Alberto Franceschi: Los náufragos del chavismo

Publicado en: Opinión

El 14 de Abril en la noche, al momento de  forjar o detener la estafa electoral,  los herederos bastardos  del chavismo, pudieron haber asumido  una derrota honrosa,  con su 40% real de votantes,  y dedicarse  por 6 años a regenerar sus filas,  infectadas  de toda clase de traficantes auto-designados revolucionarios,  que más bien provocan  repugnancia  a los propios militantes  de una causa política que ellos juran y perjuran que es progresista.

Pasado el velorio, los proponentes, ya no tan altivos sino solo vociferantes altaneros  de la “causa chavista”, pretendiéndose  antiimperialistas  e igualitaristas   han terminado por remachar  la entrega de este país a una tiranía extranjera, ruinosa y macabra como lo es la isla de la desgracia,  generando  en Venezuela la peor de las desigualdades.

La herencia  de los náufragos rojos  decreta una especie de ukase nazi  que reza:  eres o serás millonario en dólares si eres dirigente delincuente,  pero solo serás un pobre de solemnidad  si solo gritas apoyos  cuidando a  tus “misiones”,  ideadas  por los repartidores de miseria  para imponer conformismos baratos.

Mientras esto ocurre, bajo el gobiernito  de los rezanderos  del “mantra del comandante eterno” ,  el decreto sentencia que el campo opositor  padecerá  la calamidad de la exclusión  o en el mejor de los casos vives repelando lo que queda de este capitalismo  de re-ventas infinitas de todo lo importado.

El cuadro sin embargo  no estaría completo sin la bisagra política y social de toda clase  de oportunistas de van desde banqueros  billonarios en dólares  hasta  rapiñadores de favores oficiales.

La herencia embalsamada de ese país de pasados y pasivos que construyeron, al más alto costo inimaginable  de un trillón de dólares, los despilfarradores en estos 14 años, al parecer  ahora está pasando su pesada factura  de inviabilidades,  para  un régimen que en escasos meses dilapidó el capital político del “comandante”,  que aun siendo todo lo truculento que uno pueda imaginar,  nadie  le negaba su calidad de beligerante  aventajado,  sobre todo  a la hora de someter a los opositores  y condenarles  solo  a permanecer  en  el  decorado de sus tramoyas. Ahora los náufragos deben lidiar con una oposición levantisca donde hasta las gallinas cantan como gallos, por fin y en horabuena.

La suma de imposturas sórdidas sobre  la propia muerte del líder, las  indecorosas faenas  apabullantes del  velatorio eternizado y sobre todo el golpe seco, tras la desaparición del caudillo,   que deja el país  en manos  de chambones de  siete suelas, que apelan  al matonismo  y a la vulgaridad para intentar arrinconar a una mayoría  que les adversa desde hace años,  configuraron  de forma súbita un escenario de  derrumbe de este régimen de impostores, que pasando por la fabricación de un burdo fraude electoral  pretenden,  apaleando diputados y  generando violencias  intimidatorias de provocadores por doquier, seguir  usurpando un poder público para el que sencillamente  ya fueron desahuciados.

Escribimos tantas veces y por años  sobre este escenario final,  que nos provoca solo reeditar lo que pronosticamos  sobre esta suerte  irremediable de un régimen basado en el abuso y la mentira.

Pero nunca imaginamos que en el camino se quedara el máximo hacedor de  esta calamidad histórica y menos que dejara como albaceas a  este pobre  equipo de arrogantes de tan ridículas incapacidades,  que  no les quedó más alternativa  que desnudar su abyecta sumisión a los Castro,  convirtiéndose  solo en procónsules de pacotilla de  esa mazmorra social caribeña   y de ñapa pretender  que nuestro país de rebeldes, informales y libertos se transforme en misera nación de indigentes postrados, sumisos y alineados en las colas de la vergüenza  como las que imperan en la tiranía cubana, con la mano extendida para recibir el irrisorio y menguante  sostén del régimen.

Pero hete aquí que llegamos a un punto en que la mayoría no solo se expresó electoralmente,  sino que reclamó su victoria con un amenazante protagonismo,  que hasta asustó a algunos de sus propios convocantes,  que por años  fueron cultores de una paciencia infinita plagada de sumisiones al chavismo.

Celebremos entonces  que ahora nos encontramos  ante  unas definiciones claras de los campos políticos, donde uno representa  la democracia y legitimidad de liderazgo y el otro la usurpación, el fraude, la violencia fascista y la ya desnudada demagogia, que no puede sostenerse  siquiera   como régimen basado en precarios consensos  y que se tentó con pasar a otro sostenido  sobre  el atropello,  ahora  visible ante la comunidad internacional  que  transita desde la alcahuetería  para con el mecenas venezolano,  a un situación de distanciamiento e incluso a ríspidas recriminaciones, que  abrirán paso al desconocimiento abierto.

Mientras la oposición venezolana se mantenga en el terreno del desconocimiento  al régimen usurpador no hay divergencias  que no  puedan y deban  ser   subsumidas  y  reducidas  al mínimo,  para presentarnos juntos  en todas las  tareas de movilización  que obligarán a la salida  del  gobierno irrito de Maduro del escenario y que lleve al reconocimiento del verdadero presidente electo,  Henrique Capriles.

La impugnación no es manipulable por el chavismo  porque no espera de ellos su satisfacción, la impugnación expresa la repulsa que solo se saciará  con el cambio de régimen.

Vienen tiempos muy difíciles pero inevitables,  se divisan meses  de cambios bruscos  a pesar  que su antesala  solo presagie  esclavismos de un manso pueblo al que estos cacos de la politiquería  terminaron convirtiendo en un volcán de indignados, dispuestos a sacarlos del juego sí o sí.

Pudieron hacer todo completamente distinto pero la codicia y su naturaleza social  lumpen  les llevó no solo al despliegue de  su máxima incompetencia, sino a pretender que  nacieron como los malandros con el derecho a reventar  a sus víctimas,  hasta  que un día  todo se colma y  se cumple  aquello de: “no hay mal  que dure  15 años  ni cuerpo que lo resista”.

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