uno de los aspectos era el inicio de una transición de personas del “chavismo duro” al “chavismo moderado”, lo cual si bien ya venía ocurriendo durante los últimos años de gestión de Hugo Chávez, ésta se producía a un ritmo bastante lento y no con la rapidez que ahora se estaba observando. Por otra parte, era evidente que el soporte en votos del que gozaba Maduro estaba basado totalmente en la “esperanza” de que él diera continuidad al legado del expresidente, no sólo preservando los beneficios que la gente sentía que Chávez les había otorgado, sino incrementándolos en calidad y cantidad. El problema consistía en que dentro de una parte importante del chavismo moderado, esta esperanza se mostraba débil; las dudas estaban presentes y éstas se incrementaron de forma rápida en la medida en que Maduro se exponía a los medios. Esto originó un desprendimiento progresivo en la intención de voto del candidato del oficialismo que se trasladaba al rubro “no sabe”, mientras que la intención de voto hacia Capriles registraba su ascenso esperado, el mismo observado tanto para el 7-O como para el 16-D. Esta tendencia en la matriz de opinión era clara y sostenida, traduciéndose en una disminución constante y acelerada de la brecha.

Salvo muy contados casos, las tendencias en lo electoral suelen estabilizarse dos semanas antes de unos comicios presidenciales, tal como sucedió para el 7-O. Sin embargo, en esta ocasión no sucedió así; para el momento de la última medición, cinco días antes de las elecciones, la matriz de opinión continuaba cambiando y la brecha reduciéndose para ubicarse el martes 9 de abril alrededor del 8,0%. Esto hacía pensar que la intención de voto estaría incluso más cercana para el domingo 14-A. ¿Cuánto?; sólo podíamos especular al respecto.

Fíjense que hasta ahora hemos hablado de “intención de voto”, es decir, cómo se distribuye esa “intención” declarada por todas las personas inscritas en el Registro Electoral. Ahora bien, ¿quiénes de ellos irían a votar y quiénes no?; ése constituía el segundo aspecto a tomar en consideración. En condiciones normales, la abstención termina distribuyéndose de manera proporcional entre las diferentes tendencias políticas. Sin embargo existían suficientes indicios para esperar que, en esta oportunidad, ése no fuese el escenario más factible, y es que ya en las elecciones presidenciales del 7-O se había registrado una abstención mayor dentro de las filas del oficialismo, la cual fue contrarrestada con la llamada “Operación Remolque”, que logró mantener constante el flujo de votantes oficialistas en horas de la tarde. En esta nueva elección, ante la ausencia del líder motivador del oficialismo y la débil confianza que hacia la figura de Maduro mostraba el sector moderado del chavismo, era lógico pensar que la abstención se concentraría de una manera más pronunciada en dicho sector. Si esto ocurría, podíamos esperar dos consecuencias: la primera, que la participación general se ubicara entre 70 y 75 por ciento, y la segunda, que la brecha final en votos pudiese ubicarse alrededor del 4,0%. Ahora bien, a esta ecuación había que añadirle la posibilidad de observar un nuevo operativo de remolque que ampliara la brecha, así como otros elementos que también comentamos en su oportunidad, aspectos tales como maquinas dañadas, entre otros factores que pueden incidir en la votación final.

Todo lo que hasta ahora hemos comentado de manera muy general, nos hacía esperar desde una victoria oficialista con una brecha “respetable”, hasta un final cerrado donde cada voto contaría de manera particular. Ahora bien, un resultado ajustado era factible ante una alta participación de la oposición y una muy baja participación del oficialismo. Ambas hipótesis eran posibles. El punto estaba en cuán grande sería la participación de la oposición y que tan baja resultaría la de el oficialismo.

Pues bien, ciertamente el oficialismo se abstuvo en una proporción mayor que la oposición, pero no en la magnitud esperada. Por su parte, la oposición mostró una participación bastante elevada, confirmando la alta motivación que logró generar en sus filas la corta, intensa y muy bien conducida campaña electoral. Sin embargo la gran sorpresa del día la dieron las personas que, habiéndose desprendido del oficialismo, engrosaban el rubro “ninguno”, ya que alrededor del 60,0% de ellos finalmente acudieron a votar y lo hicieron por Capriles Radonski. Este hecho aumentó el voto efectivo del candidato de la oposición en aproximadamente un 5,0%, conduciendo a un resultado realmente ajustado y a una participación del 78,0%.

¿Hubo o no hubo remolque en esta ocasión? El exit poll conducido por Delphos el día de la elección no muestra claros indicios de que lo haya habido. Tanto el 7-O como el 16-D el efecto de estos operativos se leyeron claramente durante la tarde, en ambos casos incidiendo en la brecha en aproximadamente 3 o 4 por ciento hacia el oficialismo. En esta oportunidad, si el operativo se llevó a cabo, a juzgar por la evolución del exit poll el “remolque” salvó entonces al oficialismo de una catástrofe electoral mucho mayor que la que finalmente se registró.

Los buenos estudios orientan a los encargados de diseñar estrategias electorales. Al acercarse la fecha de los comicios, estos estudios pueden dar pistas de qué cosas podrían ocurrir, y en ciertos casos pueden mostrarnos de manera bastante clara quién puede resultar el vencedor. Para el 14-A era aventurado hacer algún tipo de afirmación acerca de este último punto. A menos de una semana de la elección teníamos una matriz aun en movimiento y una brecha reduciéndose. Lo que sí estaba claro era que una victoria oficialista por un margen igual o superior al registrado el 7-O era poco factible, y que una victoria opositora por un amplio margen estaba fuera de alcance.

En diversas oportunidades me preguntaban si pensaba que a una semana de la elección la intención de voto ya estuviese nivelada. Mi respuesta fue siempre la misma: si faltando una semana para los comicios la intención de voto estuviese nivelada, tomando en cuenta la tendencia que mostraban tanto la matriz de opinión como la brecha en la intención de voto, pues entonces debíamos esperar que la oposición ganara por un margen amplio e indiscutible, lo cual sabíamos que era poco probable.

El exit poll del 14-A nos mostró un inicio del día con un amplio margen a favor del oficialismo, el cual se cerró rápidamente durante la mañana, para mantenerse a la baja, a un ritmo menor, durante la tarde. Al final del día el exit poll no era concluyente y lo único que podía afirmar era que el resultado, en cualquier caso, sería ajustado. Delphos no condujo ningún estudio de conteo rápido en la noche del 14-A, pero tuve acceso al resultado de dos que fueron realizados dicho día; ninguno de ellos arrojó un resultado concluyente.

¿Se debe realizar o no se debe llevar a cabo la auditoría solicitada por el Comando Nacional Simón Bolívar (CNSB)? Ante lo que mostraron los estudios de opinión, el exit poll del 14-A y los conteos rápidos, las dudas que del proceso electoral levantan las observaciones presentadas por el CNSB, parecieran indicar que lo más prudente es realizar la revisión en los términos que sean necesarios en aras de despejar toda incertidumbre ya que, al final de una actividad como esa, sólo una cosa prevalecería: la verdad