Gustavo Coronel: El Museo Paleontológico de La Montaña

El meteorito llamado HCR2013 terminó con la vida del Tiranosaurio Rex, el terror de las junglas jurásicas. Este fue un dinosaurio carnívoro, muy agresivo, que hizo estragos. Dejó una corte de tiranosaurios más pequeños, quienes comenzaron a despedazarse los unos con los otros. Andaban realengos en la selva jurásica y luego cretácica, comiéndose entre sí. Eso sí, no se metían con los velociraptores ni de vaina. Entre ellos podemos mencionar al Tiranosaurio jauaensis, el T. moleransis militaricus, el astuto Tiranosaurio jesselectricus y uno especialmente peligroso, el Tiranosaurio ramirensis hidrocarburicus.

El grave error del Tiranosaurio Rex fallecido fue dejar a cargo de la jungla a un dinosaurio grandotote pero medio pendejo, con un mini-cerebro, el llamado Braquiosaurio toripollensis. De inmediato los tiranosaurios le cayeron encima, especialmente un energúmeno que mentaban el diplodiosdádicus, el cual caminaba contoneándose. Practicamente se comieron vivo al toripollensis, el cual solo contaba con el apoyo de un par de Carnisauros castrati ya bastante ancianos .

Mientras este drama se desarrollaba, un grupo de velociraptores se hizo fuerte en las selvas de Pangea del sur. Estos eran dinosaurios pequeños, voraces y viciosos asesinos emplumados, chillones como nadie. Ni los tiranosaurios se atrevían a enfrentárseles. Eran fundamentalmente hembras, entre ellas, la velociraptor faríadulante, la desorbitada Velociraptor fosforíticum filopránica y un especimen muy asomado que llamaban velociraptor corruptestella.

La “menagerie” saúrica también incluía a unos pobres seres, lentos, comeflores y escasos de molleja, que estaban allí por concesión graciosa del fallecido Rex pero que, en ocasiones, eran asados a la parrilla por alguna velociraptor. Uno de los más patéticos fue el Iguanodonte giordanicus, hecho papilla por el T. merenticus. Una divertida mutación de estos infelices seres fue el Villegantropus multimentiricus. La lentitud del iguanodonte arreazicus incompetentis era exasperante , mientras que la nota simpática la ponía la iguanodonta maripilis, siempre cuatro en garra.

Hoy van los niños a verlos al Museo Paleontológico de La Montaña.