Orlando Viera-Blanco: Sin pelos en la lengua…

Capriles sin evasivas, se las cantó clarito al gobierno y a Maduro. No se trata de restar respeto a la majestad que se posa en Miraflores. Se trata de una profunda fatiga de una sociedad hastiada de ninguneo e imposiciones. Capriles, al decir de pueblos judíos y conversos que convivían en épocas medievales con moros y musulmanes, lanzó la manta… Que se sepa lo que se tenga que saber. Que se diga lo que se tenga que decir y que pase lo que tenga que pasar. Ya basta de abusos y terror. “Vengan por mí, aquí hay un pueblo que no espera un día más”.

Hemos vivido al decir del refrán andaluz, como cabras presas en un corral… Recuerdo aquella rueda de prensa del recién electo presidente Chávez, cuando en cadena nacional, espetó a mangas recogidas: “Señores empresarios, paguen sus impuestos porque yo no quiero meter a nadie preso”. Jamás había escuchado a un mandatario amenazar con cárcel por no pagar impuestos, entre otras cosas, porque no existía en nuestra legislación, prisión por deuda fiscal. Así, la amenaza se convirtió en estilo, en protocolo y en adicción. “No se equivoquen, esta es una revolución pacífica pero con tanques”. Es la palabra al servicio de la represalia, el amedrentamiento y el membrillo. Porque en vez de recibir un trato ciudadano, hemos sido llevados de nariz como saco en desuso, cargando derrotas comiciales inciertas, expropiaciones impunes y culpas que no van. Y tanto se cansó la gente que ha soportado insultos, como la que sin recibirlos también va al tope, de que algún día “las cabras saldrán cabreadas del corral”.

En su rueda de prensa del pasado miércoles 24A, Capriles sentenció: “Nos robaron las elecciones”. Emplazó al CNE a auditar y exigió el derecho de los venezolanos a saber la verdad de lo ocurrido en el 14A. Un evento que acumula más de 29.000 irregularidades, no precisamente por fallas de batería o encendido. Una torpe cadena oficial saboteó la rueda de prensa (donde sólo estuvo Globovisión), demostrando lo que teme y adolece el gobierno: la verdad. Las amenazas de la ministra Valera fueron respondidas a tono. “Me quieren poner preso por recontar votos, ese es el delito, pues vengan que aquí estoy, bien saben que no les tengo miedo”.

El que cuece y amasa, siempre algo le pasa, decía la abuela. Y aquí se ha estado amasando al pueblo, al límite. No es un tema de dogma y reparto. Ojalá todo se agotara en el populismo del siglo XXI. Lo grave ha sido hornear una revolución al calor de los odios. Un proceso para pocos de caviar y para la mayoría de fogón, donde el termómetro de la miseria y la violencia, no da tregua. Capriles adoptó un discurso suma-cero. Una estrategia de provocación. “No seas ri- dículo Nicolás… Miren lo que hace el enchufado de comunicación”. Un lenguaje que no es casual; que despoja a Maduro de la representación coloquial y gendarme del presidente Chávez. Capriles habló sin pelos en la lengua, haciéndolo de la misma forma, angustiosa, desafiante e irreverente, como el candidato Chávez le habló al pueblo en 1998. Grave para Maduro. En términos de fijación de la agenda, Capriles le robó el show. 

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