Félix L. Seijas: Donde está cada quien

El resultado de las elecciones presidenciales del 14 de abril ha tenido un impacto importante en el panorama político venezolano. La victoria del candidato oficialista por un margen ajustado de votos y las presuntas irregularidades señaladas por la principal fracción opositora, han recrudecido una crisis cuya duración podría ser prolongada.

 

A todas estas la gente se pregunta cómo ha evolucionado la matriz de opinión y cómo esa evolución se traduciría en apoyo y número de votos para cada agrupación. Por un lado, los dirigentes y afectos al oficialismo desearían que su causa experimentara una rápida recuperación y así volver a ser la fuerza política indiscutida de hace pocos meses. Por su parte, los dirigentes y afectos a la oposición esperan que el avance que han experimentado en cuanto a simpatía y votos no se detenga y que por el contrario se acelere. Lamentablemente para las personas que sostienen estas esperanzas, el que se produzcan cambios de este tipo de manera acelerada es poco común. Cuando ocurren, existe siempre un motivo claro y contundente que lo genera, el cual suele ser público y notorio. Por ejemplo, la estructura demográfica de un país no cambia de manera brusca al menos de que ocurra un desastre natural o un evento bélico de gran magnitud.

 

La llegada del expresidente Hugo Chávez al poder y el apoyo popular que llegó a ostentar, fueron todos logros graduales. Su aparición a la luz pública tiene su origen en un hecho de gran impacto como lo fue el intento de golpe militar de 1992. Sin embargo, esto no lo colocó de inmediato en posición de ganar unos comicios electorales; tuvo que transcurrir algún tiempo para que diversos factores se conjugaran y que Hugo Chávez se convirtiera en una opción ganadora. Muchos recordarán la caída que en 1998 experimentara en las encuestas la entonces candidata Irene Sáez y el ascenso vertiginoso de Chávez. Si bien esto se registró en pocos meses, no se trataba de un cambio violento en la matriz de opinión, sino que más bien ésta venía experimentando cambios lentos, y con una tendencia concreta, en un conjunto de variables que definen la solidez del apoyo hacia una opción, y que, además, reflejan el estado “latente” del imaginario colectivo.

 

Es este estado “latente” el que al irse agudizando puede desencadenar un cambio rápido en una variable como la “intención de voto”. De hecho, los cambios de los que hablamos se venían produciendo incluso antes de aparecer Hugo Chávez a la luz pública; él simplemente llegó en un momento en el que esta matriz sufría una metamorfosis que favorecía el ascenso de un personaje como Hugo Chávez. La estructura que había alcanzado la matriz de opinión a un año de las elecciones del 98, originó el desplome en intención de votos de una figura como Irene Sáez, al ser ésta asociada con las fuerzas políticas cuyas imágenes se encontraban deterioradas. De igual manera, esa estructura facilitó el ascenso del candidato Hugo Chávez Frías, quien encajaba perfectamente con las frustraciones y las aspiraciones de la sociedad venezolana.

 

Algo similar ha ocurrido en los últimos años. La percepción de la población con respecto a la imagen y confianza en los actores políticos, vienen registrado cambios que se han manifestado en las urnas de votación, tal como ocurrió en el referendo para la reforma constitucional y en la pasada elección parlamentaria. Esas elecciones reflejaron el cambio progresivo en el nivel de confianza que la población depositaba en el oficialismo, cuando no se percibía que la figura de Hugo Chávez estaba en peligro. Sin embargo, hay que enfatizar que estas transformaciones también se empezaron a reflejar en el voto directo al expresidente, sólo que de manera menos dramática.

 

El estado y la tendencia que mostraba aquella matriz de opinión pública, colocaba en un terreno de alto riesgo al oficialismo ante una posible desaparición física del exmandatario. En realidad, para las aspiraciones de un “chavismo” sólido después de Chávez, ya el mal estaba hecho. Cuando se anuncia el fallecimiento del expresidente el 5 de marzo del presente año, lo que ocurre no es una violenta alteración en la matiz de opinión, sino que empieza a operar en la gente reacciones acorde con el estado de dicha matriz. Al principio el impacto del “hecho” colmó la atención de los venezolanos, pero al disiparse este efecto inicial, se inició el proceso de reflexión sobre la base de la matriz existente. Esto llevo un cambio progresivo en la variable intención de voto. A seis semanas de los comicios electorales Nicolás Maduro registraba en ese rubro una ventaja enorme con respecto a su principal adversario. Esa ventaja se fue acortando aceleradamente, mientras que el oficialismo hacía esfuerzos desesperados por mantener a la figura de Chávez como un líder presente por el que se jugaba todo el 14-A, “Chávez vive, la lucha sigue”. Por su parte la oposición trabajó en transmitir la idea de que Chávez no estaba y que todo quedaba en manos de aquellos en quienes, precisamente, un sector del oficialismo había perdido la confianza.

 

El resultado del 14-A sólo reflejó el estado y tendencia que la matriz ha venido registrando. Conscientes de ello, cada comando puso en marcha las estrategias que podían beneficiarlos. Las estrategias aun continúan. Pero, ¿dónde está cada quien? ¿qué ocurriría si en estos momentos se repite el proceso electoral? Para responder estas preguntas no sólo hay que salir a la calle y preguntar “¿por quién votaría usted?” También es un error pensar que la matriz que produce esta respuesta se ha alterado bruscamente porque Maduro dijo esto o Capriles aquello. Ella tiene ya una estructura y lo que ha sido su tendencia hasta el momento es clara. Los hechos pueden cambiar o no esa tendencia, pueden acelerar o no su transformación, pero salvo un hecho realmente fuera de lo común, ella no experimentará un cambio radical de un día para otro.

 

Entonces la pregunta es, ¿Qué escenarios se podrían esperar con el estado actual de la matriz de opinión? Para esto resumamos primero en dos párrafos los rasgos fundamentales de su morfología:

 

-       Chávez basó su gran popularidad y apoyo en tres factores que están muy arraigados en el pueblo oficialista: 1.- logró transmitir la sensación de que ahora la gente tiene beneficios que antes no poseía y que nadie en la historia de Venezuela había creado. 2.- mantuvo siempre la esperanza de que venían más y mejores beneficios. 3.- instaló la sensación de que sólo con él esto era posible.

 

-       La oposición ha empezado a ser percibida, en un mayor grado, como una “unidad” con un líder visible. La figura de un líder es algo que los segmentos C, D y E de Venezuela necesitan visualizar para confiar en un movimiento. Esto los ha colocado en una mejor posición para transmitir “credibilidad” en sus ofertas.

 

El primer punto del primer párrafo representa el punto de partida que debe considerar todo aquel que pretenda regir los destinos del país. El segundo punto de ese primer párrafo, representa el gran reto y el tiempo de vigencia que tendrá esa persona – en este momento, Nicolás Maduro. El tercer punto por su parte, representa el talón de Aquiles de la posible consolidación de un “chavismo sin Chávez”.

 

Si el exmandatario aun viviese, sin duda ganaría de nuevo unas elecciones. Por lo tanto, si el oficialismo logra despertar entre quienes han ya abandonado y entre quienes pueden estar por abandonar sus fuerzas, la sensación de que el nuevo dirigente realmente representa al exmandatario y que por tanto con él lograrían lo mismo que esperaban con Chávez, estos se fortalecerían y no habría que poner en duda que vencerían en cualquier elección a corto y mediano plazo. Desde el momento en el que Maduro asumió la presidencia, el lograr despertar esa sensación no depende sólo de palabras y propaganda, ahora también depende de “hechos”.

 

Ahora bien, si la presencia de Nicolás Maduro no lograra este cometido, otra figura dentro del oficialismo podría asumir ese rol y “venderse” al público como la representación fiel del legado de Hugo Chávez. Esta persona, si logra de manera efectiva tal asociación, sin duda pasaría a ser el líder de esa masa que con la muerte del expresidentes ha visto frustradas las esperanzas de un futuro mejor.

 

Si por el contrario Capriles se consolida como el líder visible e indiscutido de la oposición y logra sembrar en la gente la sensación de que él puede garantizar los “logros” que en materia social Chávez generó y que además puede fortalecerlos, ampliarlos y mejorarlos, la tendencia a crecer en intención de votos continuará como ha venido ocurriendo. Sin embargo esto depende de lo que pueda hacer quien ya está en el poder. En la medida en que en la matriz de opinión se lea que Maduro genera incertidumbre, su piso se hará más frágil y no importa que diga la variable “intención de voto”, en unas posibles elecciones parte de ese piso puede colapsar como sucedió el 14-A y traducirse en una cantidad de votos decisiva.

 

En este momento, tanto el gobierno liderado por Maduro como la oposición liderada por Capriles, han tomado direcciones que parecen difíciles de revertir. El gobierno ha decidido radicalizar todo tipo de acción en todos los terrenos, mientras que la oposición de Capriles transita una muy delicada tarea de mostrar fortaleza y decisión en reclamar sean reconocidos sus avances como fuerza política y el respeto a las leyes que argumentan han sido vulneradas, todo esto manteniendo una imagen pacífica dentro del terreno legal. Así que cada quien coloque esto y otros factores sobre una matriz como la que aquí he tratado de explicar, aparte las pasiones, y entonces construya sus escenarios asignándole a cada uno su nivel de factibilidad.

 

Félix L. Seijas Rodríguez

@felixseijasr

05-05-2013