Gustavo Coronel: PetroCaribe y Alba, la solidaridad prostituída

La prodigalidad es el uso irresponsable del patrimonio familiar para favorecer a terceros. Es el crimen que comete quien regala a otros el dinero de los hijos. Es un acto punible por nuestra legislación.

Nadie que cometa ese crimen puede criticar a su familia porque se opongan a su locura.

Eso es lo que ha hecho el chofer devenido en presidente ilegítimo. En la reunión de PetroCaribe que se lleva a cabo en Caracas insultó a los venezolanos quienes no piensan que la riqueza venezolana se deba repartir tan alegremente. Cuando a los 100.000 barriles de petróleo que el régimen practicamente le regala a Cuba se suman los volumenes que van al Caribe y América Latina bajo los términos pródigos de Alba y de PetroCaribe, estamos hablando de unos 567.000 barriles diarios de petróleo venezolano por los cuales nuestro país no obtiene justos beneficios. La transferencia de riqueza venezolana a esos países ha sido gigantesca, del orden de los $30.000 millones, una suma que aumenta cada día.

Por supuesto, si usted le pregunta a Raúl Castro, a Morales, a Correa y a los líderes de los países caribeños y centroamericanos que les parece este programa, les dirán que les parece maravilloso. Es como si usted le preguntara a los habitantes del barrio como les parece el vecino que reparte dinero a manos llenas. Dirán que es muy generoso, aunque esté arruinando a su familia.

Le hemos dado a Cuba unos $25.000 millones en los últimos siete años. Los países del Caribe nos deben unos $4000 millones que no nos van a pagar nunca. Correa, Morales, la Sra. Botox y José Mujica nos deben centenares de millones de dólares.

El regimen forajido que hemos tenido durante 15 años compra lealtades políticas a cambio de su prodigalidad. En ellos no hay tanto filantropía como manipulación y deseos de engrandecimiento tribal a costa de la riqueza venezolana, es decir, el patrimonio familiar venezolano.

Esa gente no es altruista, es criminal. Y el mediocre forajido que mientan Nicolás Maduro (“los españoles mataron a cien millones de indios en Venezuela”, dijo el analfabeta ayer) todavía se atreve a decirle a los visitantes del Caribe que los villanos somos nosotros, los miembros de la familia venezolana. Espero que los líderes de los países de PetroCaribe, hoy beneficiados de la prodigalidad del chofer, como lo fueron antes del sátrapa, puedan ver la diferencia entre el manirrotismo como estrategia política y la verdadera solidaridad. Ellos votan en bloque a favor del régimen en los organismos internacionales como pago a los subsidios y deben saber que millones de venezolanos ven este acomodo como lesivo para los intereses ncionales.

La verdadera solidaridad no puede construírse a expensas de nuestro patrimonio. Ojalá que los países que hoy integran PetroCaribe (el liderazgo del Alba está desahuciado) puedan ver hacia el futuro y no se limiten a ordeñar el presente.