José I. Moreno León: Vietnam: del fracaso comunista a la economía de mercado

La historia contemporánea está salpicada de ejemplos de fracasados regímenes populistas y autoritarios, acaudillados por jerarcas mesiánicos, que promoviendo el culto a su personalidad, han llevado a sus pueblos a la muerte, la miseria y al colapso de las economías e instituciones de sus países y, en algunos casos, de otros países que pretendieron mantener bajo un yugo hegemónico y genocida.

Esos fueron los casos de Hitler y el nazismo; de Mussolini y el fascismo; de las dictaduras comunistas de Lenin y Stalin; de Mao y Pol Pot, con sus erráticos y genocidas experimentos de ingeniería social asentados en la ideología marxista-leninista; y del vetusto y nepótico régimen maoísta y militarista que aún mantiene en el oprobio y la miseria a Corea del Norte.

Sin embargo, en épocas más recientes, hemos visto cómo la mayoría de esos países se han deslastrado de esas ideologías totalitarias y estatistas y ahora sus economías operan en una versión abierta y de mercado.

Los casos más relevantes son los de la Alemania unida que logró superar los desastres de la Guerra con un exitoso sistema de economía social y ecológico de mercado; igualmente el caso de China que, luego de los fracasos del régimen maoísta, ha logrado impulsar, con abiertas reglas de capitalismo de mercado, el exitoso progreso económico de que hoy disfruta.

Pero Vietnam, a nuestro juicio, representa el ejemplo más relevante y exitoso que, en las últimas dos décadas, se puede señalar del cambio de un fracasado sistema económico comunista hacia una economía de mercado con sentido social. Este país, luego de las sangrientas guerras de Indochina y de Vietnam, que produjeron cerca de cuatro millones de muertos, logró su reunificación, en julio de 1976, bajo el gobierno comunista de Vietnam del Norte, con el nombre de República Socialista de Vietnam y, a partir de entonces, se impuso un sistema de economía centralizada, bajo los postulados marxistas de colectivización de la producción agrícola, estatización de la actividad económica, con erráticos intentos para acabar con la poca actividad privada que quedaba en Vietnam del Sur que había tenido el apoyo de los Estados Unidos.

Todo esto agravó los efectos devastadores de los 30 años de guerra que el país había sufrido, generando desabastecimiento, desempleo, incremento de la deuda externa, grave situación de la balanza de pagos y frecuentes revueltas populares, especialmente en el sector campesino.

En 1979, el Cuarto Congreso del partido comunista intentó, con la resistencia de los miembros más conservadores, unas tímidas reformas que agravaron la situación económica del país, provocando que el PIB se contrajera a 0,50% en 1979 y -3,7% en 1980, con una fuerte caída del PIB industrial que, de un crecimiento de 5,4% en 1978, se desplomó a -4,5% en 1978 y -9,6% en 1980.

Esta situación forzó a que, en el Sexto Congreso del partido, realizado en diciembre de 1986, se rompiera definitivamente con el modelo económico comunista, que estaba generando una inflación de 700% anual y un enorme déficit presupuestario. Fue entonces cuando se impulsó la llamada Renovación o Doi Moi, como programa de profundas reformas, no solo en lo económico, sino también -aunque en menor grado-, en lo político, debido a la creciente presión por la democratización en el partido y de la sociedad vietnamita en su conjunto, aunque la alta dirigencia continuó aferrada a la idea hegemónica de un solo partido, temerosa de perder sus privilegios y el control sobre el proceso interno.

Con la renovación económica y, a raíz de la debacle de la Unión Soviética, Vietnam intensificó, durante los años 90 y hasta el presente, el modelo de economía de mercado, aboliendo la política de subsidios y el control burocrático del proceso económico, para dar amplia participación a las fuerzas sociales, desechando el estatismo y el ineficiente sistema de control de precios y de tasas de intercambio múltiple y promoviendo una economía abierta con precios y tasas de cambio determinadas por el mercado, apertura a la propiedad privada con incentivos para la inversión extranjera.
Todo esto ha generado un rápido crecimiento industrial, agrícola, de la construcción y de las exportaciones que colocan al país, en la actualidad, como el segundo exportador mundial de arroz, detrás de Tailandia y de café, luego de Brasil.

Hoy en día Vietnam es considerada como la economía de más rápido crecimiento a nivel mundial. El sector privado genera dos tercios del PIB y goza de una dinámica apertura comercial, luego de que el país se incorporara, desde 2007 en la Organización Mundial de Comercio.
El país ha triplicado la renta per cápita, con un crecimiento real promedio superior a 7,5% anual. Al comenzar las reformas el PIB per cápita era de $ 525 millones y ya para 2011 había superado la cifra de $ 3.300 millones. El 94,3% de la población está alfabetizada, con una esperanza de vida de 72 años y una de las más bajas tasas de desempleo a nivel mundial. La pobreza se ha reducido de 58% en 2003 a cerca de 12%, y en menos de 20 años se ha logrado sacar de la miseria a más de 25 millones de personas, reduciéndose la pobreza extrema a menos de 2%.
Con su modelo de economía de mercado, Vietnam se ha colocado, según el Banco Mundial, como uno de los países en desarrollo más exitosos en la historia del desarrollo económico, siendo uno de los pocos que ha logrado cumplir las metas del milenio, mucho antes que la fecha fijada por la ONU.
Vietnam es un ejemplo emblemático del contraste entre las fracasadas recetas de la economía marxista y los logros de una economía de mercado con sentido social.

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Publicado originalmente en el diario El Mundo (Caracas)