Editorial El Tiempo (Bogotá): El polvorín venezolano

Con alguna frecuencia ocurre en los parlamentos del mundo que una discusión se sale de cauce y por la efervescencia del momento degenera en la agresión física.

Podría pensarse que algo así tuvo lugar en la Asamblea Nacional de Venezuela el pasado martes por la tarde. Pero no. Las heridas en los rostros de los parlamentarios Julio Borges y Corina Machado no fueron producto de un episodio coyuntural. Todo lo contrario.

Ocurrió que ante la negativa de su presidente, Diosdado Cabello, a darle la palabra a la bancada opositora, esta decidió hacer sonar cornetas y esgrimir una pancarta que rezaba: ‘Golpe al parlamento’. Lo hicieron frente a sus curules, a las que previamente les habían removido los micrófonos. Sus sueldos también les fueron congelados. Todo, por negarse a reconocer los resultados de los pasados comicios hasta tanto no tenga lugar un recuento de votos.

Al ver la manifestación, los parlamentarios alineados con el Gobierno prefirieron los golpes que los argumentos y, con el apoyo de sus escoltas, procedieron sin empacho alguno a la agresión. El saldo final: 11 heridos y un fatal mensaje del que, ojalá, las bases no acusen recibo.

Y es que episodios así encarnan elgrave riesgo de ser la chispa que prenda un polvorín que cada día parece más seco, más propenso a estallar. Si ese es el trato que les dan a quienes no comulgan con sus ideas quienes los representan, ¿cómo garantizar que el ejemplo no se instale en la cotidianidad de la gente?

La polarización tanto como la crispación de los ánimos que sobrevinieron al estrecho triunfo de Maduro, sumado a los factores bien conocidos de inestabilidad económica y social, dibujan un preocupante escenario que ha puesto al Gobierno a la defensiva, y, lo más grave, en el camino de anular a la oposición. Algunos observadores hablan incluso de un tránsito a un régimen a imagen y semejanza del cubano.

La realidad, como lo acaban de mostrar las urnas, es que un enorme porcentaje de venezolanos no se sienten identificados con el actual gobierno. La democracia obliga a que estos tengan representación y, sobre todo, garantías. Espacios para el disenso, barreras contra el totalitarismo.

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