El doble discurso de Maduro

Foto AFP

El Gobierno de Venezuela padece una especie de trastorno bipolar. Tiene todos los síntomas. Los exhibe, principalmente, en cadenas de radio y televisión, para amantes del cine mudo a lo Charlie Chaplin o con declaraciones similares a los soliloquios de don Quijote de la Mancha al vociferar contra molinos de viento convertidos, para sus ojos, en feroces bestias.

Janssen España, compañía farmacéutica líder en investigación, refiere en su página web que para hacer un diagnóstico correcto de bipolaridad debe centrarse la atención en los síntomas actuales del paciente, el desarrollo de la enfermedad, el historial del paciente y el familiar, si estuviera disponible.

“El enfermo suele negar que algo vaya mal o achaca los problemas a una causa distinta a la enfermedad mental”, subraya.

Nicolás Maduro es el presidente de la República Bolivariana de Venezuela con el aval de unos poderes con brazalete invisible pero evidente del partido de gobierno. Lleva 21 días en su propio huracán como sustituto de su mentor Hugo Chávez Frías y ya viajó una vez a La Habana para atender lineamientos de los hermanos Castro. Volvió con la tesis de un plan magnicida y con amenazas de mano dura. Es su tesitura actualizada.

El paciente

En sus alocuciones, evidencia vertiginosos cambios de humor. Trata de imitar a su padre político, con muy mal resultado. El chiste no es afín con su ADN y pisa en su horma al encender el verbo. Dice que rechaza la violencia y acentúa su voz en la palabra “paz”, la cita hasta tres veces en cada aparición. Habla de diálogo, de construcción, de igualdad. Todo eso lo hace mientras sataniza, se burla y criminaliza a quienes exigen la total auditoría de los cuadernos electorales, a quienes piensan distinto.

Maduro pide, como implorando, votos de confianza para quienes no creen en él, pero ordenó la detención del general Antonio Rivero por protestar (es su primer preso político), justificó la golpiza de diputados oficialistas a opositores en el Parlamento por provocadores y aplaudió la razzia laboral en los despachos públicos contra quienes votaron en favor de Capriles en las presidenciales. Muestra la zanahoria y empuña el garrote. La bipolaridad puede ser violenta y confundirse con esquizofrenia u otros trastornos. Se pasa del abrazo al puño en el hígado.

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